
La vida sonrió en lo deportivo, y mucho, a Michael Owen. El exfutbolista inglés, de 44 años, tuvo una trayectoria que ya hubiesen querido muchos. Con 222 goles en 482 partidos, fue uno de los delanteros de mayor renombre del planeta nada más arrancar el siglo XXI. Tanto es así que se hizo con el Balón de Oro de 2001, por delante de Raúl y Oliver Kahn. Sus años dorados los vivió en el Liverpool, militando después en Real Madrid, Newcastle, Manchester United y Stoke City. Por supuesto, también se le recuerda defendiendo la elástica de la selección de Inglaterra, con 40 dianas en 89 encuentros entre 1998 y 2008: participó en tres Mundiales y dos Eurocopas. Hoy en día, el de Chester es noticia por sus circunstancias en el terreno personal. Mucho menos agradables y con uno de sus cuatro hijos, James, de por medio.
Al retoño de Owen, inmerso en plena adolescencia (17), le diagnosticaron, hace casi una década, la enfermedad de Stargardt. Esta se trata de una patología rara, descrita por la American Academy of Ophthalmology como “una enfermedad ocular que produce pérdida de la visión en niños y en adultos jóvenes”: es “hereditaria” y por ella “mueren unas células especiales que detectan la luz, llamadas fotorreceptores, ubicadas en la mácula”, por lo que “la visión central, o de detalle, se vuelve borrosa o tiene zonas oscuras” y “también puede resultar difícil ver bien los colores”.
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“Si pudiera darle mis ojos y hacer un intercambio, lo haría, pero son las cartas que le han repartido y no tiene sentido regurgitarlas durante toda la vida”, se resignó Owen, debido al problema de su hijo, en el Daily Mail. “No puedes estar pensando por qué yo y todo lo demás. James, absolutamente, no hace eso. Al principio, lo hizo un poco, pero, como dice ahora, es un chico positivo”, añadió un padre que llegó a estar realmente preocupado: no podría ser de otra manera cuando James se encuentra “clínicamente ciego”.

Owen no esconde la situación, de la que se pronuncia con toda la sinceridad de la que puede hacer acopio. “Cuando alguien se te acerca en el pub y te pregunta ‘¿tu hijo juega?’, sólo quieres cambiar de tema. Probablemente, eso haya sido lo más difícil a lo largo de los años”, le contó a la periodista Kathryn Batte. “Cuando James era muy joven y sus ojos probablemente estaban mejor que ahora, los campos eran más pequeños y todo estaba mucho más cerca para que pudiera ver mejor la pelota… Era muy, muy bueno. Le dije a mi padre, a mi esposa y a todos, ‘tiene muchas posibilidades de ser futbolista’. Pero tan pronto como le diagnosticaron, dejó de hacerlo gradualmente. Lo sobrellevó bien”, reconoció.
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“Estar molesto por esto no va a cambiar nada”
“No fue nada fácil. El pobre niño tenía que ir al hospital cada dos minutos y tenía que quedarse allí, siendo valiente, mientras le metían cosas en el ojo. Le picaban los ojos y gritaba de dolor. Simplemente, piensas ‘¿por qué?’. Pero he visitado muchos hospitales a lo largo de mi vida y he visto a muchas personas menos afortunadas, así que hay que ponerlo todo en perspectiva. Seguimos con la vida y lo pasamos muy bien”, tranquiliza la leyenda.
“A todo le saco el lado positivo. Tengo mucho de que enorgullecerme porque James se ha convertido en un muchacho brillante”, presume Owen. Esa misma actitud optimista es la que comparte el propio James. “La gente esperaba que me dedicase al fútbol y solía disfrutarlo mucho. Pero estaba llegando a un punto en el que era demasiado difícil saber dónde estaba la pelota. Realmente, dejé de disfrutar con el juego, porque quería ser el mejor”, confesó, al igual que su padre, al Mail.
James Owen, a quien en el futuro le gustaría tener su propio negocio y poder mantener a su familia, logró desterrar el pesimismo que llegó a inundarle, por lo que le ocurre, en un primer momento. “Cuando era más joven, realmente sentí lástima de mí mismo. Pensé ‘¿por qué yo?’. No puedo conducir, no puedo hacer esto, no puedo hacer lo otro… Pero estar molesto por esto no va a cambiar nada, así que mejor sigo adelante”, expuso.

El chaval se ha convertido en un ejemplo a seguir, como demuestra el hecho de que su padre y él van a protagonizar su propio documental, Football is for everyone, que se estrena el 30 de enero. James no ha abandonado el deporte rey, ya que juega en la selección inglesa de fútbol 5 adaptado y se toma con filosofía su caso: en un entrenamiento, marcó en propia puerta, sin saberlo en un primer momento, y la alegría fue generalizada. Así pues, los Owen han sabido convertir lo que primero fue un mazazo en una oportunidad para superarse. “Quiero que pueda hacer lo que hace todo el mundo. Lo hace, más o menos, pero con algunos cambios”, sentencia un cabeza de familia, ante todo, orgulloso.
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