
En un contexto dinámico de creciente complejidad tecnológica, en el que la Inteligencia Artificial (IA) se ha convertido en el exponente más visible de esta evolución, y cuyo impacto sobre la sociedad, la economía y el medioambiente es cada vez más palpable, la necesidad de adoptar enfoques humanistas y éticos se ha vuelto imperativa, así como el valor de quienes hacen posible su extensión e implantación. El humanismo tecnológico se presenta como un componente determinante para asegurar que la evolución de la tecnología genere una marca positiva sobre personas, organizaciones y el planeta en su conjunto.
Los avances tecnológicos están siguiendo una senda de crecimiento exponencial, condicionando la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. La IA, el aprendizaje automático y otras tecnologías emergentes tienen el potencial de revolucionar nuestras vidas de muchas maneras. La tecnología debe desarrollarse y usarse movida por aquellos valores que contribuyan a que avancemos como seres humanos, protegiendo derechos y libertades y teniendo siempre presente su impacto en el entorno.
La adopción de una visión centrada en las personas se vuelve aún más crucial en un entorno dinámico. En el caso específico de la IA, el enfoque humanista es el que está promoviendo la adopción de estándares que garanticen su uso transparente y ético. Este enfoque se traduce en la promoción de la cooperación entre diferentes actores del ecosistema tecnológico y en el establecimiento de normativas claras de gobernanza, que, entre otros temas, protejan los derechos y la privacidad de las personas.
No es fortuita la aparición de diversas voces que reclaman tutelar de forma consciente las nuevas tecnologías para asegurarnos un uso óptimo de las mismas. Nos referimos a movimientos como la IA responsable, a modo de esfuerzo global que aboga por el desarrollo y uso ético de esta tecnología, que se ha concretado en iniciativas como el Libro Blanco sobre la IA de la Unión Europea o el primer marco ético sobre Inteligencia Artificial de la Unesco.
La tecnología está contribuyendo de forma clara al progreso y mejora de la calidad de vida de muchas personas. Los ejemplos son continuos y algunos de gran impacto, como el uso de la IA para desarrollar nuevos tratamientos médicos, mejorar la educación o crear nuevas oportunidades económicas. También puede emplearse para promover la equidad y la inclusión, abriendo nuevas oportunidades para el acceso al conocimiento o al empleo, independientemente del origen, género, raza o religión de las personas. La contribución de la tecnología para la protección del medio ambiente es otro ejemplo, ya que permite el desarrollo de nuevas formas de energía limpia, reduciendo la contaminación y conservando los recursos naturales.
Ligado a estos avances de gran calado, hay un último factor que, en Seidor, consideramos que debemos tomar cada vez en mayor consideración y que, hasta cierto punto, es comprensible que haya quedado relegado a un segundo plano. Se trata de que, desde las compañías tecnológicas, demos visibilidad a los avances y sepamos hacerlos comprensibles. Debemos ser capaces de dar a conocer el trabajo que desempeñamos, todos aquellos que contribuimos a su implantación y penetración en los diferentes niveles de la sociedad.
En definitiva, al reconocer la aceleración tecnológica como un fenómeno que define nuestro presente y también moldea nuestro futuro, desde el sector tecnológico debemos optar por liderar este enfoque con responsabilidad. Esto implica adoptar principios éticos como guía y, al mismo tiempo, comprometernos a ser transparentes y comunicativos, dando visibilidad a los avances tecnológicos que contribuyen a un futuro mejor para todos y todas. De esta manera, damos forma a la tecnología y también contribuimos activamente a una sociedad más informada, ética y equitativa.
El autor es Director en Seidor Argentina
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