Cómo Japón, Corea del Sur y China impulsaron su desarrollo industrial, según Martín Lousteau

El economista analizó en Infobae a la Tarde las políticas que combinaron productividad agrícola, protección estatal condicionada a las exportaciones y crédito dirigido para desarrollar industrias competitivas

Martín Lousteau analizó las estrategias de desarrollo industrial de Japón, Corea del Sur, Taiwán y China a partir del libro del periodista Joe Studwell
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Japón, Corea del Sur, Taiwán y China continental siguieron caminos distintos, pero compartieron una serie de políticas que contribuyeron a transformar sus economías. Para Martín Lousteau, tres factores fueron centrales en ese proceso: aumentar la productividad agrícola, proteger a las industrias con la condición de que exportaran y orientar el crédito hacia las actividades con mejores perspectivas de crecimiento.

Durante su columna en Infobae a la Tarde, el economista se apoyó en el libro Cómo funciona Asia (How Asia Works), publicado en 2013 por el periodista Joe Studwell, para explicar por qué esas experiencias ofrecen aprendizajes sobre el desarrollo. Su argumento es que el crecimiento no puede atribuirse únicamente a la cultura o al sistema político de cada país, sino también a las decisiones económicas que permitieron elevar la productividad y construir capacidades industriales.

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La reforma agraria y el aumento de la productividad

Lousteau identificó la transformación del sector rural como el primer componente de esa estrategia. En economías con mucha población y poca tierra disponible, las reformas agrarias favorecieron explotaciones pequeñas en las que el trabajo familiar y la utilización intensiva del suelo permitieron aumentar el rendimiento.

“Con mucha gente y poco territorio, lo que tenés que hacer es tratar de extraer el mayor valor, la mayor producción por tu recurso escaso, que es la tierra”, explicó.

El modelo priorizaba la productividad por superficie mediante prácticas como la fertilización, la rotación de cultivos y una mayor dedicación a cada parcela. El incremento de los ingresos rurales tuvo, además, un efecto sobre el resto de la economía: permitió ampliar el consumo y generar demanda para los bienes industriales.

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Las reformas agrarias en Asia promovieron explotaciones de escala menor para maximizar el rendimiento de la tierra
Las reformas agrarias en Asia promovieron explotaciones de escala menor para maximizar el rendimiento de la tierra

“Esa familia sale de la pobreza y está lista para el siguiente paso, que es consumir lo que vas a producir industrialmente”, señaló el economista.

Para ilustrar los riesgos de otras estrategias, Lousteau recordó las políticas de colectivización aplicadas en la Unión Soviética y durante el gobierno de Mao Zedong en China. El Gran Salto Adelante, impulsado a fines de la década de 1950, estuvo asociado a una hambruna masiva. Décadas después, las reformas de Deng Xiaoping promovieron cambios en la organización de la producción agrícola.

El economista advirtió que estas experiencias no pueden trasladarse directamente a la Argentina, cuya disponibilidad de tierras y estructura demográfica son diferentes. Por eso, mencionó a Australia, Canadá y Estados Unidos como referencias más adecuadas para analizar economías con características similares.

Proteger a las empresas con una condición: exportar

El segundo componente fue la política industrial. Según Lousteau, los Estados asiáticos no se limitaron a proteger a determinadas empresas de la competencia externa: también les exigieron resultados para justificar la continuidad de la asistencia.

“Yo te protejo, pero vos tenés que exportar”, resumió. Los instrumentos podían incluir aranceles, subsidios y financiamiento, pero las empresas debían demostrar que podían competir en mercados internacionales. “Proteger sin medir y sin tomar un test es regalar plata al pedo”, afirmó.

La firma automotriz Hyundai ingresó al mercado de Estados Unidos tras adquirir capacidades tecnológicas mediante el respaldo del Estado surcoreano (REUTERS/Kim Hong-Ji/Archivo)
La firma automotriz Hyundai ingresó al mercado de Estados Unidos tras adquirir capacidades tecnológicas mediante el respaldo del Estado surcoreano (REUTERS/Kim Hong-Ji/Archivo)

El caso de Hyundai en Corea del Sur le permitió explicar esa lógica. La automotriz comenzó a vender el modelo Excel en Estados Unidos cuando todavía enfrentaba dificultades para competir. Con el tiempo, incorporó tecnología, adquirió conocimientos técnicos y desarrolló capacidades que le permitieron avanzar hacia vehículos más sofisticados.

