
El Ministerio de Sanidad invertirá más de 23 millones de euros en la ampliación de las plazas de Medicina en las universidades públicas. Una medida que nadie en el sector parece haber pedido y que los estudiantes, residentes y profesionales critican. Lejos de resolver los problemas en las aulas y en el mercado laboral, valoran esta inversión como una forma más de deteriorar su educación.
Se trata de la segunda ampliación consecutiva en el mundo académico. Para el curso 2023/24, se financiaron hasta 706 plazas al primer año del grado. Ahora, el incremento será de un máximo de 1.548 plazas, 922 para primero y 626 para segundo. El objetivo, según expresó el martes la ministra Mónica Garcia, es “paliar el déficit existente en el número de graduados de Medicina y lograr que se adecúe a la oferta de plazas de la formación especializada MIR y a las necesidades de la población”. Pero desde el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM) alertan de que el aumento no soluciona ninguno de estos problemas.
“A mayor número de estudiantes en cada facultad, las condiciones en las que estudiamos se ven bastante deterioradas”, asegura Laura Cortés, presidenta del CEEM. La alumna balear denuncia alguno de los problemas que registran sus compañeros: “mayor número de estudiantes por aula, masificación en los hospitales [durante las prácticas], falta de profesorado....”, una situación que denuncian desde hace años y “preocupa bastante”.
Faltan profesores, no alumnos

Actualmente, en España hay 44.666 personas matriculadas en Medicina, en una de las más de 50 facultades que ofertan este grado, casi el doble que hace 15 años (28 facultades). En 2024, de hecho, fue el país con más facultades de Medicina por habitante del mundo y se prevé que el número aumente. “En este curso pasado teníamos 51 facultades, para este nuevo curso, ya van a ser 53. Con los nuevos proyectos que ya hay en marcha, se prevén unas 56 para el curso que viene 2025/26″, revela Cortés.
“Si con la apertura de facultades se hiciera una redistribución de los números clausus, que vendría a ser repartir el número de estudiantes actuales entre las facultades, sí que sería una solución para paliar esa masificación, pero al final esta medida no se está llevando a cabo. Se siguen aumentando facultades y aumentando paralelamente el número de estudiantes”, expresa.
El último año académico, 9.063 personas comenzaron a estudiar Medicina y este año podrían llegar casi mil alumnos más. Todos ellos atendidos por unos 2.500 profesores, según cálculos de la Conferencia Nacional de Decanas y Decanos de Facultades de Medicina Españolas (CNDFME). Este organismo alerta que el déficit de docentes continuará creciendo a causa de las jubilaciones: se pasará de 36 profesores por facultad en el 2017 a tan solo 16 en el 2026.
Así, en cada año se pueden juntar “hasta 400 estudiantes”, según el tamaño de la universidad. Aunque Cortés no vive este problema en las Islas Baleares, tiene compañeras en otros lugares de España “que dan clases en aulas magnas en las que apenas ves la pantalla. Y por supuesto, si todas las estudiantes tuvieran preguntas, las clases se harían eternas”. “Lo ideal es no tener más alumnos de los que puedas contar”, asegura la presidenta del CEEM. “Ahora mismo vamos a clase, nos sentamos, nos leen un PowerPoint reciclado de hace bastantes años y, al final, simplemente miramos la pantalla esperando a que nos reciten la teoría”, lamenta, si bien reconoce que algunas universidades “están empezando a usar métodos más novedosos”.
La nueva inversión del Ministerio de Sanidad aumentará el número de alumnos sin organizar los números clausus. No obstante, las subvenciones que recibirán las universidades “están orientadas a cubrir los gastos corrientes asociados con las plazas adicionales, incluyendo personal y bienes y servicios”. Es decir, podrían utilizarse para contratar más profesores.
El embudo del MIR

Pese a que cada vez entran más estudiantes en las universidades españolas, el aumento de las plazas en la Formación Sanitaria Especializada (FSE) del MIR no es suficiente para dar cabida a todos. “El estudiante de medicina va entrando en una especie de embudo, porque al final tenemos muchos graduados que se presentan al MIR y no hay plazas para todo el mundo, y aún así vemos que quedan plazas desiertas”, señala Cortés.
El Ministerio de Sanidad aumenta desde hace años las plazas para el MIR en cada nueva convocatoria, pero no en suficiente medida para dar cabida a todos los graduados. Pese a que muchos se queden fuera, cada año hay aspirantes que prefieren dejar plazas vacías antes que coger especialidades que no les gustan, sobre todo en lo referente a Medicina Familiar y Comunitaria. En ello influyen las condiciones de trabajo a las que se ven sometidas los profesionales. “Es algo que hay que mejorar si queremos paliar esa falta de especialistas”, concluye Cortés.
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