
El Producto Interior Bruto (PIB), como explica el Banco de España, es un indicador económico que refleja el valor de los bienes y servicios finales producidos por unidades residentes en un territorio durante un período de tiempo. Se trata del principal medidor de riqueza de un país, y su evolución, junto con las variaciones de precios asociadas evalúan el comportamiento general de la economía y el resultado de la política económica.
Sin embargo, para algunos países no se trata de un indicador tan importante, sino que prefieren otorgar prioridad a la felicidad de sus ciudadanos. El principal ejemplo de ello es Bután, un pequeño país situado en el sudeste del Himalaya con cerca de 800.000 habitantes viviendo en poco más de 38.000 km cuadrados.
Medir la riqueza en felicidad y no en dinero
La felicidad es un término en disputa. Definirla es complicado y desglosar los factores que la conforman más todavía. Pero Bután tiene la clave y es el país pionero en medir la felicidad de su población. Fue en 1970, durante el reinado de Jigme Singye Wangchuck, padre del actual monarca, cuando cuando desarrolló el indicador de la Felicidad Interior Bruta (FIB) o Felicidad Nacional Bruta (FNB), un concepto que mide el bienestar y la calidad de vida de una población más allá de los indicadores económicos tradicionales, como el PIB, y considera factores sociales, culturales, medioambientales y psicológicos.

El FIB tiene en cuenta elementos como la salud, la educación, la sostenibilidad, la equidad, la conservación cultural y el uso sostenible de los recursos naturales, y la idea central es que el verdadero desarrollo de un país no se basa únicamente en el crecimiento económico, sino en el bienestar integral de sus habitantes. Por tanto, se trata de un indicador clave para el desarrollo, que se considera de manera significativa al crear las políticas públicas del país, incluidas las económicas.
Esta semana, el primer ministro de Bután, Tshering Tobgay, contestaba en una entrevista para el diario El País, que “La razón última [de la vida] tiene que ser la felicidad y el bienestar de la gente”, y por tanto, cuestionaba la necesidad del PIB o de las mediciones del crecimiento económico.
Un país que mide mucho la cantidad de turistas
Se sabe poco sobre Bután, ya que este país asiático se enorgullece de recibir un bajo número de turistas, quienes, sin embargo, generan grandes ingresos. Como explican en National Geographic, desde que el país reabrió sus puertas al turismo en septiembre de 2022, es obligatorio obtener un visado de 40 dólares y reservar un itinerario a través de una agencia autorizada. Además, se debe abonar una tasa diaria de 100 dólares por persona, que no cubre alojamiento, comidas, transporte, guía ni entradas a monumentos.
Durante siglos, Bután ha priorizado la protección de su cultura, lo que explica que no se abriera al turismo internacional hasta la década de 1970, y aun así, con un control estricto sobre el número de visitantes. Esto desincentiva los viajes improvisados. Aunque existen formas de adaptar el viaje a las posibilidades personales, Bután impone estas restricciones al turismo con el objetivo de proteger su cultura y su entorno natural.
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