
Para solucionar los discursos eternos de los premios de cine, se podría aplicar la medida que lleva años usándose en los premios Ig Nobel, la parodia de los suecos para reconocer los logros de diez grupos de científicos que “primero hacen reír a la gente, y luego la hacen pensar”.
Lo que realmente hace reír es lo que sucede cuando cualquiera de los premiados se extiende en su discurso en más de 60 segundos. Y es que esta solución curiosa podría ser la hipotética y cómica salida para esquivar los discursos eternos de los premios internacionales de cine.
El discurso más largo de los Oscars se dio en 1943, cuando la actriz Geer Garson se pasó cinco minutos y medio dando su discurso de aceptación de la estatuilla. Fue por ella que la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas impuso un límite de cuarenta y cinco segundos por discurso.

En cuanto el premiado se pasa de ese tiempo, al igual que en los Goya celebrados anoche en Granada, empieza a sonar lo que se conoce como “música de play off”, es decir, la orquesta comienza a tocar a todo volumen para ahogar un discurso.
Una niña “repelente” se sube al escenario
La medida adoptada por los premios parodia de los Nobel consiste en una niña de ocho años que se sube al escenario y empieza a gritarle directamente a la persona que está dando su discurso para indicarle directamente que debe terminar.
“Por favor, para, me aburro”, son las palabras que la niña, bautizada como Miss Sweetie Poo, y tiene una gran responsabilidad en sus manos, asegurándose de que las ceremonias se mantengan dentro de los límites de tiempo.
Con su forma única de intervenir, se convierte en el centro de atención, sacando risas a todo el público, y su repetición de “Por favor, para, me aburro,” aunque simple, tiene un poder impresionante para hacer que todos se detengan.
Este personaje es usado en ocasiones para enfatizar la importancia de respetar los límites de tiempo durante discursos o eventos públicos, y a menudo se menciona en tono humorístico para ilustrar cómo algo tan sencillo como una niña pequeña puede ser una herramienta poderosa para recordar a los demás la importancia de no extenderse demasiado.
La niña camina por todo el escenario, mira a la persona que está hablando monótonamente y dice: “Por favor, para, me aburro. Por favor, para, me aburro. Por favor, para, me aburro...”, y Miss Sweetie Poo no se detiene hasta que lo hace el orador.
Parece que impone más una niña “repelente” de ocho años que una orquesta completa bajo el escenario. Sus palabras, que repite hasta que el galardonado se baje del escenario, retumban más en los premiados que las vibraciones de la imponente orquesta bajo sus pies.
No tiene una existencia fuera de esta situación humorística, y no es una figura histórica o pública real, es decir, no hay solo una niña que haga el papel año tras año, porque de un año a otro, una niña pequeña crece mucho, así que los organizadores de los premios se buscan a una diferente cada año.
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