
A España le faltan más de 95.000 enfermeras para equiparar sus ratios a las de los Estados del entorno europeo, según cálculos del Consejo General de Enfermería (CGE). El país se encuentra a la cola, con tan solo 6,16 enfermeras por cada 1.000 habitantes, a gran distancia de países como Reino Unido (10,34) y Noruega (21,68), dos de los principales destinos a los que emigran las profesionales españolas.
Esta escasez de enfermeras se agravará en verano, al igual que con los médicos, debido a los periodos vacacionales que cogen estas sanitarias, que en muchos casos se quedarán sin cubrir bajo la “excusa” de “adecuar la oferta a la reducción de la demanda asistencial durante el periodo estival” que ponen las comunidades autónomas, critican desde el CGE. “Sin embargo, se olvidan de la grave situación de escasez de enfermeras que sufre nuestro país, unido a este cierre de camas, provoca un incremento de la sobrecarga asistencial que han de afrontar en su día a día las enfermeras, lo que pone en grave riesgo la seguridad de los pacientes”, expresan en un comunicado.
Para su presidente, Florentino Pérez Raya, la falta de personal “está provocando efectos indeseados no sólo en la profesión, que trabaja de forma permanente con una sobrecarga asistencial que se vive como algo normalizado en nuestro día a día, cuando se trata de una situación que debería ser excepcional, también parece olvidarse que ello pone en grave peligro la seguridad de los pacientes”.
Condiciones precarias que se agravan durante el verano
De estas precarias condiciones alertaba igualmente el sindicato SATSE, desde donde denuncian que las gerencias de los centros sanitarios pueden llamar a las enfermeras “sin previo aviso” para que acudan a su puesto de manera inmediata. “El derecho a la llamada desconexión digital que se pregona para otros tipos de trabajo es inexistente en el caso de las enfermeras”, apuntan en una nota de prensa.
Tampoco se les comunica con la suficiente antelación sus turnos de trabajo, lo que dificulta establecer un ritmo regular de jornadas e imposibilita la conciliación con la vida familiar y persona. Estas condiciones tienen consecuencias, avisa SATSE: las profesionales se enfrentan a sufrir mayores situaciones de estrés, síndrome de profesional quemado (burnout) y cansancio, además de un desgaste físico, profesional y emocional.
A ello se suma, según Pérez Raya, la precariedad de los contratos de muchas profesionales, que acumulan trabajos de días e incluso horas “y en condiciones indignas”. “En ocasiones, al llegar el verano, en lugar de poder disfrutar del merecido descanso, cuando la presión asistencial aumenta se anulan o aplazan sus vacaciones. Unas lamentables condiciones que durante años han obligado a miles de profesionales a mudarse a otras comunidades autónomas o a otros países para poder trabajar de manera estable y digna. Una fuga de talento enfermero que ha sido muy bien aprovechada por todos estos países”.
En el caso de los pacientes, informa SATSE, “pese a los esfuerzos realizados por parte de los profesionales, esta precariedad laboral repercute negativamente en la atención que reciben y su seguridad asistencial se ve comprometida. Entre otros problemas, se produce una mayor saturación en las Urgencias, se cancelan consultas y hay un aumento de las listas de espera”.
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