
La suplantación de identidad es una actividad delictiva categorizada como fraude, en el que una persona utiliza datos personales de otra sin su consentimiento para obtener algún beneficio, cometer otros crímenes o llevar a cabo acciones de acoso. Este tipo de delito, fijado en el Código Penal español a través del delito de usurpación de identidad, ha proliferado mucho con el cada vez más extendido uso de internet.
En la red, facilitamos muchos datos relativos a nuestros códigos de acceso a las cuentas bancarias o relacionados con nuestros documentos de identidad. Dentro o fuera del mundo digital, esto hace que, si no nos andamos con precaución, podamos caer en alguna de estas estafas de las que, al margen de las consecuencias inmediatas, es muy difícil salir.
Final a dos años de sufrimiento
En Francia, donde se producen unos 300.000 casos anuales de robo de identidad, ha trascendido ahora un caso muy ejemplarizante sobre este asunto. Hace dos años, una mujer de la ciudad de Nantes presentó una denuncia por el robo de su tarjeta de residencia y su tarjeta de crédito. Pese a que esta última fue cancelada a la mayor brevedad que le fue posible, tras perder el documento comenzó a recibir muchas facturas de la compañía ferroviaria estatal francesa - la SNCF- y otras empresas de transporte de carácter local, adquiridas con la tarjeta de residencia.
Según cuenta el medio galo Le Figaro, la situación continuó así hasta este mes de agosto, en el que la mujer ha recibido en su correo electrónico un mensaje automático relacionado con un billete de Nantes a París a bordo de un tren de alta velocidad... en primera clase. La mujer no había comprado ningún billete, así que comprendió que se debía de tratar de la persona que le había robado los documentos. Por ello, inmediatamente fue a alertar a la policía e intentar poner fin a la situación.
De este modo, la policía de Nantes mandó al tren a una patrulla de agentes que, al subirse al interior del ferrocarril, encontraron a otra mujer sentada en el asiento reservado. Ella aseguró haber comprado esa localización, por lo que los agentes procedieron a su detención inmediatamente y la han dejado en custodia policial. Paralelamente, se inició una investigación con la que ya se ha procedido a registrar el domicilio de la detenida, donde se ha encontrado la tarjeta bancaria sustraída en 2022.
Las posibles consecuencias
A pesar de todo, no se ha podido probar que fuera esa misma mujer la que fuera responsable del robo de los documentos, puesto que podría haberse hecho con ellos con posterioridad comprándolos, por ejemplo, en el mercado negro. Por ello la policía francesa está averiguando si acaso se trata de una persona que ha actuado así en más ocasiones o si está relacionada con otras redes criminales más amplias en el mundo del tráfico de drogas.
En cualquier caso, al haber usurpado la identidad de la protagonista de esta historia, la detenida ya se enfrenta a una multa de 15.000 euros, que es con lo que se castiga dicho delito en Francia, además de con un año de prisión. La cantidad económica, no obstante, podría ascender hasta los 75.000 euros, del mismo modo que el tiempo en la cárcel alcanzaría los cinco años, si con la usurpación de identidad se pretendiera disimular u ocultar otro delito.
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