
La constructora Esuco, una de las empresas más tradicionales del sector de infraestructura en la Argentina, inició un proceso de concurso preventivo con el objetivo de reestructurar su situación financiera y negociar con más de 800 acreedores. La decisión quedó bajo la órbita del Juzgado Nacional en lo Comercial N°28 y marcó un nuevo capítulo para una firma fundada en 1948 que participó en algunas de las obras más importantes del país.
La empresa llegó a esta instancia en medio de una compleja situación económica. Según trascendió, fue severamente afectada por la paralización de la obra pública nacional, la caída de nuevas licitaciones, el aumento de los costos de construcción, el encarecimiento del financiamiento y un conflicto con Energía Argentina (Enarsa) por contratos vinculados a obras estratégicas para el sistema energético.
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Según la información difundida por la propia empresa en su presentación ante la Justicia, la compañia registró pérdidas por $6.206 millones durante 2024, mientras que sus ingresos sufrieron una caída real de 23,7%. El deterioro de los resultados impactó sobre la estructura de la compañía y derivó en una fuerte reducción de personal.
Los números reflejaron la magnitud de la crisis. La plantilla de trabajadores pasó de 397 empleados en junio de 2025 a apenas 70 en abril de 2026. La disminución superó el 80% y acompañó el retroceso de la actividad de la empresa en un contexto adverso para el sector de la construcción.
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La apertura del concurso preventivo apuntó a ordenar el pasivo y establecer un marco de negociación con los acreedores. Este mecanismo judicial permite a las empresas continuar operando mientras buscan alcanzar acuerdos para reestructurar sus obligaciones financieras.
El caso de Esuco, empresa fundada por el ex titular de la Cámara de la Construcción, Carlos Wagner, adquirió relevancia por la trayectoria de la compañía dentro de la industria de la construcción. Desde su fundación en 1948, la firma participó en más de 500 obras vinculadas con infraestructura, energía, saneamiento, transporte e hidráulica. Wagner presidió la entidad entre 2004 y 2012, un período marcado por la fuerte expansión de la inversión pública nacional.
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Su nombre volvió a ocupar el centro de la escena pública en 2018, cuando declaró como imputado colaborador en la causa conocida como los Cuadernos de las Coimas. Allí contó acerca del presunto funcionamiento de un sistema de recaudación ilegal que involucró a funcionarios y empresarios contratistas del Estado.
Entre los proyectos más conocidos en los que intervino Esuco, aparecen la represa de Yacyretá, el aeropuerto de El Calafate, la planta depuradora de Berazategui, el Gasoducto del Noreste Argentino y distintas obras energéticas e hidráulicas desarrolladas en varias provincias del país.
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La empresa sostuvo que parte de sus dificultades financieras se relacionaron con el escenario que atravesó la actividad de la construcción y con la reducción de la inversión pública en infraestructura. También señaló la existencia de créditos pendientes de cobro vinculados con obras ejecutadas para el Estado.
Entre los argumentos que Esuco presentó ante la Justicia para explicar su cesación de pagos aparece un conflicto con Energía Argentina (Enarsa) vinculado a dos contratos energéticos: la construcción de la Planta Compresora Mercedes y las obras de adecuación de las plantas compresoras asociadas a la Reversión del Gasoducto Norte.
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Se trata de uno de los proyectos energéticos más relevantes de los últimos años. La reversión del Gasoducto Norte tiene como objetivo aumentar la capacidad de transporte de gas desde Vaca Muerta hacia las provincias del norte del país, con el fin de reemplazar de manera gradual las importaciones provenientes de Bolivia.
Según la presentación judicial de la constructora, la ejecución de esos trabajos enfrentó una serie de inconvenientes que afectaron el desarrollo de los contratos. La empresa señaló “demoras en la aprobación de certificados de obra, redeterminaciones de precios, autorizaciones técnicas e ingresos de mercadería”, factores que, de acuerdo con su planteo, la obligaron a financiar una porción cada vez mayor de los proyectos con recursos propios y mediante endeudamiento bancario.
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Esuco sostuvo además que esas demoras tuvieron un impacto directo sobre sus finanzas. En particular, afirmó que el contrato correspondiente a la Reversión del Gasoducto Norte le provocó perjuicios económicos por aproximadamente $3.700 millones. A eso sumó créditos pendientes de cobro vinculados a distintos contratos energéticos por más de $53.900 millones, una cifra que la empresa considera determinante para explicar el deterioro de su situación financiera.
La constructora también indicó que la acumulación de certificados impagos y las dificultades para acceder a nuevas fuentes de financiamiento complicaron la continuidad de los trabajos en las condiciones previstas originalmente. De acuerdo con su presentación, durante el segundo semestre de 2025 enfrentó crecientes obstáculos para sostener el financiamiento de las obras, en un contexto de tasas de interés que llegaron a superar el 100% nominal anual.
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La solicitud de concurso preventivo apareció después de varios meses de deterioro económico. La caída de ingresos y el incremento de las pérdidas afectaron la capacidad operativa de la empresa y llevaron a la búsqueda de una solución judicial para encauzar la negociación con acreedores.
Freno de la obra pública
El proceso también puso el foco sobre la situación del sector de la construcción. Durante los últimos años, numerosas empresas vinculadas a la obra pública enfrentaron una menor actividad y una reducción de proyectos de infraestructura. En ese marco, las compañías debieron revisar estructuras, costos y niveles de empleo.
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En el caso de Esuco, la reducción de personal constituyó uno de los indicadores más visibles de la crisis. La firma pasó de contar con casi cuatrocientos trabajadores a una dotación cercana a las siete decenas de empleados en menos de un año.
El procedimiento judicial abrió una etapa de verificación de créditos y negociación con quienes mantienen acreencias contra la empresa. El universo de acreedores supera los 800 casos, una cifra que muestra la dimensión de las relaciones comerciales construidas por la compañía a lo largo de décadas de actividad.
La historia de Esuco dentro del mercado argentino se extendió durante casi ocho décadas. A lo largo de ese período, la empresa desarrolló obras en distintos segmentos de infraestructura y participó en proyectos considerados estratégicos para el país.
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