
Las estafas en internet están a la orden del día. Desde hace unos años, los informáticos advierten de que los riesgos son cada vez mayores por la exposición de los adolescentes a las redes sociales, y en los colegios se han empezado a estudiar términos como el phishing (técnica con la que se pretende captar datos privados), ciberacoso y crackers (personas que rompen los sistemas de seguridad ilegalmente). La realidad es que las estafas nos llegan a diario. Frente a ellas, sin embargo, es posible aprovechar la experiencia y los consejos de quienes las han sufrido.
Es el caso de Catalina Alba (@Catalba), una cocinera, autora y publicista que ha compartido a través de un hilo de X (la anterior Twitter) la estafa que ha recibido a través de mensajes de WhatsApp. La sorpresa de la joven es más que evidente: a diario, millones de personas utilizan esta aplicación como una herramienta para comunicarse con las personas de su alrededor, y hay una tendencia generalizada a pensar que solo nos pueden hablar por ella personas de confianza, porque son las que tienen nuestro número de teléfono agregado. Pero las estafas también pueden llegar por esta vía.
Catalina Alba comparte a menudo con sus seguidores lo que le ocurre en el día a día de su vida. En una de estas ocasiones, ha subido unas capturas en las que aparentemente una persona conocida le pide dinero urgentemente. A priori, no parece extraño que le pidiera dinero. Además, no era una cifra elevada: unos 62 euros.
Pero las sospechas de Catalina empezaron cuando su “supuesto amigo” repitió en dos ocasiones en qué banco debía hacer la transferencia. Además, insistió en que se diera prisa: “Me avisas por favor para confirmar”. Catalina empezó a dudar con esos comentarios, porque no encajaban con la personalidad de su amigo. Ella le contó un dato que a cualquier amigo le habría sugerido preguntar más: “¡Me ascendieron!” Y la única respuesta fue “ah, bueno, me alegra” y otro mensaje de insistencia con el dinero. Así, Catalina decidió ponerle a prueba.

Una estrategia muy bien pensada, pues la prueba de fuego en estos casos es enterarse de si la otra persona sabe realmente quién eres. “A qué no adivinas donde me ascendieron”, le preguntó. Y obviamente, a eso la otra persona no tenía respuesta. Con muchísima astucia, Catalina decidió tomar un tono burlesco y le dijo que le habían ascendido a la coordinación de delitos informáticos. Por si no fuera poco, para quedarse del todo a gusto con este asunto, le dijo: “Ya te estamos rastreando” y acto seguido bloqueó el contacto.
Los especialistas comentan que es muy importante estar alerta ante todas estas amenazas informáticas que existen día tras día en todas partes. El consejo principal es sencillo: no mandes dinero a nadie que te lo pida por ninguna aplicación móvil, pues puede ser un fraude como este al que estuvo expuesta Catalina. Si alguien necesita de tu ayuda, seguro que puede pedírtelo a través de una vía más fiable que internet.
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