Cuando todo el mundo parecía haberse olvidado de George Miller, el director regresó al universo que había creado a finales de los años setenta para insuflarle una nueva vida. En ese sentido, todo lo que ocurrió con Mad Max: Furia en la carretera resultó apoteósico.
En primer lugar, porque se recuperaba la fuerza creativa de un director fundamental para entender muchas de las bases del cine apocalíptico que se sustentaron a partir de la icónica Mad Max: Salvajes de la autopista que, ya en su momento, revolucionó el cine de acción, dotándolo de una nueva dimensión.
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Una icónica protagonista femenina

Pero, lo más importante, es que Miller no se contentó con hacer un refrito de la trilogía que protagonizó Mel Gibson, sino que se encargó de dotarla de una nueva imagen y una envergadura que correspondiera a los nuevos tiempos.
Así, Mad Mad: Furia en la carretera se convirtió en un clásico de culto casi inmediato pero, lo más importante es la forma en la que el director le dio un giro radical a toda la saga al poner como protagonista a una mujer, Imperator Furiosa, que se convertiría en un símbolo casi subversivo que en contra del patriarcado.
Una guerrera rapada, a la que le faltaba un brazo y dispuesta a luchar ella sola contra la tiranía de un malvado señor de la guerra que utilizaba a las mujeres como recipientes reproductores o máquinas para generar leche.
El personaje era tan potente que pronto se incrustó en la cultura popular, tanto que poco después del éxito de la película, George Miller confirmó que se encontraba preparando una ‘precuela’ o ‘sin-off’, en la que se contarían sus orígenes.
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Y aquí y ahora, nueve años más tarde, aparece Furiosa: De la saga Mad Max, que se ha encargado de inaugurar la 77 edición del Festival de Cannes a ritmo de apisonadora. Porque eso, en esencia, es esta nueva obra de Miller protagonizada por Anya Taylor-Joy en la versión juvenil de Furiosa y que funciona como una ametralladora de imágenes de acción donde no hay un solo instante para recuperar el aliento.
De qué va ‘Furiosa’

La película comienza con la pequeña Furiosa (Alyla Browne) que, vive en paz y armonía en una comunidad idílica y pacífica que se ha creado después del cataclismo que hundió a la civilización y la retrotrajo al más absoluto primitivismo.
Sin embargo, un grupo de forajidos la secuestrará y la llevará hasta su líder, Dementus (Chris Hemsworth en su versión más ruda... y con nariz postiza), un lunático déspota que sueña con hacerse con el control del desierto y derrocar a Immortan Joe (Lachy Hulme), rey de la Ciudadela.
La pequeña intentará sobrevivir en todo este mundo de violencia ‘testosterónica’ en lo que es sin duda el fragmento más narrativo de la película. De hecho, para pasar desapercibida, se hará pasar por chico, hasta que comience a trabajar para Praetorian Jack (Tom Burke), encargado de conducir los convoyes para conseguir la gasolina (o ‘gusalina’, como aquí se le llama).
A partir de ese momento, Furiosa (la película) se convertirá en una película de acción pura y dura, en la que no hacen falta las palabras porque la maquinaria de velocidad, luchas, sangre y violencia lo inunda todo. De hecho, hay ‘set-pièce’ que pueden durar entre 20-30 minutos y, en ellas, el director parece querer sentar cátedra sobre su dominio expresivo a la hora de orquestar escenas apoteósicas que funcionan como una maquinaria explosiva.
Por qué es importante ‘Furiosa’

Sin embargo, a pesar de este despliegue, de nuevo al borde del delirio, excéntrico, loco, encontramos menos dosis de imaginación visual que en la anterior película. Es una obra que funciona como a cañonazos de adrenalina pero, justo en su clímax, en ese duelo final entre Deméter y Furiosa, algo se rompe. La razón princincipal, es el ‘speech’ de Chris Hemsworth, que demuestra que en Mad Max es mejor el silencio que las oratorias insulsas.
En contraposición, toda la relación entre Jack y Furiosa, que sí que se cuenta sin el menor sonido gutural, resulta uno de los mejores fragmentos de una película que abre de repente la puerta a los sentimientos y la emoción sin que esta sea empalagosa o cursi. Porque aquí de lo que se trata es de plasmar la visceralidad más atávica.
En ese sentido, Furiosa: De la saga Mad Max vuelve a demostrar que se arriesga al ofrecer un espectáculo que no encaja dentro de las convenciones del ‘mainstream’ actual. Es brutal, es febril hasta la extenuación, es incómoda hasta extremos insospechados.
Y, dentro de esos parámetros, resulta una auténtica provocación, un delirio de lo más satisfactorio, que un director de casi 80 años se atreva a desafiar a la industria a golpe de locura expresiva.
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