
Un cumpleaños inolvidable. El 22 de agosto, una empresaria italiana acudió a un restaurante de Arezzo en la Toscana, a celebrar, junto a 12 amigos, su año extra. Tal y como ha contado la protagonista en un grupo de Facebook, antes de asistir a la reserva se pasó por una tienda cercana para comprar una tarta y comerla de postre junto a sus compañeros.
Al llegar al restaurante, la joven preguntó al personal si era posible que sirvieran el dulce cortado al final de la velada, algo a lo que los trabajadores accedieron sin ningún tipo de problema. Tal y como habían acordado, los camareros repartieron la tarta una vez terminada la cena. Pero, la sorpresa que se llevó la cumpleañera seguro que distaba mucho de lo que podría haber imaginado. No es el que el establecimiento hubiera tenido el detalle de añadir unas velas sin que la italiana lo supiera, el regalo estaba en la cuenta: le habían hecho un cargo de 4,5 euros por persona por partir la tarta, un total de 58,50 euros.
Una tarta por un módico precio

“No me lo podía creer”, asegura la afectada. Cuenta que suponía que le podían cobrar un suplemento por el servicio, pero lo que no imaginaba era que iba a alcanzar ese nivel y esa cuantía. Lo curioso es que la empresaria compró la tarta por 45 euros, con lo que el favor de cortarla fue aún más caro que el propio producto. En total, 103,50 euros de regalo de cumpleaños.
El restaurante ha querido pronunciarse y asegura que lo declarado es cierto. Pero, se defiende alegando que el reglamento interno obliga al personal a cobrar por cualquier corte o servicio de comida que traiga el cliente. El propietario del establecimiento, que no se encontraba en el momento de los hechos, admite que lo primordial es la satisfacción del cliente y que es cierto que su personal podría haber mostrado un poco más de flexibilidad.
Qué dice la Unión Nacional de Consumidores
Haciéndose eco de este caso, el presidente de la Unión Nacional de Consumidores, Massimiliano Dona, ha querido aclarar si es correcta o no la actuación del restaurante. Ha explicado que no es injusto cobrar por cortar la tarta. En primer lugar, porque el local renuncia a una venta, al traer el cliente el dulce de casa. Asimismo, apunta que se debe tener en cuenta que el establecimiento proporciona la vajilla que después debe lavar, que también es un gasto.
Prosigue Dona comentando que dejar llevar el dulce es una cortesía por parte de la casa, porque el restaurador debe valorar los riesgos asociados, es decir, los alérgenos, para evitar que haya contaminación cruzada. Pero, ¿es correcto pedir hasta 58 euros? El presidente de la asociación aclara que sólo es posible en un caso: si el cliente lo sabía de antemano. Propietario y comensal deben pactar el presupuesto con anterioridad, para que sea consciente de que va a pagar esa suma. Insiste en que la comunicación es fundamental en este tipo de situaciones.
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