
¿Para qué necesitamos los nombres? Nacemos con uno, o mejor dicho, nos lo ponen poco antes o poco después de nacer. En cualquier caso, sirven para definirnos y para identificarnos: para que nosotros sepamos quienes somos y otros lo sepan también.
Este es un proceso que se puede aplicar a muchos otros procesos de nuestra vida cotidiana. Tenemos una identidad digital, por ejemplo, en el que nuestro nombre es el de nuestro perfil. Tenemos una identidad estatal, con el número de DNI, y una laboral, con el de la Seguridad Social. Y, del mismo modo, contamos también con una identidad bancaria, que puede verse en nuestro número de cuenta.
Un sistema internacional
Lo que ocurre es que, en ocasiones, cuando queremos realizar algún trámite bancario, no se nos pide tan solo el número de cuenta, sino uno más largo: el IBAN. Estas letras son las siglas de International Bank Account Number (número de cuenta bancaria internacional), y sirve como identificativo, como su propio nombre indica, para cualquier rincón del mundo.
De este modo, cualquier cliente de un banco cuenta con un código IBAN, lo que no implica que haya algunas diferencias. En España, por ejemplo, este siempre tendrá 24 dígitos, mientras que en otros países puede ser una cifra distinta. En Alemania son dos menos, pero en Francia este se extiende hasta los 27. Eso sí, en ningún caso se pueden exceder los 34.
Sin embargo, lo que no cambia es el significado del código, dado que los números y letras que aparecen en el código IBAN no son algo que quede al azar, sino que aportan una información concreta sobre tu identidad bancaria. Sobre esto mismo, el Banco de España ha publicado un artículo en su página web en el que explica el por qué de cada uno de esos números.
Este es el significado del IBAN
Como bien nos explica esta entidad en el artículo, el IBAN se divide en distintas partes que ofrecen datos diferentes sobre nosotros. Por ejemplo, las primeras dos letras son lo que permiten conocer el país del usuario bancario. En el caso de España es sencillo, puesto que son las letras “ES”, que van seguidas de dos números más, conocidos como dígitos de control, “que sirven para identificar el código de la entidad, asignado por el Banco de España”.
A continuación, vienen cuatro números más, que son los que hacen referencia a la entidad de la que somos clientes. Este es un número asignado de nuevo por el propio Banco de España a cada compañía. El de Unicaja, es el 2103; el de Banco Pastor, 0238; el de Caixabank 2100 y el de BBVA, 0182. Un dato poco conocido de estos cuatro números es que el primero de ellos es un indicativo del tipo de entidad que trata. El 0 y el 1 hacen referencia a los bancos, el 2 a las cajas de ahorro, el 3 a cooperativas de crédito... Y así hasta agotar todas las opciones.
El siguiente grupo de cuatro números es el número de oficina o de sucursal bancaria. Cada uno de estos emplazamientos cuenta con uno en concreto. A continuación, se vuelven a utilizar los dígitos de control. La presencia de estos es para controlar y asegurar la veracidad de todo el código. Porque, a continuación, vienen los doce números que, esta vez sí, son los de tu cuenta bancaria. De este modo, el número recorre todas las escalas del proceso bancario, que van desde la persona que quiere realizar el trámite hasta la oficina y la empresa responsables.
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