El coche eléctrico es el vehículo del futuro. O eso parece, teniendo en cuenta que la Unión Europea ha aprobado la prohibición de vender autos nuevos provistos de motores de combustión a partir de 2035 (aunque se está replanteando esa prohibición, y pueden pasar muchas cosas en los próximos 11 años). En cualquier caso, lo que es seguro es que el uso de estos vehículos se seguirá extendiendo, y muchos de los problemas que hoy tienen —la poca autonomía que permiten las baterías, la escasez de puntos de recarga en las carreteras y las ciudades— se irán resolviendo poco a poco.
Uno de ellos, menos conocido, es el desgaste que sufren los neumáticos, y que encarece el mantenimiento de este tipo de coches. Según un informe de la consultora J.D. Power, los neumáticos de los coches eléctricos duran, en promedio, 10.000 kilómetros menos que los de los vehículos de combustión. Además, el costo de reemplazo es significativamente mayor, situándose en alrededor de 240 euros por neumático frente a los 150 euros que suelen costar los de modelos de gasolina o diésel.
Este desgaste acelerado de los neumáticos en los vehículos eléctricos se debe a factores intrínsecos a su diseño y funcionamiento. Uno de los principales es su mayor peso, provocado por las baterías que alimentan el sistema. Los coches eléctricos pueden pesar hasta un 30% más que sus contrapartes de combustión, lo que genera una presión adicional en las ruedas y acelera su deterioro. A esto se suma el llamado ‘par motor instantáneo’ —la capacidad que tiene el motor de transmitir su potencia a las ruedas— característico de los vehículos eléctricos, que aumenta la fricción con el asfalto, especialmente en aceleraciones rápidas.
Para los propietarios de coches eléctricos, el desgaste acelerado de los neumáticos no solo implica un gasto mayor, sino también una experiencia de uso diferente a la esperada. Según J.D. Power, muchos compradores no fueron informados durante el proceso de compra sobre la menor durabilidad de las ruedas en comparación con los coches de combustión. Esto genera sorpresas desagradables cuando los neumáticos necesitan ser reemplazados antes de lo previsto, como sucedió con un encuestado que reportó un cambio necesario tras apenas 12.000 kilómetros, mucho menos que los 39.000 kilómetros promedio de los modelos tradicionales.
Impacto económico
El impacto económico se agrava si consideramos que los neumáticos diseñados para coches eléctricos son más costosos debido a sus especificaciones técnicas. Estas ruedas deben ser más resistentes para soportar el peso adicional, pero al mismo tiempo tienen que estar optimizadas para reducir la resistencia a la rodadura, lo que permite maximizar la autonomía del vehículo. Este equilibrio técnico, aunque necesario, aumenta los costos de producción y, en consecuencia, el precio final para el consumidor.
Además, los usuarios enfrentan un dilema práctico: optar por neumáticos estándar puede reducir el costo inicial, pero sacrifica eficiencia energética y autonomía, mientras que adquirir modelos específicos asegura un rendimiento óptimo, pero con un desembolso más alto y una vida útil más corta. Este escenario plantea preguntas sobre si los fabricantes deberían informar de manera más clara sobre los costos reales del mantenimiento a largo plazo.