
De Podemos ya no queda nadie, o ninguno de los rostros con los que el partido emergió en 2014, con la Universidad Complutense como embrión y el 15-M como trampolín. Los morados continúan, ya desdibujados y descapitalizados una vez han perdido no solo nombres, también el poder, habiendo llegado a formar parte del primer gobierno de coalición en España.
El último en caer ya llevaba tiempo fuera, desde 2019, cuando cambió a Pablo Iglesias por Manuela Carmena. Íñigo Errejón publicó este jueves una carta anunciando que dejaba la política y presentándose como una víctima. Minutos más tarde se supo que la víctima no era él precisamente, y que su texto, plagado de eufemismos, no era sino el reconocimiento de comportamientos profundamente machistas que la Justicia tendrá que determinar si también delictivos. Los testimonios son rotundos. La periodista Cristina Fallarás sacó a la luz el que ha terminado con la carrera de Errejón. En declaraciones a Infobae, asegura que gracias a esa publicación, más mujeres se han dirigido a ella para contar su experiencia con quien hasta hace 24 horas subía a estrados o pontificaba en redes vendiéndose como feminista. Lamenta Fallarás, e invita a reflexionar, por qué se han dirigido a ella y no a los juzgados. Por descontado, no las culpa a ellas.
Pablo Iglesias se pronunció este jueves por la noche en 59 Segundos (TVE): “Yo no tenía ni buena opinión personal ni política de Errejón y hace cinco años que no somos amigos ni compartimos entorno. Fue mi amigo y no me alegro de que tenga un final tan siniestro como este, pero lo primero son las víctimas”. Iglesias quedó fuera en mayo de 2021. Vicepresidente del Gobierno, dio un volantazo y dimitió para presentarse como candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Podemos, apuntaban los sondeos, estaba al borde de la desaparición e Iglesias consideró que no solo podía salvar la representación en la Asamblea, sino que podía ser clave para hacer morder el polvo a Isabel Díaz Ayuso. El primer objetivo lo logró, no así el segundo: Díaz Ayuso arrasó e Iglesias, ya esa misma noche, dio por concluido su tiempo político, que no su influencia sobre las decisiones del partido.
Monedero, aliado de Maduro
Pero el declive de Iglesias y de Podemos no se explica sin todos y cada uno de los procesos judiciales, principalmente de índole económica, en los que se vieron envueltos; las portadas en las que el núcleo duro, individual o de forma colectiva, era señalado por juego sucio. Ninguno de esos casos ha llegado a puerto, quedando en archivo, buena o la mayor parte de ellos cuando del partido ya quedaba poco en el Congreso, los parlamentos autonómicos y los ayuntamientos. A juicio de cada cual valorar si, en el uso de su libertad y recursos legítimamente obtenidos, la compra de un chalet en la próspera Galapagar lastró su imagen, labrada como la de un profesor universitario que vivía en Vallecas cercano a los barrios y al pueblo. Sus rivales ya tenían lo que necesitaban: identificarlo con la “casta” que tanto criticaba. Él aseguró que lo hacía para huir de una exposición ya inasumible y por la tranquilidad de su familia. Nada más lejos, tanto él como su familia sufrieron acoso a las afueras de su jardín, con radicales de extrema derecha apostados a diario e incluso allanamientos.
En un principio, y ocurrió con Iglesias, con Errejón y también con Juan Carlos Monedero, el foco se puso sobre sus lazos y afinidad con regímenes como el de Hugo Chávez en Venezuela o Rafael Correa en Ecuador; se subrayó su cercanía con discursos populistas en América Latina, objeto de estudio para ellos y faro. La tesis doctoral de Errejón versa sobre ‘La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS (Movimiento al Socialismo) en Bolivia’. De todos, es Monedero quien persiste y menos disimula este afán. Es habitual verle compartiendo plató o estudio de radio con el “presidente” Nicolás Maduro, defendiendo la limpieza de las recientes elecciones y su victoria. “Cuidado, demócratas: la derecha quiere ganar en Venezuela o prenderle fuego en el país”, ha llegado a advertir. Dice también que “el sistema electoral venezolano es de los más seguros del mundo”, algo que a día de hoy no comparten los más grandes organismos internacionales a ambos lados del Atlántico ni los propios observadores independientes en el proceso.
Monedero dejó Podemos ya en 2015, disconforme con la deriva de la formación y pese a su amistad con Iglesias. Pero no solo los tres mencionados. En la Asamblea Ciudadana de los morados en ese año se ve en las fotos de familia a Carolina Bescansa, Luis Alegre o Tania González. Un goteo que ha derivado en Sumar o demás partidos nacionales o territoriales a la izquierda del PSOE o en la vida civil, salpicados por guerras internas, por profundas discrepancias. O por las urnas. Lo cierto es que de ellos, Errejón es el primero que sale del mapa no por voluntad propia o de los electores sino por un escándalo que hora tras hora va engordando. La vida privada de Errejón sale a la luz y no se trata de una conspiración, sino de un grito callado que ha visto una vía de salida, gracias a Cristina Fallarás.
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