
El martes será un día histórico para la Argentina. Por primera vez desde 1991, el índice de inflación mostrará un aumento de 102% en términos interanuales. Las consultoras privadas coinciden en que la inflación de febrero se acercaría al 6,5% y los datos preliminares del Indec también van en la misma dirección. Las proyecciones de marzo tampoco son favorables, tratándose además de un mes de alta estacionalidad en materia de precios por el inicio de clases, turismo y cambio de temporada en indumentaria.
Los tres dígitos llegaron para quedarse en los próximos meses, en medio del proceso preelectoral. Será una sombra que acompañará hasta que termine su mandato al Presidente, que por el momento no abandona sus deseos de ir por la reelección.
Pero los elevados índices de inflación le pegan además a todo el Gobierno y a cualquier candidato del oficialismo que busque la presidencia. Cristina Kirchner trató, sin éxito, de despegarse de la escalada inflacionaria como si no formara parte de la actual administración en su reaparición pública del viernes.
Sergio Massa también está presionado, teniendo en cuenta que había proyectado una baja del índice a “menos de 4%” para abril. A esta altura, se requiere casi un milagro para conseguir semejante desaceleración. Si su eventual candidatura depende de conseguir resultados en este frente, podría decirse que ahora pende de un hilo. Él no se mueve de la postura que viene manteniendo desde el primer día cada vez que le preguntan: “Una candidatura es incompatible con estar a cargo del ministerio de Economía”.
Incluso los ultra kirchneristas como Carlos Heller parecen ahora convencidos de la importancia en materia inflacionaria: “La base monetaria está creciendo al 45% interanual, eso debería ser de fuerte ayuda para bajar la inflación, pero puede ser que tarde unos meses en impactar”, aseguró esta semana luego de apoyar el canje de deuda en pesos.
Los tres dígitos de inflación son solo uno de los problemas que enfrenta el Gobierno y la economía argentina por delante. La histórica sequía ya comenzó a complicar diversos frentes y hará estragos en la economía en los próximos meses.
Por lo pronto, varias consultoras ya revisaron fuertemente a la baja sus pronósticos para el PBI para este año. Los últimos informes de Invecq y Fernando Marull coinciden en que la actividad caería nada menos que 3%, en lo que sería el peor año desde 2009.
Una cosecha que estaría como mínimo 25% por debajo de la del año pasado derrama negativamente sobre otros sectores. No solo cae la producción del agro, también impacta en la venta de tractores, fletes, la actividad del puerto, venta de neumáticos y carga de combustibles, por solo mencionar algunos aspectos.
Las últimas estimaciones de la Bolsa de Cereales sobre la campaña agrícola elevan las pérdidas a unos USD 20.000 millones respecto al año pasado. En CREA, la asociación que agrupa a productores de todo el país, ya hablan de una cifra cercana a los USD 25.000 millones. Lo que históricamente es para la Argentina el mejor período del año, es decir el segundo trimestre rico en dólares, en esta ocasión se convertirá en una pesadilla.
En parte esa merma de divisas será compensada. Por un lado, habrá menores necesidades de importaciones de gas, ya que el gasoducto Néstor Kirchner estará en funcionamiento desde mediados de año. Además, la secretaría de Energía adelantó la compra de gas licuado y aprovechó una disminución del precio internacional. Al mismo tiempo, habrá menos salida de dólares por los viajes de argentinos, teniendo en cuenta que el tipo de cambio para el sector es el más caro (ya está en los $ 410).
Con semejante restricción de divisas, la otra variable que puede ajustar Massa es la del acceso a las importaciones. Por eso, se espera un fuerte endurecimiento del cepo cambiario en los próximos meses, algo indeseado justo en plena época electoral. Con menos insumos, las empresas tendrán dificultades para aumentar niveles de producción o mantener el empleo. En definitiva, estas restricciones van de la mano con la expectativa de una mayor caída de la actividad.
El tan comentado préstamo de bancos internacionales para fortalecer las reservas del Central no pudo ser implementado, al menos por ahora. La caída en las cotizaciones de bonos argentinos impactó negativamente en las garantías que requerían las entidades, por lo que la transacción quedo “stand-by”.
Es impensable que semejante panorama, dominado por la escasez de divisas, no impacte en las distintas cotizaciones del mercado cambiario, que ahora se acercan a los $ 400. El viernes se encendieron las luces amarillas. El “contado con liquidación” saltó a $ 395, lo que significa una suba de 8% en solo una semana. El dólar MEP también pegó un fuerte salto hasta los $380 y por primera vez en varios meses quedó por encima del libre, que cerró a 373 pesos.
Al preocupante panorama local se agrega un contexto externo que también trae complicaciones. La caída del Silicon Valley Bank provocó temores sobre la salud del sistema financiero en Estados Unidos. Al mismo tiempo, también produjo una salida de activos de riesgo y la búsqueda de refugio por parte de los inversores. Todo en un contexto de nuevas subas de tasas que definirá la Reserva Federal para bajar la inflación.
Mientras tanto, las negociaciones del equipo económico y el staff del FMI estarían culminando este mismo fin de semana. Habrá una nueva meta de reservas, mucho más flexible que la anterior, reconociendo los problemas del Central en acumular divisas.
El anuncio no implica mejora alguna para la economía argentina, ni bajará la inflación y tampoco recuperará el poder adquisitivo de los salarios. Pero al menos se aleja el escenario de un incumplimiento que hubiera generado dudas respecto a futuros desembolsos y el temor a que se caiga el acuerdo.
Así como el año electoral se presenta durisimo para el Gobierno, las condiciones lucen inmejorables para una victoria opositora. Quienes acompañan a Horacio Rodríguez Larreta y a Patricia Bullrich se muestran preocupados porque la intención de voto del Juntos por el Cambio no despega. Pero lo atribuyen a la fuerte interna que enfrenta a ambos candidatos, que recrudecerá en los próximos meses. La esperanza es que luego de las primarias todo se ordene detrás de quien será el candidato presidencial del espacio.
Hoy todo indica que se va a un escenario cuanto menos llamativo: para ambos sería mucho más complejo ganar la PASO en agosto que alzarse con la presidencial en octubre.
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