
El futuro de la economía argentina está plagado de incógnitas, pero también existen algunas certezas. Posiblemente la más clara pase por la necesidad de sincerar el tipo de cambio, que este Gobierno se esmera en mantener retrasado, repitiendo en forma casi idéntica lo que hizo Cristina Kirchner en su segundo mandato. Este sinceramiento cambiario va de la mano de la salida del cepo, algo que estuvo en el centro de los comentarios de los candidatos y especialmente de los economistas que los acompañan.
La liberación de los controles cambiarios es inevitable por varios motivos. Uno de ellos es que en realidad ya no quedan recursos para seguir frenando la escalada del tipo de cambio. El Banco Central (BCRA) se quedó ya hace tiempo sin reservas propias y ahora usa prestadas, como un préstamo del Banco de Basilea o, ahora, la posibilidad de recurrir al swap de monedas con China. Los yuanes se están utilizando para importaciones chinas, pero también se aplicaron sorpresivamente para cancelar parcialmente un pago con el FMI a fin de junio.
Salir del cepo es necesario, además, para atraer inversión del exterior y recuperar gradualmente las reservas del Central. Las dos experiencias recientes de restricciones cambiarias terminan de la misma forma: reservas netas en terreno negativo, alta brecha cambiaria y elevada inflación. Se cae de maduro que el próximo gobierno tendrá que hacer algo bien diferente para salir del estancamiento y volver a crecer.
Más que fiscal
Las negociaciones que mantiene el equipo económico con el FMI no pasan solo por definir nuevas metas fiscales o de emisión monetaria. También giran en torno a la necesidad de sincerar el valor del dólar y unificar los distintos tipos de cambio.
El ministro de Economía, Sergio Massa, no se conforma con recibir desembolsos comprometidos originalmente por el FMI, que solo alcanzan para pagar vencimientos. Además, viene solicitando dinero extra para hacer seguir interviniendo en el mercado cambiario. Más que nunca, en su doble rol de ministro de Economía y candidato presidencial, precisa llegar a las elecciones con un mercado cambiario bajo control. Y para eso precisa dólares frescos que hoy no tiene.
Los dos economistas que acompañan a Patricia Bullrich, Carlos Melconian y Luciano Laspina, advirtieron que el Gobierno está utilizando los encajes de los depósitos en dólares para mantener la intervención. La cifra estaría entre los USD 6.000 y USD 8.000 millones. Se trata de algo peligroso y que, por supuesto, puede usarse de manera limitada para no desatar el pánico de los ahorristas.

Desde la oposición advierten sobre la política “irresponsable” de Massa, de entregarle al próximo gobierno otra verdadera bomba: una bola de nieve de Leliq y pases con intereses altísimos y al mismo tiempo un Banco Central vacío de reservas.
En la oposición saben que de acceder al gobierno les va a tocar lo mismo que a Mauricio Macri en 2015. Tendrán la compleja tarea de salir del cepo. Liberar las restricciones cambiarias no es en definitiva tan difícil. Lo complejo es que una medida de esas características necesariamente implica una devaluación sustancial del tipo de cambio oficial, con un inevitable impacto en los precios.
Qué hacen otros países
En América latina la mayoría de los países ya advirtió hace dos décadas que la represión financiera y los controles cambiarios solo producen más estancamiento y pobreza. En África está sucediendo ahora. Nigeria anunció el fin de los controles cambiarios, Etiopía van en la misma dirección y el FMI negocia con Egipto para que haga lo propio. En Argentina todavía es un tema de debate.
No es fácil la decisión para el staff del FMI y mucho menos para el directorio. Entregarle al Gobierno más dólares para seguir con la intervención cambiaria tiene un final anunciado: los recursos se terminarían dilapidando para mantener viva una ficción cambiaria que resulta insostenible. Por otra parte, si esos dólares se “malgastan” para sostener una paridad cambiaria irreal, no quedarían luego recursos para el repago al organismo. Mientras tanto, siguen las negociaciones para conseguir unos USD 2.500 millones “extra”, con los que Massa busca sobre todo pilotear la transición que va de las PASO a las elecciones presidenciales.
Ya en su momento el representante argentino ante el FMI, Sergio Chodos, había calificado a los economistas de la oposición como “vendepatria”. Fue luego de la reunión de Primavera del FMI, cuando varios de ellos mantuvieron reuniones con referentes del organismo. Según el funcionario, el pedido habría sido que restrinjan el apoyo al Gobierno para no seguir incentivando la fuga de capitales.

El atraso cambiario implica, en definitiva, una certeza de mayor inflación futura. El descenso que se registrará en junio, por segundo mes consecutivo, no puede ser tomado como una tendencia. En un comunicado de prensa posterior a la divulgación del Relevamiento de Expectativas de Mercado, el Central no descartó que se perfore el 6,5%.
La futura suba del dólar oficial, la emisión de pesos ante la necesidad del BCRA de hacer frente a los intereses de los pasivos monetarios y la necesidad de seguir aumentando tarifas para bajar subsidios deja un piso de inflación muy alto hacia adelante. A tal punto que economistas como Diego Giacomini piensan que en el primer semestre de 2024 el índice podría superar el 200%.
Massa consiguió consolidar la intención de voto a Unión por la Patria, según coinciden la mayoría de las encuestas. Para mantenerlo consolidado y hacerlo crecer precisa evitar cualquier tipo de cimbronazo cambiario.
Un trabajo efectuado por el propio ministerio de Economía resalta que el pico de inflación de abril, de 8,4%, fue de la mano de un máximo de la brecha cambiaria, que ese mes llegó a superar el 110 por ciento. Ahora se da la inversa: la brecha cayó por debajo del 85% y la inflación perforó el nivel de 7%. Por eso, ahora toda la energía está puesta en seguir aumentando el dólar oficial, pero manteniendo el “techo” de los dólares financieros no más allá de los 500 pesos.

Un informe de Ecolatina advirtió que en las últimas jornadas se produjo una aceleración notoria en el ritmo de suba del dólar oficial. El “crawling peg” pasó a incrementarse a un ritmo de 8,2% mensual, algo paradójico teniendo en cuenta que la inflación fue en descenso el último mes.
Esta semana quedará más claro si se trata de un cambio de postura por parte del Gobierno, que privilegia la reducción de la brecha antes que mantener planchado el tipo de cambio oficial. Sería lógico para reducir gradualmente la expectativa de devaluación futura y así evitar otro salto inflacionario.
Por lo pronto, las estrategias de cobertura de los inversores ante la posibilidad de una futura devaluación están a la orden del día, entre compra de contratos a futuro en el dólar Rofex y bonos ajustados por tipo de cambio oficial. La pregunta ya no es si sucederá el sinceramiento cambiario, sino cuál será el precio del nuevo tipo de cambio unificado en algunos meses.
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