
A la hora de firmar un nuevo contrato de trabajo, pueden surgir numerosas dudas, especialmente si no se conoce la terminología común. Una de ellas es la diferencia entre salario bruto y salario neto. Esta distinción no solo afecta la percepción mensual de ingresos, sino que también incide en la planificación financiera personal y en la comprensión de las obligaciones fiscales.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el salario medio anual bruto de 2022 fue de 26.948 euros por trabajador, mientras que el salario más frecuente fue de 14.586 euros. Sin embargo, esas cifras no llegaron íntegras al bolsillo de los trabajadores, ya que hay que descontarles los impuestos y contribuciones a la Seguridad Social.
Es aquí donde radica la diferencia entre ambos tipos de sueldo. Como explican desde la Fundación Adecco, “el salario bruto es la suma de todos los importes que se pagan al trabajador antes de aplicar las retenciones y cotizaciones obligatorias”. Es decir, el dinero que la compañía se gasta en el trabajador. En la nómina, este salario aparece en la parte de “Devengos” y se puede desglosar en varios conceptos, como salario base, mejoras, complementos, seguro de vida, o seguro de accidente, entre otros.
Por el contrario, el salario neto es “el resultado de aplicar al salario bruto todas las retenciones y cotizaciones fiscales”, es decir, la cantidad que el trabajador ve ingresado en su banco por realizar su trabajo, una vez se han descontado los impuestos y aportaciones que se deben pagar.
Qué se paga al recibir un salario
Como ya se ha visto, la hora de cobrar, hay que realizar una serie de pagos. Por un lado se encuentran las contribuciones a la Seguridad Social. Estas son las cantidades que se adelantan para cubrir situaciones como bajas por enfermedad, desempleo o acceder a programas de Formación Profesional. Este 2024, las contribuciones son del 4,7% del salario bruto para las contingencias comunes, el 1,55% para el desempleo o un 0,1% para la formación profesional. Además, a estos porcentajes hay que añadirle el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que se lleva otro 0,12%.
Por otro lado se encuentra el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), que es la parte del salario que el Estado destina a financiar servicios públicos como infraestructuras, limpieza urbana, la sanidad o la educación. Este impuesto es progresivo: a mayor ingreso, mayor es la cantidad que se paga. Su porcentaje varía entre un 2% y un 47%, dependiendo tanto de tu salario como de factores personales, como el número de hijos o la existencia de alguna discapacidad.
Además, como explican desde la entidad bancaria BBVA, algunos empleados pueden encontrar en su nómina otro tipo de deducciones, como los pagos en especie. Es habitual que ciertas empresas ofrezcan a sus trabajadores beneficios como seguros médicos, cheques de restaurante o abonos de transporte. Estos beneficios pueden figurar como deducciones en la nómina.
Asimismo, si un empleado solicita un adelanto de su salario, verá reflejada una deducción correspondiente al anticipo recibido. Otras deducciones que pueden aparecer en la nómina incluyen embargos de la Agencia Tributaria, que se aplican cuando esta recurre al salario del trabajador para saldar una deuda pendiente.
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