Siri Hustvedt deslumbra en el homenaje a Paul Auster en Madrid: “Ya no podía hablar, pero podía oírme. ‘Dios mío’, le dije, ‘nos hemos divertido’”

La novelista y ensayista ha anunciado que trabaja en unas memorias en las que figurarán las cartas que Auster escribió a su nieto ya en los últimos días de su vida

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Paul Auster
Siri Hustvedt, este lunes en el Círculo de Bellas Artes en Madrid en el homenaje de Seix Barral a Paul Auster. (A. Pérez Meca/Europa Press)

Restaba un mes de vida a Paul Auster la última ocasión que Siri Hustvedt visitó Madrid, en marzo. El autor, reveló, había vuelto a sentarse a escribir. Baumgartner, su última novela, redactada en plena conciencia de la enfermedad, aborda las vidas que encierra una vida y proyecta que solo uno mismo, por mucho que pesen los recuerdos, decide cuándo darla por terminada. Auster “mantuvo el humor y un coraje estoico”, relató Hustvedt. En sus últimos días, escribió cartas a su nieto. Murió en la biblioteca, rodeado de su familia. Este lunes, Seix Barral ha reunido a parte de ella en el Círculo de Bellas Artes para rendir homenaje a quien nos ha legado La trilogía de Nueva York, El libro de las ilusiones, La invención de la soledad, Brooklyn Follies. A quien también en España ha dejado un vacío a presentes y futuros lectores en un número incalculable.

Además de Hustvedt, premio Princesa de Asturias de las Letras (Todo cuanto amé, El verano sin hombres, El mundo deslumbrante), han asistido Sophie Auster, cantante, compositora e hija, y Spencer Ostrander, fotógrafo y yerno, marido de Sophie. El momento central del tributo ha consistido en una mesa redonda con la escritora y periodista Inés Martín Rodrigo, el director de cine y escritor David Trueba, el escritor Enrique Vila-Matas y Elena Ramírez, directora editorial de Seix Barral. Ha recordado las veces que Auster leyó el Quijote, su admiración por Cervantes por la enorme compasión por sus personajes; la etiqueta, que sobrepasó, de ser considerado el más europeo de los norteamericanos. Todos ellos le conocieron y han narrado anécdotas e impresiones. Ha presentado la periodista Marta Fernández. No ha bastado la Sala de Columnas para acoger a todos cuantos esperaban a las puertas.

Siri Hustvedt
Siri Hustvedt, este lunes en el homenaje a Paul Auster en el Círculo de Bellas Artes en Madrid. (A. Pérez Meca/Europa Press)

“El escritor puede estar muerto, pero sus palabras se reaniman en el lector. Después de la muerte de Paul -ha comenzado Hustvedt-, muchas personas me dijeron con buenas intenciones que sigue vivo en su obra. Es cierto y me consuela, pero no altera ni un ápice el dolor para los que le amábamos. Sus libros no sustituyen al hombre que vive y respira”. La novelista y ensayista ha rememorado el proceso de escritura de Baumgartner: “Como ocurre con la mayoría de grandes escritores, mucha parte de su obra surgió de lugares inconscientes. Me leyó el libro en voz alta capítulo por capítulo, y antes y después repetía ‘no tengo ni idea de lo que estoy haciendo’. A veces el libro sabe más que el escritor. Le dije que no importaba, que siguiera adelante. Estaba enfermo cuando la terminó y el final es ambiguo. Paul escribió mi propio duelo por adelantado. Creo que sabía sin saber que yo sabía que yo me convertiría en Baumgartner”.

“Paul no ansiaba escribir otra novela”

Hustvedt ha hablado de un compañero “astuto, amable y divertido” que murió satisfecho. “Después de los voluminosos y extraordinarios La llama inmortal de Stephen Crane y 4 3 2 1, y de Un país bañado en sangre -que firma junto a Ostrander-, Paul no ansiaba escribir otra novela. De vez en cuando se le ocurría una idea y se daba cuenta de que ya la había escrito. Este sentimiento de conclusión le ayudó a morir bien. Rechazó paliativos y eligió la biblioteca como el lugar para morir. En las semanas y días antes de su muerte recibió a amigos que vinieron a despedirse de él. Se aseguró de que cada persona entendiera lo mucho que esa amistad había significado para él. Su valentía para la muerte me admiró entonces y me admira ahora. No es sentimentalismo, no soy sentimental; el sentimentalismo de hoy cubre de falsa dulzura las verdades que más nos asustan”.

Paul Auster
Coloquio en torno a Paul Auster este lunes en Madrid. (Foto: Círculo de Bellas Artes)

“Hace muchos años -ha continuado Hustvedt- le dije a Paul que no quería ser una viuda literaria. La muerte era en aquel momento una abstracción. A principios de abril, cuando supimos que se moría, también supimos que sería la albacea de su herencia literaria y que defendería su obra. Así lo ha hecho, como responder una pregunta que detestaba: cómo era estar casada con Paul Auster. Por el fondo o intención que adivinaba en quien la formulaba. “Me llegó -la respuesta- en la última hora de Paul. Ya no podía hablar, pero podía oírme. ‘Dios mío’, le dije, ‘nos hemos divertido, ¿verdad?’ Nos divertimos mucho juntos. ¿Cómo era estar casada con Paul Auster? Era divertido”.

El homenaje ha terminado con música. Sophie Auster ha interpretado por primera vez Blue Team, una canción dedicada a su padre que él no llegó a escuchar. Cierra su nuevo disco, Milk for ulcers. En una reciente entrevista a Vanity Fair explicó el origen del título: “Era una broma privada en nuestra casa. (...) Se convirtió en un código para determinar si pensábamos que alguien era realmente buena persona. Cuando conocí a Spencer, mi padre me preguntó: ‘¿Es Equipo Azul?’ y le respondí: ‘Sí, es Equipo Azul’. Era nuestra forma de identificar a las personas con unos altos estándares morales”.

Paul Auster
Sophie Auster, este lunes en el homenaje a Paul Auster en Madrid. (Foto: Círculo de Bellas Artes)

La sala se ha vaciado tras un largo aplauso. Los presentes se han marchado con lo que ambicionaban y una sorpresa más. Aún no lo han leído todo. Siri Hustvedt lleva algo más de 100 páginas de Ghost Stories, unas memorias en las que contará su vida junto a Paul Auster. En ellas estarán esas cartas escritas al pequeño Miles. Sus sollozos y su risa en primera fila han sido los únicos capaces de romper el silencio durante la canción, solo voz y piano. “Te veré en sueños”, entonaba su madre.

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