
Aunque el Gobierno logró cumplir con todas las metas acordadas con el Fondo Monetario, las cuentas de 2022 cerraron con creatividad y algunas paradojas. La principal de ellas es que, a pesar del compromiso de cerrar el grifo de asistencia monetaria del Banco Central para financiar el déficit fiscal, la emisión de pesos fue el año pasado mayor a la de 2021, año en que la máquina de imprimir billetes funcionó a pleno durante la segundo semestre como parte del plan de gasto electoral.
Sin un equivalente durante 2022 a aquello que se denominó “Plan Platita”, la emisión monetaria volvió a los niveles récord de hace dos años, en plena expansión de la pandemia de coronavirus y restricciones a la actividad económica. Ese fenomenal monto de dinero creado, combinado con la caída de la demanda de esos pesos provocó, según cálculos privados, un “exceso” de unos $6,2 billones en la economía, o el equivalente a 7,6% del PBI.
El cálculo corre por cuenta del equipo de analistas que lidera José Siaba Serrate en Portfolio Personal Inversiones (PPI), que publicó ayer un extenso análisis de las perspectivas de los mercados a nivel internacional y local, teniendo en cuenta el impacto de la campaña electoral en la economía.
El trabajo se hace foco en la estrategia recurrente de los últimos meses, en los que a pesar de que el Banco Central presidido por Miguel Pesce no giró un centavo al ministerio de Economía en concepto de adelantos transitorios para cubrir el rojo fiscal, tal como prometió el ministro Sergio Massa cuando asumió, la entidad mantuvo funcionando a pleno “la maquinita” para lograr, aunque de manera indirecta, el mismo objetivo: financiar las cuentas públicas.
Los mecanismos fueron diversos: emisión para comprar títulos públicos en el mercado secundario, una práctica que sobre el fin de ciclo del ex ministro Martín Guzmán, de quien también se tomó la idea de emitir para comprar DEGs en poder del Tesoro pero a quien no se le ocurrió -o al menos no se animó siquiera a insinuarlo- la implementación de un tipo de cambio diferencial para la liquidación de soja, que implicó el ingreso extra de divisas y una asistencia también extraordinaria de recursos fiscales pero con la contrapartida de una fuerte emisión monetaria en sus dos versiones.
Ante ese aluvión de pesos, el BCRA hizo un enorme esfuerzo de esterilización, es decir, retirarlos de circulación, lo cual a su vez implica más emisión en concepto de pago de intereses de aquellos instrumentos con los cuales absorbe el excedente de pesos.
“Pasando en limpio, la expansión bruta de base monetaria alcanzó 7,6% del PBI, explicada por: 1,5% de compras de divisas al sector privado (dólar “soja” es la principal explicación); otro 2% asociado al rescate de deuda en pesos; 0,3% por operaciones con el Tesoro y 3,9% por déficit cuasifiscal”, detalló PPI en el análisis, en el que agregó: “Puesto en perspectiva, la emisión bruta de 2022 fue superior a la de 2021 (6,6% en Plan Platita) y levemente inferior a la de 2020 (8% en COVID-19)”.

La primera gran conclusión de estos datos es que la meta monetaria incluida en el acuerdo con FMI a principio de año se convirtió en un sinsentido ya que, por mecanismos indirectos y con la vista gorda del propio organismo, el Gobierno encontró la manera de seguir financiándose con el Banco Central, fuente que surge como la única disponible ante las dificultades de obtener fondeo genuino entre inversores privado en la plaza doméstica.
Pero los analistas de Portfolio hacen una advertencia más allá de esa realidad: toda la expansión de la base monetaria durante el año pasado es el exceso de pesos con el que se cargará la economía durante este año, ya que nada hace suponer que aumentará la demanda de dinero sino más bien lo contrario ya que la incertidumbre electoral suele conllevar un proceso de dolarización en un contexto de doce meses consecutivos de caída de demanda de pesos. En ese marco, los analistas asumen que, como máximo, la demanda de dinero se ubicará en el mismo nivel de 2018. “Consideramos que la emisión de 2023 y la colocación de deuda en pesos, de mínima, mantendrán el stock en estos niveles. Es un supuesto racional creer que los agentes no querrán tener muchos más pesos de los que poseían en el cuarto trimestre de 2018. Consecuentemente, se llega a un exceso de pesos aproximado de 7,6% del PBI”, concluyeron.
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