
La devaluación del real brasileño, que superó las 6 unidades por dólar en la última semana y acumula 10% desde octubre, amenaza en convertirse en una dificultad imprevista para la contundente recuperación económica de la Argentina que proyecta el Gobierno para el próximo año.
A corto plazo, quedó en evidencia durante la última semana, el mercado financiero local no muestra signos de contagio.
Mientras la región enfrenta volatilidad desde la victoria de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos -lo que agravó las dificultades de la economía brasileña-, el peso argentino se apreció y los activos financieros mantuvieron un desempeño firme.
Sin embargo, si Brasil no logra frenar la corrida cambiaria y recuperar la confianza de los inversores, las alarmas podrían encenderse también en la Argentina.
Con todo, el principal riesgo a enfrentar no parece ser la devaluación del real. Después de todo, el Banco Central de Brasil tiene reservas por más de USD 370.000 millones y su deuda en dólares es manejable. De hecho, el desafío que enfrenta está atado a su alto volumen de deuda en moneda local, producto de un desequilibrio fiscal en torno a 9% de su PBI.
Un aumento de la tasa de interés para contener la depreciación del real podría deteriorar aún más las cuentas públicas y alimentar un círculo vicioso de desconfianza de los mercados.

En el marco de una inflación alta, el verdadero fantasma tanto para Brasil como para la Argentina es el de la recesión.
Aunque las proyecciones internacionales anticipan solo una desaceleración del crecimiento brasileño para 2025 (de 3,2% a 2,8%), una profundización de la crisis o un ajuste fiscal severo podría derivar en un claro enfriamiento de la economía.
Esto impactaría directamente en la Argentina, siempre dependiente de las exportaciones a su principal socio comercial, y podría abrir la puerta a un aluvión de productos importados, ya que la industria brasileña buscaría colocar sus excedentes en sus socios comerciales.

“Lo que más preocupa del panorama que está enfrentando Brasil es una posible recesión. En el frente financiero no nos está pegando, pero de profundizarse las dificultades, podemos tener impacto en la economía real”, opinó el economista Fernando Marull.
Es que la depreciación del real hace que los productos argentinos se vuelvan más caros para los brasileños, con un tipo de cambio real bilateral que ya está en niveles mínimos similares a los de los últimos años de la Convertibilidad.
La devaluación brasileña de 1999, que debilitó el régimen de tipo de cambio fijo en la Argentina, es un antecedente que resuena, aunque el contexto actual sea diferente.
Sectores clave como el automotriz, el agrícola y el manufacturero podrían verse perjudicados por una menor demanda brasileña, lo que pondría en jaque el objetivo del Gobierno argentino de alcanzar un crecimiento del PBI del 5% en 2025, a pesar de las buenas perspectivas que asoman hoy en el horizonte para el equipo económico.
Paralelamente, un aumento en las importaciones de bienes brasileños, más baratos por la depreciación del real, podría consolidar un déficit en la balanza comercial bilateral.
Este fenómeno, aunque potencialmente beneficioso para la desinflación, tendría costos en términos de actividad industrial local. “Un escenario de demanda débil y mayor competencia externa con un dólar bajo podría llevar a una mayor dependencia de las importaciones”, advirtió un informe de Abeceb.
Según la consultora, esto forzaría a las empresas argentinas a replantear su modelo de producción frente a la disyuntiva de fabricar o importar.
El impacto más inmediato podría observarse en el turismo. Con un peso argentino fortalecido frente al real, los viajes a Brasil ganarían atractivo, incrementando el déficit del sector, que este año rondaría los USD 8.000 millones, en gran parte por paquetes turísticos y consumos en el vecino país.
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