
Si es por los números de la economía, a los que todos los políticos y politólogos suelen atribuirle una importancia determinante a la hora de definir elecciones, el desafío de Sergio Massa el próximo domingo 22 es inconmensurable. Al menos si se juzga por la variable más sensible desde esa perspectiva, que el propio ministro puso como prioridad de su gestión ante un grupo de economistas cercanos apenas asumió, al preguntar: “¿Cómo hago para recuperar el salario real?”. En vistas del menú de medidas que sus interlocutores le presentaron en ese momento como imprescindibles, el ahora candidato a presidente por el oficialismo entendió rápidamente que la misión era prácticamente imposible.
Un año después, las estadísticas lo reflejaron con toda crudeza. No sólo la evolución de los salarios no permitió una recomposición sino que, por la devaluación post PASO, la evolución de los salarios registrados que mide el RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables) borró cualquier tipo de mejora que podría haber logrado en meses anteriores.
De hecho, la semana pasada, el INDEC publicó su habitual índice de salarios para el mes de julio, mes en el que impactaron las cuotas de las paritarias, en en el que se destacó una suba que prácticamente duplicó la inflación del mes (12% a 6,3%), reflejando un mejora interanual mayor a los 3 puntos para los sueldos privados y unos 9 puntos en el caso de los salarios públicos.
Pero el RIPTE publicado ayer, un indicador que no es sustituto de índice del INDEC sino que fue creado a los fines de integrar la fórmula de movilidad jubilatoria pero que funciona como una clara señal al menos de tendencia, permite vislumbrar que en el mes de la abrupta corrección cambiaria y el consecuente fogonazo inflacionario, esa mejora quedó borrada de un plumazo.

De acuerdo a la estadística publicada ayer por el Ministerio de Trabajo, los salarios registrados crecieron 5,9% en agosto, 6,5 puntos por debajo de la inflación del período. Eso hizo que en términos anuales retrocediera 3,4 puntos en términos reales (el RIPTE acumula en el año un avance de 121% comparado con 124,4% de inflación) al mínimo de agosto del año pasado pero que, en comparación con 2019, la comparación sea incluso peor, casi 4 puntos por debajo de diciembre de 2019, período en el que la economía seguía absorbiendo el shock inflacionario de la devaluación post PASO de ese año.
Con una mirada política y con las elecciones a la vuelta de la esquina, para el oficialismo las comparaciones pueden empeorar. Según la estadística que monitorea mensualmente el coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma, Luis Campos, si se mide el nivel actual de salarios formales contra los vigentes en 2016 -otra vez, un año de fuertes correcciones cambiarias y de reacomodamiento de los precios relativos con la suba de tarifas esencialmente- la caída es de 20 puntos en términos reales.
“El salario real medido por el RIPTE tuvo una fuerte caída en agosto. Creció un 5,9% mensual contra una inflación del 12,4%, en términos reales está un 3,8% abajo de diciembre de 2019 y casi un 20% abajo de diciembre de 2016″, advirtió. Definitivamente, el desafío más grande a la hora de enfrentar los comicios y, a todas luces, la razón de fondo de todas las medidas para recomponer los ingresos dispuestas a partir del mes.
Aunque es probable alguna mejora a partir de esas decisiones, como el otorgamiento de la suma fija o la modificación en Ganancias, lo cierto es que el impacto, según los analistas, será acotado.
“Incluso con una suma fija, reaperturas constantes de paritarias y nuevas herramientas de ajuste, el salario real verificará una baja acumulada de 3,1% interanual para los trabajadores formales del sector privado. Por su parte, los informales saldrán peor parados, y prevemos una caída del 15,5% de su poder de compra en 2023. De igual manera, también se verificará una caída en los ingresos reales de los perceptores de la seguridad social”, proyectaron en la Fundación Capital. Es decir, el nivel salarial no sólo llega a las elecciones “en su peor momento” sino que también a fin de año el balance de los trabajadores volverá a acusar pérdida. Quién sabe si, el próximo año, tal vez logre darse vuelta la taba. La principales apuestas indican que eso luce difícil.
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