
La caída de la designación –nunca confirmada- de Demian Reidel como futuro presidente del Banco Central (BCRA) fue otra expresión de las dificultades que tiene el armado económico del presidente electo, Javier Milei, para satisfacer 3 objetivos a la vez: contar con un programa y un equipo económico armónicos, dar respuesta rápida a los desequilibrios macroeconómicos –exceso de pesos, falta de dólares, desbordante déficit fiscal, explosiva “deuda remunerada” del BCRA- y mantener las promesas de dolarización y cierre del Central que subrayó en su campaña electoral.
La falta de acuerdo sobre esas dos promesas de campaña ya le costó el alejamiento de Emilio Ocampo, el primer elegido que había anunciado públicamente para presidir el Central, con la misión de cerrarlo.
Ocampo dio un portazo cuando Milei confió el armado del plan económico a Luis “Toto” Caputo, quien fue ministro de Finanzas y presidente del BCRA durante la presidencia de Mauricio Macri. Caputo señaló ante banqueros que no tiene en vista la dolarización y el cierre del BCRA.
Reidel, que tampoco es partidario de dolarizar, había emergido como número puesto para el Central, pero se bajó. Ahora, para conformar el binomio económico suena el nombre de Pablo Quirno, que acompañó a “Toto” tanto en Finanzas como en el BCRA, donde ya ejerció el cargo de director. Quirno cerró su teléfono y desde la Mesa Chica de Milei dicen que “están seleccionando la mejor dupla” posible y que el único que puede confirmar algo es el presidente electo.
En medio de tanta incertidumbre, este domingo Carlos Rodríguez, a quien Milei considera un sabio de la Economía, tiró fuerte contra Caputo, que tampoco está confirmado como ministro.
Disparen contra Caputo
Rodríguez, que ya se había cansado de ciertas excentricidades del mileísmo y renunció incluso a su condición de vocero informal para poder decir con libertad lo que piensa, criticó la idea central de Caputo para “desarmar” el stock de Leliqs, principal componente de la “deuda remunerada” del Central, ya superior a los 23 billones (millones de millones) de pesos.

Caputo, que ya se contactó con el FMI, apunta a un fuerte ajuste fiscal y a conseguir unos USD 15.000 millones –del Fondo o de inversores- para achicar el pasivo del Central y proveerlo de divisas, consolidar lo que quede a largo plazo y entonces sí levantar el cepo y avanzar hacia la unificación del mercado cambiario.
Rodríguez cuestionó hoy duramente ese camino. “Tomar deuda externa para pagar las Leliqs/Pases no será una medida compulsiva para los Bancos, pero SÍ será una medida compulsiva sobre el pueblo que tendrá que ajustar sus gastos por años para pagar esa nueva deuda externa. Propongo que se haga un plebiscito no vinculante sobre la conveniencia de tomar deuda externa para rescatar las Leliqs/Pases”, escribió en un primer posteo en la red X.
“Lo primero que hay que preguntarse es quiénes son los tenedores de las inversiones que respaldan esas Leliqs/Pases”, siguió. “La segunda pregunta es ¿para qué pagar 253% anual compuesto si total hay un cepo? Bajen la tasa! Y con eso bajarán la emisión de más Leliqs/Pases. Sería un comienzo”.
Despesificación
Según Rodríguez, que fue jefe de asesores de Roque Fernández cuando este fue ministro de Economía de Carlos Menem y que más que dolarización habla de “despesificación”, el BCRA “es una silla eléctrica, más ahora que está quebrado y llenó de sus pagarés a los bancos. Va a ser difícil encontrar un candidato capacitado”.
El economista cerró su hilo en la red social apuntando: “Requisito indispensable para presidir el BCRA es tener más de 70 años para usar tobillera. O cualquier edad y rescatar todos los pasivos emitiendo. Los que emiten jamás son demandados”.

Desarmar la “bomba” de las Leliqs y los “Pases” (deuda de aún más corto plazo), que crece a un ritmo del 10% mensual y una “tasa efectiva” superior al 250% anual, implica resolver varios desafíos a la vez. Descartados un “Plan Bonex” o un “reperfilamiento” compulsivos, que dañarían la solidez de los bancos y el patrimonio de los ahorristas, la solución de Caputo es, en apariencia, rápida, pero significaría cambiar deuda en pesos y a tasa negativa –el ritmo actual de inflación supera el 10% mensual- por deuda en divisas. A su vez, la idea de ir “licuando” esa deuda con tasa real negativa (inferior a la inflación) implica prolongar la cura, enfoque “gradualista” que Milei rechaza de plano y considera el pecado original de la gestión macrista.
Los bancos proponen dejar que la política fiscal baje la inflación y la tasa de interés, promueva una mayor demanda de dinero y permita así reducir el stock de Leliqs y Pases. De vuelta, como explicó hoy Infobae, esa es otra vía gradualista. Además de renunciar a la dolarización y el cierre del BCRA, Milei debería también resignarse a no abrir el cepo ni unificar el tipo de cambio en su primer año de gobierno, plazo excesivo para un presidente que necesitará resultados para ganar gobernabilidad.
Otra posibilidad, aún más jugada, es liberar el cepo y unificar el mercado cambiario “de una”. El riesgo: una fortísima devaluación que licúe las deudas en pesos (incluídas Leliqs y Pases). Esta salida, aplicada sobre ya muy altos niveles de pobreza, arriesgaría un descalabro social.
El reloj corre; en dos semanas asume el nuevo gobierno y con 23 billones de “deuda remunerada” del Central “corriendo” a una tasa efectiva de 253% anual, el monto en un año llegaría a 60 billones de pesos (a $1.000 el dólar, USD 60.000 millones), calculó el economista Ramiro Castiñeira. Un camino alternativo a la hiperinflación
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