
Sergio Massa llega al ministerio de Economía con la bienvenida de los mercados, algo que no le había ocurrido a Silvina Batakis. Este espaldarazo, reflejado en una fuerte caída del riesgo país y la reducción del dólar, le da un primer impulso aún antes de haber asumido. Y mucho antes de que se conozca el equipo que lo acompañará y las medidas que piensa implementar.
La super estructura que tendrá a su cargo refleja que al menos tendrá un amplio poder de decisión, algo que no consiguieron ni Batakis ni su antecesor en el cargo, Martín Guzmán. Ambos, especialmente el segundo, estuvieron tironeados por las peleas y las miradas contrapuestas para abordar los problemas del Presidente y su vice, Cristina Kirchner.
Resta saber qué sucederá con la secretaría de Energía, siempre en el área de Economía pero totalmente manejada por funcionarios ultra K. Sin embargo, la segmentación tarifaria ya está en marcha, con quita total de subsidios para los hogares de mayores ingresos, por lo que el camino estaría relativamente allanado por ese lado.
El apoyo de los gobernadores, el buen recibimiento de los inversores y el apoyo empresario le dan a Massa un inédito margen de maniobra, al menos para lo que ha sido el gobierno de Alberto Fernández. El Presidente nunca logró despertar un mínimo entusiasmo desde que ganó las PASO en 2019. La mejora de los activos financieros con la fuerza que se produjo en los últimos días no había ocurrido en los dos años y medio de gestión.
Ahora será el turno de empezar a mostrar resultados. Los desafíos de un país que no tiene crédito externo y escaso margen para financiarse localmente siguen siendo enormes. No alcanza con haber despejado el “ruido político” al menos por algún tiempo. También habrá que mostrar resultados –y rápido- en el manejo de la economía.
Al menos el punto de partida de la brecha cambiaria es algo mejor que en los últimos días. Tomando en cuenta el cierre del dólar MEP, la diferencia con el dólar minorista se acortó a 117%. Si se toma en cuenta el cierre del Contado con Liquidación la brecha aún está casi en el 135%.
Massa no tendría en sus planes forzar una devaluación, al menos no en el arranque de su gestión. En todo caso sería una opción un poco más adelante, pero la primera tarea pasa por reforzar las reservas del Banco Central. Agosto no se presenta como un mes fácil: todavía el Estado tendrá que destinar no menos de USD 1.500 millones a la importación de energía para abastecer el mercado.
No está claro cuál será el comportamiento de los productores agropecuarios luego de las marginales mejores que introdujo esta semana por el BCRA. La expectativa es que además la tendencia a la baja de las materias primas en las últimas jornadas también apure las liquidaciones del sector, lo que permitiría cierto alivio en las reservas netas, que se encuentran en niveles mínimos.
El flamante ministro se ocupó de hacer saber que él está por detrás de las últimas medidas adoptadas por el Tesoro y el Banco Central en relación a la fuerte suba de la tasa de interés. Hubiera sido impensado que la tasa de la última licitación de bonos se eleve hasta el 70% o que el BCRA aumente la de política monetaria al 60%, una suba nada menos que de 800 puntos básicos. Se trató de una medida bien ortodoxa, que tanto Guzmán como Batakis y el propio titular del Central, Miguel Pesce, venían postergando.
El aumento de las tasas procura atacar el otro gran problema que arrastra la economía, que es la “bomba monetaria”. Sólo en el último bimestre el BCRA tuvo que emitir arriba de los 2 billones de pesos para ponerle un piso a la caída de los bonos en moneda local. Una tasa de interés más atractiva seguramente colaborará con la absorción de pesos que debe realizar el BCRA y la necesidad de financiamiento del Tesoro. Sin embargo, también crea más emisión, ya que habrá que pagar millonarios intereses por las Leliq.
La sola designación de Massa le puso un freno a la escalada del dólar, que amenazaba con espiralizarse. Se trata de una tregua a la espera de los primeros anuncios y resultados concretos. El frente fiscal, por supuesto, es la “madre” de los problemas que enfrenta la economía argentina, por lo que también habrá que mostrar rápidamente la vocación por achicar los gastos del Estado y apuntar a una reducción mucho más drástica del rojo de las cuentas públicas lo antes posible.
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