
El éxito del “dólar soja”, que durará -en principio- todo septiembre, abrió una hendija de esperanza para todos los sectores productivos que dicen estar “con la soga al cuello” esperando los tan deseados dólares oficiales necesarios para importar insumos y bienes de capital.
El Banco Central (BCRA) extendió este jueves la norma que restringe los pagos al exterior (A 7532) mediante la fijación de cupos y obliga al sector privado a conseguir financiamiento por el excedente, pero el fuerte ingreso de divisas por parte de los exportadores del complejo sojero en las últimas jornadas, y las compras por parte del organismo monetario, generaron un cambio de expectativas entre los empresarios.
Si hasta la semana pasada muchos empresarios anticipaban un ajuste en sus plantas fabriles para el período septiembre-diciembre, ahora ello dependerá, en gran medida, de cómo el Gobierno comience a flexibilizar el acceso a las divisas a partir de este mes. Claro que hay otros factores macroeconómicos que amenazan la actividad, como es la inflación, la suba en las tasas de interés y el recorte del gasto que comenzó a aplicar Economía para cumplir con la meta fiscal pactada con el Fondo Monetario Internacional (FMI); de hecho, en varios sectores ya se advierte un freno en la demanda desde julio. Pero aún así, en muchas actividades se observa que las empresas comenzaron a hacer cambios en su proyecciones productivas el extenderse la limitación para pagar importaciones.
“Estamos 7% abajo de lo estimado a comienzos de año. Y eso se debe a la caída del consumo. Pero a su vez tenemos demoras en las entregas de hasta 15 días por falta de insumos, cuando lo habitual eran entre 24 y 48 horas”, se sinceró un empresario industrial ligado al sector de la construcción. Lo mismo plantean en otras actividades, como por ejemplo el rubro textil y de indumentaria, y una reciente encuesta de la Fundación Observatorio Pyme (FOP) también lo puso de manifiesto. “En el conjunto de pyme manufactureras que son importadoras directas, se estima una caída promedio del 13% de la producción con relación a lo planeado por las empresas para el segundo semestre del año”, dice el documento.
Consultado al respecto, el presidente de la UIA, Daniel Funes de Rioja, se refirió a la última encuesta realizada por la entidad a sus socios en julio y reconoció que “está mostrando alguna variación de expectativas, fundamentalmente por el tema insumos y los remesones de la estabilidad pos renuncia de Martín Guzmán como ministro de Economía, que se refleja también en las expectativas futuras”. Si bien agregó que los datos de crecimiento industrial siguen siendo positivos, condicionó lo que suceda en los próximos meses, en gran parte, a la posibilidad de acceder o no a los dólares oficiales.

La UIA mantuvo esta semana un encuentro con el secretario de Comercio, Matías Tombolini, y ése fue el planteo: ver si se pueden neutralizar los efectos negativos de esas previsiones de los empresarios con respecto a la disponibilidad de dólares con la promesa oficial de que se privilegiarán los insumos, repuestos y los bienes de capital. “Las expectativas industriales están puestas esencialmente en la posibilidad o no de un reordenamiento a partir de la gestión de Massa y del éxito que viene teniendo en su gestión con el FMI. Si salimos de los ahogos cambiarios y se convalidan medidas respecto a la estabilización macroeconómica, creo que el año industrialmente debería terminar bien”, manifestó el presidente de la central fabril.
Los datos de actividad industrial del Indec mostraron una caída desestacionalizada en julio de 1,2% respecto de junio, pero el dato acumulado de los primeros ocho meses del año respecto del mismo período del año previo se mantuvo positivo, 5,8%. El año, según estiman en la UIA, podría terminar en 5% de crecimiento.
Desde el organismo que conduce Miguel Pesce insisten en que hay que reducir las importaciones en USD 1.500 millones por mes, para fortalecer la debilitada posición de reservas.
En la Cámara Argentina de Comercio (CAC) también se muestran algo más esperanzados con el “plan Massa”. Observan que las políticas implementadas para calmar las turbulencias financieras que se produjeron tras salida de Guzmán están siendo efectivas y que si bien todavía es incipiente, se están reforzando las reservas del Banco Central con la entrada de divisas como consecuencia del “dólar soja” y de líneas de crédito de algunos organismos internacionales. Así lo expresó el presidente de la cámara, Mario Grinman, quien igualmente remarcó que “todavía no se han visto reformas estructurales que permitan pensar en un crecimiento sostenido para los próximos años”.

Sobre las restricciones para importar, que “amenazan seriamente a diversos sectores, que carecen de los artículos necesarios para desarrollar sus actividades productivas y comerciales”, el directivo se mostró esperanzado con el reciente ingreso de divisas y expresó su deseo de que “pueda corregirse el actual escenario, al menos parcialmente, a fin de preservar los niveles de actividad y de empleo”.
Con respecto a la inflación, sostuvo que aunque en el corto plazo puede beneficiar a algunas ramas mientras los consumidores adquieren bienes y servicios para “huir del dinero”, más temprano que tarde termina siendo perjudicial para las ventas de las empresas y la economía en general, dado la erosión del poder de compra que representa. “Por eso, es clave que el ministro Massa logre estabilizar la macro, para lo cual el apoyo que pueda conseguir en Estados Unidos resulta de gran valor”, agregó Grinman.
En la construcción, todavía el freno no se siente. Si bien los empresarios del sector reconocen que los desajustes macro y la inflación generan problemas e inestabilidades, hay sectores que están vendiendo todo lo que producen. “En nuestro caso, recalcó el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Gustavo Weiss, el sector sigue muy demandado y estamos incrementando personal mes a mes. Si uno analiza la inflación, la de insumos y los problemas macro en general, tendería a pensar que el crecimiento debería bajar; pero no pasa”.
Según el estudio que la FOP realizó en base a una encuesta realizada entre sus pyme asociadas, el nivel de demanda se mantiene alto y sostenido, pero lo que está sucediendo es que crecen las dificultades para satisfacer esa demanda. En diálogo con Infobae, el director ejecutivo de la institución, Vicente Donato, remarcó que mientras que el indicador de producción de las pyme industriales está para arriba (el Purchasing Manager Index), el de confianza va en sentido contrario, al revés de lo que sucedía hasta 2017.
“En estos últimos cuatro años hubo un aumento de la demanda y hoy hay dificultades para satisfacerla. Hay un problema de oferta y fue agravado por el problema de las importaciones. Pero ya se venía sufriendo, problemas de mano de obra, problemas con la logística, no hay inversión. Nos encontramos con una economía en la que la oferta no crece”, enfatizó Donato.
Y agregó: “Al segundo semestre lo vemos estancado. Las pyme que dependen de las importaciones, que son el 70%, promedio, prevén una baja en los niveles de producción del 13%”, planteó el director ejecutivo de la FOP.
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