
El equipo económico admitió que la liquidación de divisas del campo se sigue desarrollando a fuego lento y apuesta a recomponer parte de su capital financiero con USD 4000 millones de créditos de un grupo de bancos internacionales.
Fuentes del Palacio de Hacienda indicaron a Infobae que la línea contingente de un grupo de entidades financieras está avanzando y que sería a través de un Repo, como informó este medio, de dos años, frente a la de seis meses que consiguió el gobierno de Cambiemos. Las operaciones de pase o repo son una línea de financiamiento bancario, por la cual una parte les compra a los otros títulos al contado y, en forma simultánea, arreglan la operación inversa con un plazo y un interés determinado.
Descartada por ahora la alternativa de que se sume un fondo soberano de Medio Oriente que se barajó en un principio, Economía ha sumado ofertas de algunos bancos a los que no quiso identificar –aunque se sabe que el Bank of America es uno de ellos- para un paquete que rondaría entre los USD 3.000 y los USD 4.000 millones.

La tasa, prometen los funcionarios, sería menor al 7% y la garantía será con bonos del Tesoro Nacional; a mayor recuperación de estos castigados títulos públicos, mayor margen para negociar el Repo en buenas condiciones para el Gobierno.
De todos modos, en el equipo económico admiten que se trata de recursos que sumarán para mostrar cierta confianza, pero no para los cálculos técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI), que exige acumular en términos netos, no brutos.
Al respecto, el equipo de Massa cree que será muy difícil cumplir con el desafío de sumar USD 5.000 millones netos hasta fin de año, tal como lo exige el acuerdo con el organismo multilateral, luego de la fuerte sangría de los últimos meses, que se aceleró desde fines de junio y por la escasa eficacia del “dólar soja” que implementó el BCRA para incentivar la liquidación de divisas del agro, en un contexto de expectativas de devaluación del tipo de cambio oficial.

Parte del viaje del equipo técnico primero y del propio Massa después a Washington en septiembre consistirá justamente en mostrar estos deberes para conseguir un eventual waiver más adelante, ya que ahora lo que se revisará es la meta del segundo trimestre, que se cumplió y por lo tanto permitirá el desembolso de otros USD 4.000 millones.
Apretón fiscal
De todos modos, el equipo económico cree que el FMI valorará el apretón fiscal que se adoptó en las últimas semanas para intentar llegar a la compleja pauta de déficit del 2,5% del PBI -que podría estirarse al 3%- y la fuerte suba de las tasas de interés del Banco Central, aunque no alcance para frenar la fuerte emisión monetaria. Sobre esta cuestión admiten que sin crédito externo y con el financiamiento interno golpeado desde la crisis provocada por la salida del ministro Martín Guzmán, los giros del BCRA es el único recurso mientras se construye un sendero de reducción del rojo de las cuentas públicas.
Más aún, con un diagnóstico parecido al del mercado, afirman que recién cuando el Gobierno muestre con claridad que ha podido reducir el déficit fiscal a fin de año, los inversores locales y externos comenzarán a recuperar cierta confianza que actualmente no existe.
“Los problemas se resuelven con una baja del déficit, no con más reservas, porque si en 3 meses tenemos más reservas pero no bajamos el déficit, vamos a estar en la misma situación”, afirmó una fuente muy cercana al ministro.
En este contexto, el ministro prefirió diferir en su viaje una escala por Nueva York, donde los ejecutivos de Wall Street quieren ver para creer antes de volver a pensar en comprar bonos argentinos, luego del efímero paso de Silvina Batakis por esa ciudad con promesas de ajuste y de un respaldo político que se evaporó en forma instantánea.
La secuencia entonces es recuperar créditos postergados del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), acelerar algunos más del Banco Mundial y lograr que el Tesoro que conduce Janet Yellen brinde su bendición para las próximas revisiones del acuerdo en el FMI. De estas cuestiones también se habló en la cena de este viernes a la noche del ministro con los embajadores de los países del G7 en la coqueta embajada de Alemania en el barrio de Belgrano, donde, mientras comían carne con puré y luego helado, se discutió sobre el “Plan Massa”, la hoja de ruta oficial para tratar de estabilizar la economía.
En Washington Massa se encontrará, entre otros, con el presidente del BID, Mauricio Claver Carone, quien antes de que el ministro asumiera afirmó que no estaba dispuesto a prestarle a un país ligado a Irán, aunque luego suavizó su retórica.
Sin embargo, el vínculo político entre la Argentina e Irán es una cuestión importante y permanente para la política exterior norteamericana y se correlaciona con las cuestiones financieras, tal como ya se manifestó durante la contienda entre el gobierno de Cristina Kirchner y los fondos buitre en 2014, cuando los congresistas demócratas y republicanos de ese país se quejaron por el pacto con ese régimen teocrático acusado de la autoría del atentado a la AMIA de 1994. Al respecto, Massa sabe que deberá equilibrar las sinuosas declaraciones de la Presidencia y la Cancillería en esta materia.
Hechos, no gestos
En relación a Wall Street, los funcionarios admiten que el mercado quiere observar con sus propios ojos la reducción del gasto público antes de volver a dialogar en serio sobre inversiones financieras en títulos soberanos argentinos. “En Nueva York no alcanza con mostrar un mensaje claro; hay que exhibir resultados concretos”, indicaron.
Mientras tanto, se mantendrá la pulseada en el mercado cambiario local, con jornadas más tranquilas –como las últimas dos semanas, que permitieron una tenue recuperación de las reservas- y otras más agitadas cuando haya que pagar más importaciones, aunque confían en que el titular de la Aduana, Guillermo Michel, mantenga su eficacia para que el goteo sea lo más bajo posible.
Por lo tanto, nadie espera que el dólar se desplome demasiado por debajo de los $ 300 hasta que no se construya este camino de confianza fiscal, con dos problemas adicionales: los fondos de inversión como Templeton que todavía quieren salir –aunque en Hacienda valoran que se hayan quedado desde 2020- y el reloj político que corre sin parar rumbo a las peleadas elecciones presidenciales del 2023.
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