
El tobogán socioeconómico que registró la Argentina en la última década tuvo su correlato en una importante caída de la capacidad de ahorro de la sociedad. Así se desprende de un informe especial de la Universidad Católica Argentina (UCA) sobre deudas sociales, que describe este deterioro según estratos sociolaborales, económicos y zonas geográficas.
Como parte de una encuesta hecha por el Observatorio para la Deuda Social de la UCA, se midió la capacidad de ahorro de las familias, vinculado en forma directa con la situación del poder adquisitivo, que perdió en forma sistemática contra la inflación en los últimos años.
Según el relevamiento, “la consideración que los agentes sociales realizan acerca de su propia capacidad de ahorro constituye una dimensión provechosa para complementar la evaluación del bienestar entre los hogares”.

En este sentido, precisó el estudio que “la capacidad de ahorro evaluada desde la autopercepción de los individuos constituye un indicador idóneo para dar cuenta de la situación monetaria de los hogares y su capacidad de maniobrar en el contexto de una economía de mercado”.
En primer término, se aclaró que “debe tenerse presente que las percepciones subjetivas no resultan simétricas al interior de la estructura social”.
Estrato bajo y medio
“Cuando una familia pobre manifiesta que sus entradas de dinero son insuficientes para afrontar gastos corrientes o que no dispone de capacidad de ahorro está indicando que no puede adquirir bienes fundamentales para la subsistencia y la reproducción de sus condiciones de vida (alimento, calzado, alquiler mensual, entre otros)”.
Por el contrario, “la percepción de insuficiencia de ingresos o incapacidad de ahorro en el estrato medio alto indicaría que no puede sostener el nivel de gastos en bienes y servicios que evalúa adecuado a sus patrones habituales de consumo, o de los que desearía tener (entre los que posiblemente se cuenten bienes secundarios no esenciales para la subsistencia, servicios de esparcimiento, etcétera)”.
“Más allá de los vaivenes evidenciados en la capacidad de ahorro de los hogares y la población, este indicador evidencia una tendencia decreciente a lo largo del período estudiado (2010-2022). Se observan descensos en la capacidad de ahorro, punta a punta del período, en los distintos sectores de la estructura social”, destacó el estudio dirigido por Agustín Salvia.

En particular, se explicó, “entre hogares de estrato bajo integrado o marginal, es significativamente inferior la capacidad de ahorro declarada, al igual que los en los niveles socio-económicos bajo y muy bajo y en el Conurbano Bonaerense”.
La UCA subrayó que “las desigualdades se mantienen a lo largo del período analizado”.
Además, aclaró el informe de la casa de altos estudios que “si bien se evidencia una recuperación de la capacidad de ahorro en el último año (2022), la misma se concentra en los estratos más altos: nivel socio-económico medio alto, estrato profesional y medio no profesional y en los hogares situados en la Ciudad de Buenos Aires”.
De inmediato, aclaró el informe que “salvo excepciones, los valores alcanzados en las distintas categorías, aún se encuentran -en general- por debajo de los registrados en 2017″, cuando la economía no había ingresado en un nuevo sendero recesivo.
Sin desarrollo sostenido
Por otra parte, el estudio de la UCA resaltó que “la sociedad argentina acumula varias décadas de políticas fallidas en materia de crecimiento sostenido y distribución del ingreso, las cuales han ocasionado un deterioro significativo en materia de capacidades de desarrollo humano e integración social”.
“Esto ha ocasionado la conformación de al menos dos generaciones de nuevos pobres y de una nueva actualmente en gestación”.

Al respecto, los investigadores afirmaron que “ni la matriz político-ideológica ‘mercado-céntrica’ ni la matriz ‘estado-céntrica’ -a pesar de sus más que seguros buenos propósitos- mostraron ser virtuosas para promover un desarrollo productivo con equidad sustentable”.
“Ni las políticas de liberalización económica, ni las políticas de asistencia social son suficiente por sí solas para promover un modelo de desarrollo equilibrado en lo productivo y en social, con capacidad de incluir en un mismo proyecto político-económico a los agentes productivos, a los sectores del trabajo y al Estado, integrando social y laboralmente a la sociedad de los excluidos al modelo social”, aseguraron.
También afirmaron que “nada que la acción política de las clases dirigentes no pueda encarar, ofreciendo a la sociedad una agenda progresista de transformaciones y políticas de crecimiento, empleo e inversión económica, social y en capital humano, bajo nuevos acuerdos políticos y sociales”.
El problema de base, aclararon, es que “desde hace mucho tiempo que la economía argentina no garantiza un crecimiento estable y prolongado de manera sostenible”.
“Durante los últimos 40 años el crecimiento promedio apenas fue del 1,5% anual, medio punto apenas del crecimiento demográfico, pero claramente deficitario para atender deudas sociales históricas, o para dar un salto en ciencia y tecnología, o para responder a justas demandas sociales, y, sobre todo, permitir invertir en el capital humano de las nuevas generaciones”, detalló el estudio.

“Poco o nada de eso ha sido posible en la Argentina de los últimos cincuenta años”, indicó.
En principio, “nuestras crisis cíclicas son más recurrentes, profundas y prolongadas que en el promedio de los países de la región, y sus repuntes, son menores en cantidad y duración que lo logrado por el resto de los países”.
“Pero el problema no es el bajo crecimiento económico, sino que con cada crisis aumentan los índices de pobreza, a la vez que con cada período de recuperación no logran recuperar el punto de partida”, sostuvo el OSDA-UCA.
“Las crisis dejan marcas de deterioro productivo, social y político que resultan de difícil contabilización estadística”, afirmó el trabajo privado.
Sin embargo, “el resultado es evidente: ciclo tras ciclo la sociedad argentina viene acumulando una pobreza estructural, crónica y persistente, con brechas de desigualdad creciente que inhiben el crecimiento y ponen barreras a los acuerdos sociales y políticos”, concluyó el OSDA-UCA en este estudio en el que, como informó Infobae días atrás, se muestra una persistente suba de la pobreza y de la indigencia en la última década. En particular, en el último año la pobreza creció hasta ascender al 43% en el tercer trimestre de este año.
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