
Tal como cerró el mercado el viernes pasado, los anuncios del lunes de la ministra de Economía, Silvina Batakis, parecían haberle comprado algo de tiempo. Con un discurso algo ambivalente, en el que combinó definiciones tales como “el Estado no necesita ahorrar” con confesiones de fe ortodoxa -”soy una persona que cree mucho en el equilibrio fiscal”-, logró poner un freno a los peores temores inmediatos del mercado. Sin embargo, con el correr de los días, los fantasmas volvieron a asomar y ayer el dólar blue mantuvo su carrera alcista para cerrar en un nuevo récord de $289, mientras que el financiero superó los $290 y el riesgo país sigue coqueteando con los 2.800 puntos básicos. Ni la licitación de deuda en la que que Batakis recuperó algo de oxígeno para renovar vencimientos logra mejorar el clima del mercado.
Es que, apenas un día después de la conferencia de la ministra, el Gobierno envió distintas señales que anticipan un avance de las políticas más habituales del kirchnerismo duro. Las designaciones y medidas anunciadas en las últimas 48 horas, en definitiva, borraron con el codo lo poco que el lunes la ministra había escrito con la mano.

El primer indicio se produjo el martes. Fue en la reunión con los representantes de los supermercados reunidos en la Asociación de Supermercados Unidos (ASU) que encabezó el ministro de Producción, Daniel Scioli, junto al secretario de Comercio Interior, Martín Pollera, designado por Batakis y de quien depende el área pero no participó. Quien sí se hizo imprevistamente en el encuentro, destinado a analizar la situación de las importaciones, el abastecimiento y el impacto en los precios, fue la mano derecha de Axel Kicillof, Augusto Costa. Costa, hoy ministro de la Producción bonaerense, es un viejo conocido de los supermercadistas: fue el sucesor de Guillermo Moreno en la Secretaría de Comercio, creador del programa Precios Cuidados. Aunque en las empresas lo recuerdan como un hombre accesible al diálogo, su nombre es sinónimo de altas dosis de intervencionismo. Su presencia en la reunión se atribuyó a una situación fortuita -”pasó a saludar”-, argumento tal vez verosímil de manera aislada. Puestas en el contexto de las decisiones que se tomaron al día siguiente, su visita “casual” y su activa participación en la charla, adquirieron otro significado.
En ese sentido, la primera de las decisiones anunciadas el miércoles fue el reemplazo del titular de la Comisión Nacional de Valores (CNV), Adrián Cosentino, por su segundo, Sebastián Negri. La CNV es el organismo regulador del mercado de capitales y de donde emanan, por ejemplo, las resoluciones que rigen la operatoria del dólar financiero, el contado con liquidación y el dólar Bolsa. En este caso, la lectura del mercado fue inmediata: se vienen más restricciones. Esta mirada, apresuradas según algunos operadores del mercado que conocen a Negri desde hace varios años, se basa en los “padrinazgos” políticos, obligados en este Gobierno para cualquier funcionario con pretensión de mantenerse en el cargo. “Cosentino se quedó sin padrino político y ahí Cristina habrá visto la oportunidad de ubicar alguien propio y Negri ya estaba adentro. Pero hay algo de sobrerreacción con él. Es mucho más pragmático de lo que lo están presentando”, aseguró un viejo conocido del nuevo titular de la CNV. En cualquier caso, es precisamente el dedo que lo designa lo que envía la señal que el mercado sintoniza en clave poco amigable.

La resolución de la AFIP que se conoció horas más tarde, por la que se aumentó 10 puntos porcentuales la percepción a cuenta de Ganancias y Bienes Personales para los gastos en dólares con tarjeta, coronó el mensaje que decodificó el mercado con un simple “ahora sí volvieron igual que siempre”. Lo cierto es que la medida, que analistas y operadores del mercado consideran no sólo poco efectiva sino contraproducente, incluso si cumpliera con el objetivo de desalentar las compras en el exterior, lo cual es no sólo es dudoso sino incomprobable, representa un símbolo de las políticas de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Desde esa perspectiva cobró relevancia la confesión de la ministra Batakis cuando aseguró sin vacilar que el mejor ministro de Economía de la Argentina fue José Ber Gelbard, lo que ahora se asume como el primero de los indicios del “rumbo post Guzmán”.
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