
El principio de acuerdo anunciado por el FMI y la Argentina estuvo lejos de convencer a los inversores. Se notó una redacción a las apuradas y casi de compromiso para ayudar al Gobierno a enfrentar la semana con alguna noticia, pero faltaron muchas precisiones. Los anuncios de medidas cambiarias sustentadas en mayor presión impositiva tampoco tuvo el impacto esperado, como lo reflejó la suba del dólar libre, que por primera vez superó la barrera nominal de los 550 pesos.
El propio Sergio Massa tuvo que salir a aclarar que el próximo desembolso del FMI llegaría recién a mediados de agosto. Eso implica que la semana que viene el Central debería usar más de USD 3.200 millones de sus exiguas reservas para enfrentar los vencimientos con el organismo. Ni siquiera se terminó de redactar el “staff report”, que habilitaría el tratamiento del nuevo desembolso por parte del directorio del Fondo. Con reservas que siguen en caída libre y una emisión monetaria que se acelera por el aumento del déficit fiscal (arriba de $ 600.000 millones solo en junio), no es sorpresa la renovada presión cambiaria desde el inicio de julio.
En lo que va del mes, el dólar ya subió casi 12%, bien por encima de la inflación proyectada. De esta forma, salió de la “plancha” que venía haciendo desde fines de abril, cuando rozó por primera vez los 500 pesos. No se puede hablar, sin embargo, de un “desborde”. El tipo de cambio viene en realidad acompañando a la inflación en lo que va de 2023: en el año trepa cerca de 58%, que es lo que aproximadamente acumulará el índice de precios en siete meses.
La proximidad de las PASO juega lógicamente un rol clave en las expectativas de los inversores. La mayoría de las sociedades de bolsa habían recomendado cautela a sus clientes al inicio de mes y recomendaron un desarme de las posiciones en pesos, a pesar de las altas tasas de interés. No se equivocaron: el “carry trade”, es decir obtener una ganancia en moneda local a partir de la estabilidad del dólar, fue un pésimo negocio en lo que va del mes.
El recuerdo del brutal impacto que provocaron las PASO 2019, con una histórica baja en el precio de los activos el día posterior, sigue presente en la memoria de los inversores. Por lo tanto, es lógico que muchos opten por tomar medidas defensivas. La dolarización de carteras en la previa a un proceso electoral es algo habitual en la Argentina y el momento actual no es la excepción.
A menos de tres semanas, subsiste un alto grado de incertidumbre sobre quién será el candidato presidencial de Juntos por el Cambio, a cuánto puede ascender el apoyo al propio Massa o cuál será finalmente el peso de Javier Milei. Todo esto contribuye a esperar la evolución de las elecciones primarias con cautela. Y comprar dólares suele la forma habitual elegida por los argentinos para hacerlo.

Este movimiento cambiario llega en el peor momento para Massa, que precisaba la mayor estabilidad posible para enfrentar las elecciones primarias y conseguir un buen resultado, que lo deje con chances para las presidenciales en octubre.
Este nuevo salto cambiario y el aumento de la brecha otra vez arriba del 100% volverán a presionar sobre los precios. El incremento de la divisa a fines de abril había llevado la inflación a un pico de 8,4%. Ayer mismo, luego que la cotización del dólar libre finalizara a $ 552 ya hubo decenas de proveedores remarcando o directamente suspendiendo ventas a la espera de lo que suceda con el tipo de cambio. Hasta la semana pasada la inflación apuntaba a perforar el 7% en julio. Ahora no hay que darlo por seguro.
¿Significa esto que el “trade electoral” llegó a su fin? Para nada. Los mercados ya anticipaban un escenario tenso con el FMI. La apuesta sobre un mal resultado para el kirchnerismo y la llegada de un Gobierno que le ponga fin al cepo y adopte medidas pro mercado continúa plenamente vigente, aunque por supuesto en un contexto más volátil.
El “combo” al que apuesta Wall Street consiste en un recambio político en diciembre, la implementación de un programa que apunte a la unificación del tipo de cambio y la posibilidad de que el próximo Gobierno recobre el acceso a los mercados financieros para evitar otra reestructuración de la deuda. Todo esto además impulsado por una cosecha que el año próximo dejará atrás la sequía y dejaría un superávit comercial superior a los USD 20.000 millones.
Por eso, los grandes bancos de Wall Street y las sociedades de Bolsa locales siguen apostando a favor. Ahora incluso ven más valor en los bonos, que incluso podrían pasar de los USD 30 actuales a más de USD 60 si esta vez se da el escenario optimista, que también impulsaría de manera sustancial a los papeles bancarios.
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