El 2024 termina mejor de lo que la gran mayoría de los analistas esperaba hace 12 meses. Se logró mantener durante todo el año el superávit fiscal, bajó la inflación a menos de 3% mensual y la brecha cambiaria finalizó por debajo del 10 por ciento. El Banco Central, además, logró sostener el ajuste gradual del tipo de cambio oficial al 2% durante todo el año, cuando el pronóstico era que solo duraría hasta marzo o a lo sumo abril.
La apreciación cambiaria fue uno de los aspectos más destacados y a su vez sorprendentes del año a punto de concluir. De modo bastante acelerado, llevó a que la Argentina se volviera mucho más cara en dólares. Los dólares financieros subieron solo 18% en 2024, contra una inflación que va a terminar en cerca de 120 por ciento.
Lo que vaya a suceder con el tipo de cambio es uno de los temas que más divide hoy a los analistas económicos. Y vuelve a ser una de las grandes incógnitas entre los CFO de las empresas. ¿Qué sucederá finalmente con el comportamiento del dólar en 2025? ¿Hay margen para una mayor apreciación cambiaria o por el contrario habrá una corrección alcista que permita llevar alivio a sectores productivos que no pueden competir con este tipo de cambio y sin brecha?
Los márgenes del campo hace tiempo que vienen mal, pero esto era compensado con negocios financieros. Es lo que se cortó ahora (Fernando Marull)
El default del grupo Los Grobo, uno de los más emblemáticos del sector agropecuario, despertó nuevos interrogantes sobre el actual esquema cambiario. Con un precio de la soja debajo de los USD 300, retenciones que se mantienen al 33% y un dólar que se viene atrasando en términos reales, para muchas empresas la sostenibilidad se puso cuesta arriba.

El economista Fernando Marull lo plantea así: “Los márgenes del campo hace tiempo que vienen mal, pero esto se vio compensado con negocios financieros como la brecha, compra de insumos al dólar oficial, préstamos subsidiados, acopio y oferta de crédito en dólares para cobertura. Es lo que se cortó ahora”.
Es evidente que muchos productores optaron por quedarse con parte de la cosecha en silobolsas. En vez de vender prefirieron mantener stocks y fueron sorprendidos en los últimos meses por caída del tipo de cambio nominal (algo muy raro en Argentina) y, a la vez, una fuerte disminución de los precios de la soja.
Seguramente esto dará lugar a una incipiente pulseada entre el campo y el Gobierno. No habrá pedidos de devaluación, pero sí de baja de retenciones como una forma de compensar este escenario adverso que mezcla caída del tipo de cambio nominal y disminución de los valores de la próximo cosecha.
La reacción del Gobierno en la segunda quincena de diciembre dejó en claro que por ahora la intención es mantener un control estricto sobre el tipo de cambio. Cuando los dólares financieros empezaron a tomar velocidad, salió el Central con ventas por más de USD 500 millones para mantenerlo a raya. El objetivo del equipo económico quedó bien explictado: que la brecha cambiaria no se dispare más allá del 10%.
Fase 3
En su informe sobre “Objetivos y planes para 2025″, el BCRA anunció que se acerca la “Fase 3″ del plan económico. “En la medida que la inflación continúe desacelerándose, se podrá ajustar el deslizamiento del tipo de cambio y, eventualmente, ir a un esquema de mayor flexibilidad una vez que las expectativas de inflación se encuentren bien ancladas y que el superávit fiscal cumpla con plena potencia su rol de ancla fundamental de la economía”.
El tono deja en claro que la mayor liberación del mercado cambiario será lenta y posiblemente el Gobierno se tome todo el año para desandar las restricciones que hoy están vigentes. A todas luces, la salida del cepo no es inminente.

La flotación cambiaria no es una posibilidad por el momento, teniendo en cuenta que las reservas netas se mantienen en un rojo de más de USD 5.000 millones que se profundizará tras el pago de los vencimientos de deuda del 9 de enero, en torno a USD 4.500 millones.
La mayor liberación del mercado cambiario será lenta y posiblemente el Gobierno se tome todo el año para desandar las restricciones que hoy están vigentes
En resumen, la pregunta que queda en el aire es si el Gobierno tendrá margen para controlar al dólar como viene haciendo hasta ahora. El “escenario base” que hoy manejan las principales Alycs y bancos locales es que a lo sumo los dólares financieros se moverán a un ritmo parecido a la inflación o bien subirán por segundo año consecutivo por debajo del aumento de precios.
El Gobierno confía en que los dólares de la cosecha gruesa aún con condiciones menos competitivas, el superávit energético, colocaciones de deuda de empresas y la llegada de inversiones por el RIGI serán claves para mantener tranquilo al tipo de cambio. Sobre todo pensando en la incertidumbre que se suele apoderar del mercado previo a las elecciones legislativas.

El propio Javier Milei reconoció hace menos de un mes su preocupación por la apreciación cambiaria. “No podemos dejar que el tipo de cambio siga cayendo porque hay sectores que se van a la quiebra”. Ese vaticinio amenaza con transformarse en realidad, pero posiblemente en uno de los sectores menos esperados por estar entre los más competitivos, como es el agro.
Para el último trimestre de 2025 vamos a ver índices de inflación inferiores al 1% por mes. Y en 2026 tendríamos que estar en un dígito anual (Juan Manuel Pazos, Consultatio TPCG)
Las proyecciones para el 2025 parecen más claras en otras variables. Por ejemplo, la desinflación se tomará un descanso en diciembre, pero seguramente retomará en el primer trimestre del año próximo. Juan Manuel Pazos, economista jefe de Consultatio TPCG, dejó un vaticinio sorprendente: “Para el último trimestre de 2025 vamos a ver índices de inflación inferiores al 1% por mes. Y en 2026 tendríamos que estar en un dígito anual”.
La economía también tiene todas las condiciones para encaminarse a un año de fuerte repunte. Ahora la proyección que hizo el Gobierno en el proyecto de Presupuesto 2025 luce incluso conservadora: el 5% sería a esta altura más un piso que un techo. La pregunta en todo caso es si esta mejora se sentirá en todos los frentes o se concentrará solo en algunos sectores como sucedió este año.
La recuperación del salario real y la expansión del crédito auguran que el consumo también será parte del rebote de la actividad el año próximo. El aumento de apenas 1% de las ventas navideñas que reporto CAME respecto al año pasado dejó en evidencia que aún hay mucho camino por recorrer.
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