El tándem que forman Dani de la Torre y Alberto Marini parece imparable dentro de la ficción televisiva de nuestro país. Después de crear juntos La Unidad, su primera serie conjunta, y de ampliar todo su intrincado universo geopolítico en La Unidad Kabul, ahora vuelven a unirse para seguir escarbando en las cloacas de la sociedad pero, en esta ocasión, desde un punto de vista totalmente diferente: el de las mafias que operan en la ciudad de Marbella y que convierten a esta localidad malagueña en un crisol de elementos disparatados en el que el lujo más chabacano se mezcla con la criminalidad encubierta.
“Estábamos buscando alguna historia que conectara con la actualidad y nos topamos con el artículo que habían escrito Nacho Carretero y Arturo Lezcano sobre el funcionamiento de las mafias en Marbella. Ellos también querían hacer algo audiovisual con ese material, así que lo tuvimos claro y allá que nos fuimos a hablar con todos, con buenos, con malos, con policías, con abogados y con responsables de las organizaciones delictivas”, cuenta Beto Marini a Infobae España.
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El guionista y director Dani de la Torre admite que este tipo de historias, las de gánsters, no se suelen relacionar con nuestro país y, sin embargo, ahí tenían un relato al más puro estilo Martin Scorsese, con matones a sueldo, coches de alta gama, marcas y un código propio, una especie de ‘status quo’ que no se puede alterar si se quiere mantener el equilibrio y no empezar con las ‘vendettas’.

Un abogado de moralidad difusa
Para narrar toda esta intrincada red de relaciones entre narcos de todas las nacionalidades, decidieron que el protagonista fuera un abogado que se moviera por todos esos ambientes turbios y que tuviera una noción difusa de la moralidad.
Así nació el personaje de César, al que encarna Hugo Silva, y que está basado en un sujeto real que conocieron durante su periplo. “Era un poco el conductor dentro de la trama (real y ficticia) aunque el de verdad nunca llegara a cruzar de forma tan explícita la línea que lo separa de convertirse en un mafioso. Pero sí que estaba en contacto con la policía, tenía que defender a narcotraficantes, era un auténtico relaciones públicas en las discotecas. Nos pareció ideal para contar esta historia”, continúa Marini.
“Lo que nos sorprendió es que allí los negocios ilegales no se escondían, se podían hacer a plena luz del día. El código de conducta era demostrar de forma explícita el poder y el dinero. Hay algo de excesivo, de extremo en todo ese universo. Además, ‘los malos’ no se ocultaban, les gustaba contarnos sus historias”.
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¿Tuvieron alguna vez miedo dentro de ese ambiente? “Solo cuando nos dejaron la cuenta de unos margaritas y unos nachos en un club. Cuando vimos lo que costaba, nos pusimos a temblar”, bromea De la Torre.
Entre el desmelene y el rigor
La serie contiene varias particularidades. Entre ellas, el personaje de César rompe la cuarta pared para ir contando al espectador, en todo momento, lo que está ocurriendo, explicando de forma pormenorizada cada uno de los elementos, así como los clanes mafiosos y los capos con los que tiene contacto, al mismo tiempo que se perfila toda la parafernalia que mueven a su alrededor. También se relata la manera en la que operan para introducir la droga en nuestro país, desde el puerto hasta los consumidores, toda una estructura de lo más compleja que no puede tener fisuras.

Además de este armazón narrativo que procede directamente de la crónica periodística con el toque canalla que le otorga Hugo Silva, Marbella, la serie de Movistar Plus+, se convierte en un auténtico carrusel de situaciones desbocadas en la que la ambición es la protagonista, así como la necesidad de aparentar en un universo en el que el dinero lo es todo.
Se nota que los creadores se han divertido jugando con todos estos elementos disparatados sin perder nunca el norte de lo que estaban contando. Por eso, Marbella, además de ser un thriller lúdico y granuja, también es una reflexión sobre la podredumbre de una sociedad hipócrita en la que todos los estamentos se encuentran involucrados dentro de una corrupción sistémica.
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