Conocimos a Tran Ahn Hung gracias a El olor de la papaya verde (1993), nominada al Oscar a la mejor película Internacional y que se convirtió en una de las obras representativas dentro de la nueva ola de cine asiático que, en este caso, se encargó de visibilizar la cinematografía vietnamita.
Pronto, el director se hizo un hueco dentro del panorama de festivales y, su siguiente película, Cyclo, protagonizada por la estrella de Hong Kong Toni Leung, conseguiría el León de Oro en el Festival de Venecia. En ella, mostró un aspecto más sórdido que en su anterior obra, pero en ambas logró capturar una delicadeza exquisita a la hora de radiografiar los sentimientos humanos dentro de un ambiente repleto de injusticias y discriminación social.
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Ese espíritu continuó estando presente en la luminosa Pleno verano, gracias a la que confirmó sus preocupaciones temáticas y estilísticas convirtiéndose casi en un cierre de una hipotética trilogía. A partir de ahí, cambió de registro, probó suerte en el mercado anglosajón con un thriller protagonizado por Josh Harnett titulado Escapando del infierno, y se embarcó en la complicada adaptación de la novela de Haruki Murakami, Tokyo Blues.

Se estableció definitivamente en Francia y, tras algunos proyectos que alcanzaron una menor repercusión, como Éternité, con estrellas del star-system del país como Mélanie Laurent, Bérénice Bejo o Audrey Tautou, se embarcó en una aventura propia.
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“Estaba buscando hacer una película que tuviera como tema central la gastronomía como arte y, de forma accidental, me crucé con el libro The Life and Passion of Dodin-Bouffant, de Marcel Rouff, y me enamoré de la forma en la que trataba la relación entre los personajes con la cocina”, cuenta el director, que presentó la película en la sección Culinary Cinema del pasado Festival de San Sebastián.
Amor entre fogones
En ella, ambientada a finales del siglo XIX, se narra la historia de amor entre el chef Dodin Bouffant (Benoît Magimel) y su ayudante de toda la vida, Eugénie (Juliette Binoche). Ambos componen un tándem imbatible entre los fogones, ofreciendo a sus comensales los mejores manjares que pudieran imaginar y también se quieren, aunque sea en la clandestinidad.

Sin embargo, la tragedia, en forma de enfermedad, se instalará en su cotidianeidad, y el cocinero se verá solo frente a la pérdida, el vacío que ha dejado su compañera y también frente a la incapacidad de recuperar su genio culinario sin ella. “El libro comenzaba con la muerte de Eugénie, pero yo quise desarrollar esa relación entre ellos en un ejercicio de imaginación que me permitió explorar la complicidad conyugal en el pasado siglo como un signo de igualdad y de confianza mutua, sin necesidad de aferrarse a las pasiones carnales, solo a través del amor más puro y la resistencia a los convencionalismos frente a la negativa de ella de contraer matrimonio”.
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Así, en A fuego lento, asistiremos a la relación de los dos personajes tanto a nivel profesional, en la cocina, como en su intimidad. A partir de eso, Tran Ahn Hung, compone preciosas coreografías mientras ellos preparan sus deliciosos platos a través de todo el proceso de que compone cada paso de la elaboración, un refinamiento estilístico que le sirvió para conseguir el premio a la Mejor Dirección en el pasado Festival de Cannes.
Y es que una tortilla puede ser una obra de arte. Eso es lo que desprende esta película en la que el mimo se encuentra presente en todos y cada uno de los detalles, en las texturas, en la esencia, en el cuidado con el que se hacen las cosas. Una preciosa oda a la dedicación en la profesión, en cualquiera de ellas, en todos sus aspectos.
A fuego lento supone también el reencuentro en la pantalla entre Juliette Binoche y Benoît Magimel. Ambos mantuvieron un romance en 1999, fruto del que nacería su hija Hannah. A pesar de los continuos problemas del actor con las drogas y la justicia, ambos han continuado demostrando un vínculo más allá de las cuestiones personales. Y, en este caso, todo ese afecto recíproco resulta esencial para una película que reivindica el respeto hacia todo aquello que se ama.
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