
El mercado se cargó de rumores el viernes, a partir de un altísimo volumen negociado en futuros de dólar. Pese a que fue una jornada muy positiva para las acciones argentinas y el riesgo país cayó levemente, el Banco Central vendió una cifra récord este año: USD 474 millones.
En el medio, hubo versiones para todos los gustos: algunos indicaban que muchos inversores esperan que luego del acuerdo con el FMI se abandone el esquema cambiario para avanzar con una flotación sucia y un sistema de bandas con piso y techo para el dólar. Otros aseguraban que fueron los bancos los que salieron a dolarizarse a través de instrumentos financieros sintéticos. También se mencionó el desarme de créditos en dólares, lo cual tendría impacto negativo en las reservas.
Desde el equipo económico dejaron correr todas las versiones y prefirieron no salir a contestar. “Está todo muy encaminado con el FMI, no vale la pena salir a aclarar nada, pero ninguna versión tiene sentido”, explicaron.
Más allá del DNU publicado esta semana, la extensión de las negociaciones con el Fondo tienen lógicamente inquieto al mercado. Crecen las dudas respecto al uso que realmente se le podrá dar al desembolso que apruebe el organismo y tampoco se conoce la magnitud del mismo.
Existen todavía muchos interrogantes sin respuesta. “Uno de los puntos más importantes del acuerdo será el nivel de reservas netas que se compromete a alcanzar el Gobierno. Si el nivel estipulado para los próximos trimestre es muy alto, entonces significa que podría haber cambios más o menos rápidos por ejemplo en el dólar blend, para permitirle al Central comprar más dólares”, ejemplificó Pablo Goldín, economista de Macroview.
Un informe de Barclays advirtió que si continúa el esquema que le permita a los exportadores liquidar un 20% a través del contado con liquidación, entonces las reservas netas podrían terminar el año con un rojo superior a los USD 15.000 millones, ya que se trata de dólares que no entran por el mercado oficial. Sería una cifra peor que la entregada por el kirchnerismo a fines de 2023. En el medio, por supuesto, hubo y seguirá habiendo millonarios pagos de deuda que tienen un impacto negativo.

Mala onda
Es un momento de mala onda con el Gobierno, luego de la luna de miel del 2024, dicen en el mercado local. “En general los operadores están mucho más nerviosos, hablan de un posible salto del tipo de cambio y cada vez son más los que quieren cubrirse. No hay ahora tanta confianza ni con el Presidente ni con el equipo económico, pero todo tiene que ver la falta de precisiones respecto al acuerdo con el Fondo”, señalaba ayer uno de los principales operadores de bonos.
El repunte de la inflación de febrero hasta 2,4%, publicado por el Indec el viernes, agrandó las dudas sobre la continuidad del esquema cambiario. Sucede que el índice continúa creciendo a un ritmo de “2 y pico” mensual hace ya seis meses, mientras la suba del dólar oficial desde el mes pasado es del 1% y la economía se sigue encareciendo en dólares.
Javier Milei dio su versión sobre el rebote: “En febrero pesó el aumento de la carne, pero si se excluyera este rubro el índice hubiera sido de 1,8 por ciento. En marzo también hay factores estacionales que juegan, pero esperamos que el 2% se perfore en abril o mayo”. La suba del rubro “alimentos y bebidas” fue de 3,2%, la más alta de los últimos seis meses.
Esto significa que la expectativa del Gobierno es que continúe el sendero de desinflación, pero un poco más lento de lo que se había esperado luego de la baja del impuesto PAIS y la reducción a la mitad del ritmo del ajuste del tipo de cambio oficial. Las consultoras comenzaron a revisar al alza sus pronósticos de inflación anual, ubicándose en muchos casos arriba del 30% para todo 2025, cuando hasta hace un mes proyectaban solo 25 por ciento.
Una de las incógnitas que sobrevuela es si los dólares financieros “aguantarán” en estos niveles de alrededor de $ 1.240 en los próximos meses. O si la mayor presión compradora que se espera para los próximos meses podría aumentar la brecha cambiaria a medida que se acercan las elecciones legislativas. En general se considera muy difícil que quede por debajo del 15%, como ahora.
Inflación y anuncio
En este contexto, el ministro de Economía, Luis Caputo, avanzó con una medida de alto impacto para la industria local: la rebaja de aranceles para las importaciones de indumentaria, calzado y telas. No es casual que lo haya anunciado el viernes a la tarde, apenas un rato después de haberse conocido el dato de inflación de febrero.

El equipo económico apuesta a una verdadera ola de importaciones para aumentar la oferta de bienes y acelerar el proceso de desinflación.
Quienes operan en comercio exterior aseguran que facilidades para importar como ahora no se veían desde la época de la Convertibilidad y son superiores al esquema vigente durante el gobierno de Mauricio Macri.
Hay varios aspectos que confluyen: la eliminación del impuesto PAIS a fin de 2024 que se cobraba a todas las importaciones, la desaceleración del ajuste del tipo de cambio oficial y ahora la baja de aranceles. Son medidas claves para aceitar el ingreso de productos importados. Queda todavía un plazo de 30 días para acceder al mercado oficial que complica a las Pyme que precisan importar insumos, pero se espera que esta traba también sea removida a medida que se vaya relajando el cepo cambiario.
Decenas de empresarios están viajando a China a mediados de abril, como no sucedia hace muchos años. Se trata de una gigantesca Feria con todos los rubros imaginables: desde ropa hasta juguetes, pasando por muebles, electrodomésticos y hasta casas prefabricadas.
La cámara de la indumentaria ya salió a advertir sobre el duro impacto que tendrá en el sector, que emplea a más de medio millón de personas. Pidieron una baja de impuestos para equilibrar la cancha. “Tenemos que competir con productos que se producen en países que tiene una carga impositiva sustancialmente menor a la nuestra”, señalaron a través de un comunicado.
Pero Milei ya había marcado la cancha en su discurso ante la Asamblea Legislativa y defendió con firmeza el modelo aperturista: “No nos preocupa si algunas empresas se terminan fundiendo por su incapacidad para competir, porque la consecuencia serán precios más bajos para la gente. Y si hay caída de puestos de trabajo será temporal, porque habrá otras empresas que los van a crear”.
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