Con una fuerte resistencia del sector empresario, la Cámara de Diputados comenzó a debatir este martes la posible reducción de la jornada laboral, que actualmente es de 48 horas semanales y el oficialismo busca bajarla a 40 o 36 horas. Fueron citados, en la Comisión de Legislación Laboral que preside la diputada Vanesa Siley (Frente de Todos), abogados laboralistas, representantes sindicales, miembros de la UIA y la ministra de Trabajo, Raquel “Kelly” Olmos, con el fin de intercambiar visiones sobre la iniciativa, comenzar a debatirla y reunir consensos para presentar un proyecto en el recinto, ya que hoy son siete las propuestas que circulan por los despachos de los legisladores. El debate seguirá la semana próxima.
La productividad estuvo en el centro de la discusión. Mientras que desde el sector de los trabajadores se planteó que lograr mayores resultados en el empleo no implica una relación directa con la cantidad de tiempo que dure una jornada de trabajo y que trabajar menos horas podría redundar en una mejora de la productividad al final del día, desde la UIA se remarcó que sí podría complicarla, aún más de lo que está en comparación con otros países del mundo, inclusive de la región.
“Antes de adentrarnos en el debate, queremos poner en perspectiva que a nivel internacional, nuestro país está ante un enorme desafío de competitividad y productividad. La brecha de productividad y tecnológica que nos separa con los países desarrollados viene siendo cada vez mayor, especialmente tras la pandemia, donde otros países implementaron políticas y recursos muy agresivos para avanzar en el nuevo contexto global”, enfatizó, en el marco del debate, el vicepresidente del Departamento de Política Social de la UIA, Julio Cordero.
De acuerdo con el documento que llevó Cordero al Congreso, y al que tuvo acceso Infobae, en el sector de industria manufacturera, un estudio de CEPAL y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) observa que el crecimiento de la productividad entre 1970 y 2020 en la Argentina fue de apenas 30%, mientras que para el mismo período la productividad de Estados Unidos se multiplicó entre dos y tres veces.
Por otro lado, agrega el informe, “a pesar del crecimiento del empleo privado reciente (ocurrido desde 2021), apenas se logró superar la cantidad de trabajadores en el sector privado de una década atrás (4,1% de aumento respecto de 2012), mientras que el empleo en el sector público siguió creciendo (36,2%) y los monotributistas también (51,2%). Son también factores que explican la dificultad de incrementar la productividad en la última década”.
Desde la UIA reconocieron que muchos países a lo largo de los últimos años han modificado su legislación interna para reducir el número de horas trabajadas. Pero al mismo tiempo afirmaron que quienes han avanzado en ese camino lo han hecho de manera gradual y con estructuras socioeconómicas muy diferentes a las de la Argentina.

Los ejemplos mencionados son, en Europa, los de Alemania y Francia. El primero avanzó en la reducción de la jornada de 8 horas, pero lo hizo tras alcanzar un entramado industrial fuertemente productivo y competitivo, junto con fases de relocalización de la producción que se realizan en otros países, donde las jornadas siguen siendo superiores y las condiciones de trabajo, inferiores que en Alemania. Francia por su parte, avanzó con la medida pero no llegó a la implementación efectiva debido a varios conflictos suscitados en algunas actividades. En cuanto a la región, la UIA citó a Venezuela como el único país latinoamericano que avanzó en el proceso, y “aún así, no detenta mejoras en los niveles salariales, de empleo, ni de productividad, sosteniendo altas tasas de pobreza e informalidad”.
La preocupación por estos proyectos de ley fue expuesta también por los presidentes de la UIA, Daniel Funes de Rioja, y de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires, Martín Rappallini, en el marco del evento “Somos industria”, que organizó la entidad bonaerense ayer en Costa Salguero. “Hoy empieza a tratarse en el Congreso un proyecto para reducir la jornada laboral. Esto no ha tenido éxito en el mundo; no ha contribuido a mejorar la productividad. Además, estos temas se discuten en las negociaciones colectivas de trabajo”, aseguró Funes de Rioja, al tiempo que les pidió a los legisladores que no sigan con este tipo de iniciativas porque serán cada vez menos los trabajadores formales. Sobre el tema, Rappallini había manifestado, minutos antes, que la propuesta es un “contrasentido porque en la Argentina se necesita trabajar más horas, no menos, para salir adelante”.

Sobre la cuestión de “conciliar la vida personal con la laboral”, una bandera que levantan los defensores del proyecto como argumento, Cordero planteó en el Congreso que así como apoyan esa conciliación, también la necesidad de generar nuevos puestos de trabajo. “Y lo cierto es que la reducción de la jornada laboral por sí sola no necesariamente va a resolver esta necesidad de balance ni generación de nuevos puestos de trabajo. La duración de la jornada laboral no es el único factor que afecta esta conciliación”, dijo.
Otro punto que levantó la UIA fue que esta discusión, si se diera, tendría que ser gradual y en el marco de las negociaciones colectivas de cada actividad, ya que, por ejemplo, hay casos de empresas con ciclos continuos en donde si la jornada laboral tuviera un límite menor a 40 horas, se afectarían gravemente los sistemas de turnos que permiten el trabajo de manera continua y que hoy son pautados en los convenios en acuerdo con los sindicatos.
Por otra parte, el documento sostiene que la normativa actual establece el horario de 48 horas como máximo, pero no dispone que sea el tiempo de trabajo obligatorio. “De hecho -agrega-, existen varias actividades y convenios que plantean jornadas inferiores, y hay estudios comparados de la OIT que señalan que, en Argentina, en efecto la cantidad de horas semanales de trabajo efectivas, en promedio, alcanza las 34,6 horas”.
Para los empresarios, de aplicarse este cambio debería hacerse de forma gradual para que las empresas y el mercado de trabajo puedan adecuarse a las nuevas modalidades. Lo mismo planteó la ministra de Trabajo durante su exposición.
En cuanto al salario, desde la UIA consideran que el salario tiene correlato directo con la productividad y se aboga por pagar las horas que se trabajan. “En los últimos años de crecimiento de nuestro sector, no sólo hemos incorporado más empleados, sino que hemos pagado horas extras y bonos. Ahora bien, ante un contexto cambiante de desaceleración de la actividad económica y caída del consumo, no resulta conveniente avanzar en una legislación que afecte a la baja el salario, en la medida de que si se reduce la jornada, se reducirá el salario acorde”, dijo, contundente, la UIA.
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