
La Secretaria de Estado de Energía, Sara Aagasen Muñoz, ha declarado hoy en la Comisión de Transición Ecológica y Reto Demográfico de este jueves que España está lista para cerrar todas las centrales nucleares.
La Secretaria se ha pronunciado al respecto del nuevo Plan General de Residuos Radiactivos, que fue aprobado por el Consejo de Ministros en diciembre de 2023, el cual ya se alineaba con la idea planteada en 2019 de cerrar los siete reactores nucleares que siguen activos a día de hoy en España, de manera “ordenada y escalonada”.
A día de hoy, además de esos siete reactores, España cuenta con otras tres centrales que ya están en desmantelamiento, la instalación de almacenamiento de residuos de media y baja actividad y de muy baja actividad del Cabril (Córdoba). También cuenta con un Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas y con una fábrica de combustibles en Juzbado (Salamanca).
“Desde el año 2018 teníamos muy claro que era urgente y necesario tener un nuevo Plan General de Residuos Radiactivos acompañando la realidad del país a nuestro sistema energético”, ha recordado Aagasen. “Ha sido un proceso largo pero también muy participado y además muy garantista con el medioambiente”.
Sin embargo, a pesar de que España ya se encuentra “en las condiciones idóneas” para “las labores de desmantelamiento y clausura de las instalaciones”, este será un camino de varias décadas en el que, según establece el Plan, se prevé que el proceso no habrá finalizado del todo hasta el año 2100, si bien los reactores dejarán de estar activos en 2035. Esto se explica con el hecho de que el ciclo nuclear no finaliza con la producción de la energía sino, como bien señala el nombre del Plan, con la gestión de residuos.
La gestión de los residuos
A partir de los datos ofrecidos por la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa), actualmente España acumula 41.100 metros cúbicos -el equivalente al agua que tendrían unas 12 piscinas olímpicas- de residuos de baja y media actividad, los cuales se componen de material desechado que haya estado en contacto con isótopos radiactivos: guantes, trapos, filtros, jeringuillas, resinas. Estos, además de las centrales, son originados en otros 20.000 lugares como hospitales, centros de investigación o industrias.
Estos son los residuos más numerosos, mientras que los de combustible gastado y especialmente los de alta actividad se han aglutinado en una cantidad menor. Así, el Plan General de Residuos Radiactivos señala que el total de residuos es de 81.500 metros cúbicos -dos docenas de piscinas- y prevé que en 2100 se hayan superado los 153.000 -unas 45-. De este modo, para guardar los residuos se requerirá una ampliación de la capacidad de almacenamiento del Cabril de cara a 2028, así como un sistema de almacenamiento geológico profundo previsto para 2073.
“El proyecto requiere de una instalación subterránea de unos 500 metros de profundidad con túneles y galerías”, ha explicado Aagasen, “lo más complejo en este caso es alcanzar el necesario acuerdo social territorial y político y hacer de este AGP un proyecto de Estado”. Porque, ¿qué comunidad autónoma querría una instalación de una cantidad semejante de residuos tóxicos? Tal es así, que hasta ese momento se ha optado por la futura construcción de hasta siete almacenes temporales descentralizados.
Miles de años hasta ser desenterrados
La Sociedad Nuclear Española explica en su página web que los residuos de baja y media actividad tardan unos 300 años en poder ser desclasificados, una cifra que sin embargo resulta muy pequeña en comparación con los de combustible gastado, que necesitan “varios miles de años” para dejar de ser radiactivos.
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