
En los últimos 35 años la Argentina atravesó múltiples escenarios económicos. Hubo tiempos de crisis y de bonanza, dos hiperinflaciones y 10 años sin inflación con la convertibilidad, decenas de sistemas cambiarios y también gestiones económicas de diferente signo político. El precepto de incentivar las exportaciones con valor agregado para acceder a más divisas y mejores empleos se repitió hasta el cansancio. Lo cierto es que desde fines de los 80s las únicas exportaciones que crecieron en forma sostenida en la Argentina fueron las de productos primarios.
“Si bien en la sociedad argentina hay consenso sobre que la exportación es un elemento fundamental y necesario para su bienestar, es también necesario que esto se traduzca en un conjunto de políticas coordinadas al más alto nivel del ejecutivo como una visión de crecimiento a través del sector externo”, explican un informe de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA) al que accedió Infobae.
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El reporte muestra con claridad la primarización del comercio exterior argentino. La exportación de commodities, con el agro a la cabeza, es la única que ha crecido sistemáticamente en cantidades exportadas, más allá de las fluctuaciones de los precios internacionales y de cierta volatilidad esperable en ese período de tiempo.
En el caso de las manufacturas de origen agropecuario, la diferencia entre precios y cantidad es muy llamativa. Tras una década de crecimiento, desde 2007 se mantuvieron estancadas, aún cuando los precios se fortalecieron con intensidad en más de una ocasión.
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Otro ejemplo es el de las manufacturas de origen industrial, que crecieron hasta alcanzar un pico entre 2010 y 2011, en coincidencia con el endurecimiento de las restricciones cambiarias. En ese punto, también iniciaron también un ciclo de estancamiento que lleva más de una década.
El informe de la CERA también menciona el caso de los combustibles y lubricantes, que lleva más de 15 años de estancamiento a pesar de haber cruzado etapas en las que se desaprovecharon buenos precios.
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El diagnóstico sobre la primarización del comercio exterior tiene varias aristas. “Un producto económicamente complejo requiere de mayor servicio asociado, mayor consistencia y menor incertidumbre por parte de su proveedor. El factor precio incide menos que un producto primario. El sesgo anti exportador de muchas políticas a lo largo de estos años ha impedido que la Argentina sea un proveedor atractivo” apuntó el informe.
Por otra parte, también impacta sobre el poco valor agregado de las exportaciones los tratados de la Argentina con otros países o bloques: “Los acuerdos de comercio son, en el fondo, el camino hacia la inversión recíproca. La formación de cadenas de valor es de inversión extranjera directa y se construye a partir de estos acuerdos complejos”.
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Emblocados y perdiendo mercados
Para la CERA, la Argentina tiene “un enorme atraso con un Mercosur estancado”. Cuando se creó el bloque, ese vínculo comercial daba a la Argentina acceso al 16% de los 35 acuerdos de comercio existentes en la época. Mientras la Argentina quedó en esa posición, los acuerdos ya son 350. De esa forma, “la Argentina pasa a casi estar sin vínculos, apenas participa en el 2% de los acuerdos existentes”.
En ese proceso, la participación del país en el comercio internacional cayó a solamente el 0,34%. El deterioro se produjo tanto en la falta de valor agregado como en la cantidad.
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“Para poder competir eficientemente, y en particular para el país más austral, alejado de los centros de consumo, el tránsito marítimo es fundamental, por su bajo costo y su baja huella ambiental. Aquí es donde el círculo vicioso encuentra su cierre. Los productos complejos, con valor agregado, están vinculado con tránsito en contenedor”, explicó la CERA.
Flanco débil
Y allí apareció otro flanco débil. Entre 2000 y 2018, el tránsito en contenedor en el mundo se triplicó mientras en la Argentina, en función de los factores mencionados, apenas aumentó un 40%. Ahora bien, el 80% de ese tránsito en contenedor sale por el puerto de Buenos Aires, considerado obsoleto puesto que su calado no permite el ingreso de barcos de nueva generación: “Esto impacta en un absurdo: el 26% de los contenedores que entran y salen del puerto de Buenos Aires estaban vacíos. O peor aún, que se necesario hacer trasbordo en otros puertos de la región agregando costos, tiempo e incertidumbre”.
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La CERA concluye que es evidente que hay temas “estructuralmente contrarios a la exportación y que casi ningún país aplica”, como las retenciones o la devolución de impuestos en el tiempo como es el caso del IVA, entre otras cosas: “Aplicar impuesto PAIS a los fletes, o a los insumos y partes que necesito para producir y exportar, anteponer permisos sin un criterio conocido para aprobar el pago de servicios relacionados con la exportación, al extremo de no poder pagar los fletes en el país, son algunos ejemplos”.
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