
Como en una economía punk, en la que no hay mañana, la aceleración de la inflación convierte cualquier negociación en una apuesta altamente incierta. Los plazos cada vez más cortos de alcance y revisión de las paritarias salariales son una manifestación de esa dinámica.
“Se perdió pauta de referencia y se dispersan los acuerdos. La incertidumbre inflacionaria se apoderó del proceso paritario, generando un acortamiento de los tiempos de los contratos, de la mano de revisiones futuras que permitan complementar el aumento que falta con más certeza inflacionaria”, señaló el último informe sindical de Synopsys.
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Algunos gremios, como Comercio y UOM, se animaron a acuerdos anuales, pero otros, como Smata (mecánicos de las automotrices), siguen con acuerdos trimestrales para ir modelando el acuerdo anual”, señaló el informe de la consultora que dirige Lucas Romero. El adelantamiento de paritarias que decidió el Gobierno ya produjo 6 acuerdos. Los petroleros, por caso, acordaron un aumento “preventivo” de 21% en dos cuotas y volver a negociar a fin de junio, a la espera de mayor certidumbre.
Un gráfico del informe muestra la dispersión de las negociaciones y una constante: plazos de vigencia y renegociación cada vez más cortos.

“Seguimos el proceso paritario hace muchos años. El 2021 empezó con pauta del 29% (el presupuesto de Guzmán) y luego hubo que revisar y acomodar acuerdos. Este año hay mucha incertidumbre inflacionaria; los acuerdos ya no son anuales con cláusula de revisión ‘por las dudas’, sino acuerdos más cortos que incluyen instancia de revisión para completarlos”, dijo Romero a Infobae.
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Es una sutil diferencia respecto de 2021, que apunta a dos objetivos, explicó Romero. De un lado, permite a los sindicatos cubrirse de la incertidumbre con acuerdos de 6 a 8 meses o menos, dejando el resto para más adelante, para evitar desfases. Del otro, le sirve al Gobierno para mostrar números más bajos y no tener que vetar acuerdos superiores, por caso, al 70 por ciento.
El gráfico del informe anualizó linealmente los acuerdos registrados hasta ahora, para compararlos con los de 2021. Ahí sí se observa que la mayor frecuencia negociadora derivaría en porcentajes de aumento más altos.
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Marzo, con su inflación de 6,7%, fue un mes bisagra, pues rompió la dinámica ganadora de las paritarias 2021, adicionalmente amenazada por el dato de abril, que se conocerá la semana próxima pero se espera cercano al 6 por ciento. “La UTA y Camioneros ya se encuentran corriendo por debajo de la evolución del IPC en igual período que sus respectivos acuerdos. Smata no logró ganarle a la evolución del IPC en el primer trimestre”, precisa el informe de Synopsys, previo al reciente acuerdo de bancarios, de 60% anual “con revisión”, por el que la vicepresidente Cristina Kirchner felicitó al titular de la Asociación Bancaria, el diputado kirchnerista Sergio Palazzo.
Tomado de enero a diciembre el acuerdo de los bancarios está dentro de los valores de otros sindicatos. Camioneros cerró el 31% por 5 meses. Comercio, el gremio más numeroso del país, había cerrado en 59,5% y días antes los trabajadores molineros acordaron un aumento que con la revisión del 17 % totalizó un aumento del 61 %, aunque en ese caso se trata del proceso paritario 2021-2022. La Uocra (trabajadores de la construcción) por su parte, cerró un aumento anual del 62%, en nada menos que 8 tramos, otro indicador de la dinámica inflacionaria, que va llegando las negociaciones a una lógica indexatoria.
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Referencias perdidas, velocidad en aumento
“El proceso paritario viene en aceleración y se han perdido referencias, la velocidad promedio de los acuerdos de abril está por encima del 70%; no es que van a ocurrir a esa velocidad, pero sí que están están haciendo acuerdos por plazos y números que, anualizados, dan 78 por ciento”, concluyó Romero.
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Juan Luis Bour, economista y experto en cuestiones laborales de FIEL, dijo que las actuales paritarias recuerdan la dinámica de los 70s y 80s, previas a situaciones como el rodrigazo de 1975 y la altísima inflación de los 80s, que derivó en el estallido hiperinflacionario de 1989. “Esto no es cuestión aislada de la política económica. No es una aceleración salarial como en EEUU, de catch up (cierre de brecha, recuperación de lo perdido) salarial, donde hay una discusión que se mete en los precios y puede acelerar la inflación. Acá los salarios corren detrás de la inflación sin un programa monetario y fiscal creíble para estabilizar la economía”, explicó.
Corriendo de atrás
Detrás de la inflación también corren la tasa de interés (que sigue siendo negativa en términos reales, pese a la promesa en contrario contenida en el acuerdo con el FMI), la de devaluación y la de aumento de las tarifas, que es clave porque “hace a la dominancia fiscal”, subrayó Bour. Sin ancla fiscal y monetaria, y con un Banco Central sin reservas, no hay perspectivas de reducir la inflación.
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De hecho, pese a años de tironeo paritario, la inflación gana, y por mucho. Un reciente informe de PwC muestra, por caso, que en términos reales (esto es, descontada la inflación) el salario promedio del sector privado formal (conocido como RIPTE, por Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables, un índice que a su vez afecta las jubilaciones y el pago de planes sociales) para los trabajadores y empresas que aportaron los últimos 13 meses consecutivos al sistema previsional está entre los niveles más bajos de los últimos diez años.

Lo peor de la actual situación, explicó Bour, es que precios y salarios formales, los que se negocian en paritarias, corran al 60% anual o más cuando para cerca de la mitad de la población laboral, aquella que revista en la informalidad y el cuentapropismo, los ingresos aumentan al 40 por ciento. Una situación que empobrece aún más a la mitad de la población, algo que a su turno el Gobierno busca enmendar con bonos y remedios parecidos, que agravan el problema fiscal y causan más inflación.
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Aquellas fueron las décadas
Los salarios son una variable más que se acelera en un contexto similar a los años 70s y 80s, explicó Bour. No implica que el desempleo vaya a aumentar, pero sí que seguirá la caída de los salarios reales, “porque cuando vayan arriba del 70%, los precios irán al 80%”, observó.
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En aquellas décadas, recordó Bour, había inflación altísima con desempleo bajo, de 3 a 5 por ciento, caída del salario real y ampliación de la brecha entre empleos formales e informales. Lo que la situación actual muestra, agregó es falta de ideas y programa para combatir la inflación.
“Se puede llegar a la revisión mensual e incluso acortar los períodos de pago. En los 70s y 80s -recordó Bour- algunas empresas empezaron a pagar por quincena y -durante la hiperinflación- hasta por semana”.
En el fondo, concluyó el experto, el problema es que no hay programa, algo que no se resuelve acortando la negociación salarial y los períodos de pago, que lo único que hacen es acelerar la inflación.
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