La protección estatal, en ese esquema, funcionaba como un respaldo para construir competitividad, no como una garantía permanente para las empresas. El objetivo era que pudieran superar las dificultades iniciales y competir sin depender indefinidamente de la asistencia pública.

Como contraste, Lousteau mencionó a Proton, la automotriz de Malasia. Según su análisis, la protección del mercado interno sin exigencias exportadoras equivalentes redujo los incentivos para desarrollar tecnología propia y limitó su capacidad para competir internacionalmente.

La diferencia entre ambos casos resume el criterio que planteó el economista: la intervención estatal tiene costos y beneficia a determinados sectores, por lo que debe producir resultados verificables. “Si la protección es para siempre y no hay nada de eso, es solamente proteger a un sector y darle una prebenda”, advirtió.

El crédito dirigido hacia la producción

El tercer pilar fue el financiamiento. Lousteau explicó que los países del noreste asiático utilizaron el crédito para acompañar a las empresas que buscaban invertir, aumentar su producción y expandirse hacia otros mercados.

Los gobiernos asiáticos condicionaron los subsidios y aranceles a la obligación de las empresas de competir en mercados internacionales (EFE/EPA/FRANCK ROBICHON)
Los gobiernos asiáticos condicionaron los subsidios y aranceles a la obligación de las empresas de competir en mercados internacionales (EFE/EPA/FRANCK ROBICHON)

En ese esquema, el Estado intervino en la orientación de los recursos mediante bancos públicos o entidades sometidas a controles. La intención era facilitar financiamiento a actividades productivas que podían necesitar inversiones de largo plazo y que no siempre obtenían recursos bajo los criterios habituales de la banca comercial.

“Los bancos siempre buscan el menor riesgo y el mayor retorno”, señaló. Cuando esa lógica domina por completo la asignación del crédito, las empresas industriales pueden tener dificultades para financiar inversiones que requieren tiempo antes de generar resultados.

Lousteau planteó que el financiamiento debía acompañar el desempeño de las empresas, en lugar de distribuirse sin condiciones. Los sectores que demostraban capacidad para crecer y exportar podían recibir recursos adicionales para consolidar su desarrollo.

También vinculó la experiencia asiática con las consecuencias de la crisis financiera de 1997. Según explicó, China buscó reducir su exposición a las turbulencias externas mediante la acumulación de reservas internacionales, con el propósito de preservar capacidad de respuesta ante eventuales crisis.

El desafío de avanzar hacia actividades de mayor valor agregado

Las tres políticas se relacionan con otro objetivo: diversificar la producción y desarrollar actividades más complejas. Para explicar esa transición, Lousteau recurrió a la metáfora del bosque del economista Ricardo Hausmann, según la cual cada producto representa un árbol y las capacidades necesarias para fabricarlo pueden facilitar el desarrollo de otros bienes.

Las entidades bancarias estatales de la región dirigieron el crédito hacia actividades de producción e inversión de largo plazo (REUTERS/Ann Wang)
Las entidades bancarias estatales de la región dirigieron el crédito hacia actividades de producción e inversión de largo plazo (REUTERS/Ann Wang)

Una industria consolidada puede generar conocimientos, proveedores y trabajadores especializados que luego se aprovechan en sectores relacionados. La cercanía entre esas capacidades facilita el paso hacia productos de mayor valor agregado, mientras que la falta de vínculos tecnológicos y productivos dificulta esa transición.

Lousteau utilizó la industria automotriz como ejemplo por sus conexiones con otras actividades manufactureras y tecnológicas. El desarrollo de un sector puede abrir oportunidades en otros, siempre que existan capacidades para aprovechar esos vínculos.

Para sostener ese proceso, consideró fundamental que los Estados puedan evaluar sus políticas y corregirlas. Al referirse a las reformas chinas, recordó la idea atribuida a Deng Xiaoping de “cruzar el río tanteando las piedras”: avanzar mediante pruebas y ajustar las decisiones a partir de sus resultados, en lugar de aplicar cambios sin considerar las condiciones existentes.

La experiencia de Japón, Corea del Sur, Taiwán y China muestra, en la interpretación de Lousteau, que el desarrollo industrial no depende de una única medida. La productividad agrícola, la protección condicionada a las exportaciones y el crédito dirigido formaron parte de estrategias que cada país adaptó a sus circunstancias. El desafío consiste en que la intervención estatal permita aumentar la productividad, incorporar tecnología y construir empresas capaces de competir en los mercados internacionales.

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