
El jueves pasado el Banco Central tomó una decisión firme para dar una señal en medio de la volatilidad financiera desatada por la suba del dólar libre. La entidad que preside Miguel Ángel Pesce decidió elevar la tasa de política monetaria, que se traslada a las de plazo fijo, del 81% a 91% nominal anual, como medida de emergencia.
Esto significa una tasa efectiva anual –por el interés compuesto generado en la reinversión de capital e intereses a lo largo de doce meses– cercana al 140%, para hacerle frente a la inflación con rendimientos reales positivos, y para desincentivar la búsqueda de cobertura en el dólar libre y en las paridades bursátiles, ante la cercanía de las elecciones.
Retener a los pesos dentro del sistema es un procedimiento fundamental para ponerle límites a la inflación y a la devaluación; se trata de unos 10 billones de pesos que están colocados a plazo fijo tradicional y en una cantidad menor, indexados por UVA.
Pero los efectos nocivos también son palpables. Por una parte, el enfriamiento de la economía, pues la actividad se resiente si se retiran pesos que podrían ir a consumo. Por otra parte, el elevado costo “cuasi fiscal”: los bancos toman el dinero de los plazos fijos y los prestan al Banco Central, que les coloca Letras de Liquidez (Leliq). Con esta tasa de interés, se crea una Base Monetaria -en deuda remunerada- cada cuatro meses meses solo por los intereses que se pagan, a razón de más de un billón de pesos mensual.
Qué dicen los analistas
Manuel Oyhamburu, director de la Fundación de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, indicó que “si suben la tasa de Política Monetaria a 91% es porque el dato de inflación de abril viene muy complicado. Con esa tasa, el pasivo del BCRA empezará a crecer en un billón de pesos mensuales sólo por intereses, pero iban a usar las Leliq para pagarle más a los jubilados”.
El analista Salvador Di Stefano calculó que “los pasivos monetarios totales del Banco Central República Argentina suman $17,8 billones, de los cuales el 29% es la Base Monetaria y el 71% son Letras remuneradas a una tasa nominal del 81% anual, si los intereses no se pagan y se capitalizan, la tasa efectiva es del 119% anual. Se llega a esta friolera de pasivos en el Banco Central por la emisión recurrente para financiar el déficit fiscal, y por los intereses que genera la deuda en Leliq”.
“Para poder paliar estos problemas, el Gobierno debería bajar la tasa de interés, esto solo puede ocurrir si baja la inflación y para bajar la inflación debe reducir a 0 el déficit fiscal. La madre de todos los problemas es que se gasta más de lo que se ingresa. Si hiciéramos un esfuerzo mayor, y en lugar de reducir el déficit a 0, tendríamos un superávit fiscal de $2 billones al año, la deuda dejaría de crecer, y podríamos en 41 años repagarla, parece mucho, pero hay que tener en cuenta que por algo se comienza”, añadió Di Stefano.
El analista financiero Christian Buteler explicó que “toda medida tiene costo. Una brecha camino al 150% tiene costos, subir 10 puntos porcentuales la tasa tiene costo. El tema es cuál costo es menor y que el resto de las políticas sean en el mismo sentido. Contraer monetariamente con tasas y emitir para el Tesoro o dólar soja chocan”.
Para el economista Diego Giacomini, “subir la tasa efectiva anual de 119% a 141% es más expectativas de devaluación e inflación y será todavía más suba del dólar e inflación a futuro que la de ayer. Además, es el sinceramiento de que el FMI no pone un dólar y que pretenden morir con esta política cambiaría. Agárrense”.
Las tasas mas altas desde la crisis de 2002
Con tasas de política monetaria (Leliq) de 91% nominal anual, ya estamos en niveles superiores a los máximos del gobierno de Mauricio Macri. Hay que recordar que en medio de la corrida al dólar de 2019, por el desarme de las Lebac (Letras de Banco Central y antecesoras de las Leliq), la tasa de política monetaria rozó el 86 por ciento (85,991% el 12 de septiembre de aquel año).
Así, las tasas de interés de referencia regresaron al nivel más alto desde la crisis de 2002. Una diferencia con aquel traumático período por el colapso de la convertibilidad fue que la suba de tasas del Central obedeció a la necesidad de absorber liquidez por la emisión de pesos producto de la compra de dólares al público que realizaba la entidad monetaria.
Es que luego de alcanzar un récord próximo a los 4 pesos a fines de junio de 2002, el precio del billete verde empezó a retroceder a $3,70 en julio y a $3,60 en agosto, baja que motivó la venta de divisas en manos de ahorristas y empresas, que fueron captadas por el BCRA para engrosar las reservas, que estaban en un piso de USD 8.800 millones a mediados de agosto, sin apoyo del FMI y en pleno default de la deuda.
Aquel año, las tasas de Lebac alcanzaron el 108% nominal anual en el promedio del mes de julio, según el Informe Monetario de la entidad. Dichas Letras se colocaban a un plazo incluso más extendido que el de las actuales Leliq: a 14 días.
En agosto de 2002 el costo promedio de las Lebac disminuyó a 66% anual: mientras dos terceras partes de las suscripciones de Letras se realizaron a 14 días, una tercera parte se pactó a 28 y 91 días. Para octubre de 2002 la tasa de Lebac había cedido a 49% anual, la mitad que en julio, apenas tres meses antes.
De todos modos, pocos son los puntos en común entre 2019 y 2002. Durante la presidencia de Eduardo Duhalde, Argentina atravesó una caída del PBI de 10,9%, con una pobreza de 54% y un desempleo récord de 22% de la población activa. Esa recesión histórica permitió devaluar un 67% el peso argentino (el dólar se disparó de uno a 4 pesos) con una inflación de “apenas” 41% anual.
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