Un hombre orina en el café de sus compañeros, les acosa e introduce sus excrementos en la nevera de la empresa: alega trastorno bipolar, pero es condenado a un año de cárcel

El autor de estos actos fue juzgado este martes en el tribunal penal de Bar-le-Duc, en Francia, por exhibicionismo, acoso moral y agresión sexual

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Compañeros de trabajo (Adobe Stock)
Compañeros de trabajo (Adobe Stock)

Un hombre de unos sesenta años ha sido condenado a un año de prisión tras ser juzgado por exhibicionismo, acoso moral y agresión sexual en su lugar de trabajo. Según informó el medio francés L’Est Républicain, los hechos ocurrieron entre abril de 2017 y abril de 2023 en una empresa situada en el departamento francés de Mosa, donde el acusado sometió a sus compañeros a múltiples humillaciones y provocaciones.

Entre sus actos, el hombre llegó a orinar en el café de sus superiores, introducir sus excrementos en cajas que metía en la nevera de la empresa y exhibir sus partes íntimas en público. También se aprovechó de la incapacidad de un compañero para tocarlo sin su consentimiento, “metió su pene en baguette”, entre otros, como menciona el medio. Estas acciones generaron “un auténtico clima de desconfianza” en el trabajo, al punto de que muchos empleados temían llevar comida a la oficina.

Según uno de los testigos, las exhibiciones y burlas se convirtieron en algo “habitual”. Además, dos de los principales afectados estuvieron presentes en la audiencia del martes. “Ahora es menos estresante”, dijo uno de ellos. “Eso es cosa del pasado, sólo estamos esperando justicia”, subrayaron las dos víctimas en declaraciones recogidas por L’Est Républicain. Solo uno de ellos presentó una demanda civil, sin solicitar ninguna compensación económica.

Argumentó que sufría trastorno bipolar para justificar las acciones

Durante el juicio en el tribunal penal de Bar-le-Duc que tuvo lugar este martes 4 de febrero, el acusado inicialmente negó los hechos, alegando que todo formaba parte de “juegos entre compañeros” y “desafíos” en la empresa en la que trabajó durante 20 años. Sin embargo, poco a poco fue admitiendo su responsabilidad. A pesar de sus intentos por justificar sus acciones con un supuesto trastorno bipolar, el informe pericial no halló ninguna patología psiquiátrica, pero sí “una ‘tendencia exhibicionista’ y una ‘incapacidad para controlar los propios impulsos’”. De las víctimas, solo uno de ellos presentó una demanda civil, sin reclamar compensación económica. Bajo presión de los jueces, el acusado ofreció una disculpa.

El tribunal, considerando la intencionalidad de los hechos y el abuso de la vulnerabilidad de sus compañeros, rechazó su argumento de enfermedad mental y lo condenó a una pena de 12 meses de prisión con arresto domiciliario bajo vigilancia electrónica. Además, deberá someterse a un seguimiento sociojudicial durante cinco años, lo que implica la prohibición de contactar a las víctimas, de acercarse a su lugar de trabajo, la inscripción en el Archivo Judicial Automatizado de Autores de Delitos Sexuales o Violentos (FIJAIS) y la privación de su derecho a ser elegible durante cinco años. También se le ha impuesto la obligación de pagar las sumas adeudadas al Tesoro Público.

El Supremo pone límite a los despidos disciplinarios: no pueden realizarse sin que el trabajador tenga la posibilidad de defenderse.

A pesar de la gravedad de los hechos, el acusado sigue sin comprender completamente la repercusión de sus actos. Tres años después de haber sido suspendido y despedido de su trabajo, continúa bajo supervisión psiquiátrica tras ser hospitalizado en el CHS de Fains-Véel después de los últimos incidentes.