Puede que sus nombres no te suenen, pero las has escuchado infinidad de veces e incluso sigues sus indicaciones a diario: “Gira a la izquierda, continúa recto, cambia de sentido en la siguiente rotonda”. Nikki García y Susana Ballesteros son las voces del GPS y del asistente virtual de Google y ambas son españolas, además de actrices de doblaje y cantantes. Su voz está presente en videojuegos, series o anuncios y ahora se enfrentan a un nuevo desafío: la Inteligencia Artificial, que puede afectar a las locuciones y precarizar aún más el sector.
El Sindicato de Actores de Voz y Voice Talents de Madrid (AVTA) denunció el pasado mes de abril que un actor acudió a una grabación de una multinacional donde le pidieron expresar “diferentes entonaciones y sentimientos” con su voz y, solo cuando vio el documento de cesión de derechos, se percató de que el objetivo era entrenar a una Inteligencia Artificial copiando aspectos de su interpretación. Por eso el sindicato exige una regulación y que el contrato de cesión de derechos del sector sea “limitado a la obra para la que se hizo” y no para autorizar grabaciones con las que después se creen obras nuevas mediante Inteligencia Artificial.
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Ante la incertidumbre que supone esta nueva tecnología, tanto García como Ballesteros también insisten en la necesidad de saber dónde van a ser utilizadas las voces de los actores y actrices de doblaje, porque no es lo mismo “cobrar por una hora de grabación que por el uso que se va a hacer de una voz”, señalan en conversación con Infobae España. “Está claro que la Inteligencia Artificial puede generar beneficios, pero también muchos riesgos, sobre todo en campos creativos como este, por eso es necesario regularlo, limitarlo”, dice García. El usuario, además, también debería saber “si está escuchando una Inteligencia Artificial o una voz humana”, añade Ballesteros.
La Inteligencia Artificial ya es capaz de imitar voces y replicarlas en diferentes idiomas a partir de muestras de audio y texto e incluso hay estafadores que ya han empezado a utilizar voces clonadas a través de esta tecnología para suplantar la identidad de sus víctimas.
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“Como hermanas”
Pero a pesar de los interrogantes que abre la Inteligencia Artificial en el mundo sonoro, tanto García como Ballesteros sienten pasión por su trabajo. Se conocieron el año pasado en una gala de premios de doblaje y en seguida conectaron: “Fue como conocer a una hermana con la que tienes mucho en común”, aseguran. Tras encontrarse decidieron grabar un vídeo en el que simulaban discutir con las mismas voces robóticas con la que nos guían en el GPS -Nikki con acento español y Susana con acento neutro porque hace la versión para América Latina- y, al hacerse viral, por primera vez mucha gente pudo ponerles cara.
“Cuando la gente te reconoce, te felicita y muchas veces nos piden que les grabemos saludos para algún amigo o familiar. Es muy bonito cuando reconocen tu trabajo, porque te contagian esa ilusión. Al final somos una voz que asiste a mucha gente y sentimos ese cariño”, dice García, que al igual que su compañera se convirtió en la voz de Google Maps tras pasar por un casting.
Ballesteros comparte esa misma opinión y, en su caso, como su padre es conductor, le hace especial ilusión “poder guiar a ese gremio” y que la escuchen en tantos países de Latinoamérica.

La forma en la que se graba el GPS es a través de un sintetizador de voz con frases que “no necesariamente son las que oyes ni nombres de calles”, explica García, y que después se van uniendo para que tengan sentido. Lo importante, asegura, es mantener un tono homogéneo al pronunciarlas.
“Encontrar tu propia voz”
Para García el mayor desafío de su trabajo es, sin embargo, en el que está inmersa actualmente: la grabación de sus propias canciones. Ha interpretado tantas voces que ahora, admite, le cuesta reconocer cuál es la suya “de verdad” cuando se pone delante de un micrófono para cantar sus composiciones. “Encontrar tu propia voz cuando estás acostumbrada a ser mucha gente a lo largo del día no es fácil. Son mis canciones, pero no tengo claro cómo cantarlas. Estoy en esa búsqueda y ahí si que voy sin GPS”, dice entre risas. La que está componiendo ahora trata precisamente de la dificultad que entraña escribir canciones, “toda una carta de amor al oficio”.
Ballesteros, que vive en Estados Unidos desde hace más de 15 años, acaba de prestar su voz a un personaje de animación del videojuego The Lamplighters League, aunque también está centrada en su música. De hecho, acaba de presentar su single ‘Maravillosamente rara’, “un canto al amor propio, a aceptarse con lo bueno y lo malo”.
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