Sony Setiawan había empezado su lunes de la misma forma que lo hacía cada semana. Se despertó en la madrugada para prepararse, armar su bolso y partir hacia el aeropuerto de Soekarno-Hatta de la ciudad de Yakarta, Indonesia.
Cada semana comenzaba de la misma forma para el funcionario del Ministerio de Finanzas de su país, tomaba un vuelo hacia Pangkal Pinang para cumplir con reuniones y tareas relacionadas a su trabajo.
Por supuesto que no viajaba solo, sino con una comitiva de empleados y funcionarios públicos indonesios.
Pero esa madrugada, cuando Setiawan se subió a su auto y comenzó el trayecto hacia el aeropuerto, se encontró con un embotellamiento colosal que no parecía tener solución. Filas y filas de automóviles que avanzaban a paso de hombre es todo lo que podía ver desde su asiento mientras el reloj en su muñeca le marcaba con exactitud cómo se iban yendo los minutos y cómo el tiempo apretaba cada vez más, hasta que finalmente se dio cuenta de que era imposible que llegara a tomar su vuelo. Lo que en ese momento no sabía es que el tráfico le estaba salvando la vida.
El avión que debía tomar, precisamente el vuelo número 610 de Lion Air, partió a las 06:20 horas. Mientras Setiawan seguía atascado en el tráfico, el avión de Lion Air solo debía completar una hora de vuelo hasta aterrizar en la ciudad de Pangkal Pinang.
Ese aterrizaje nunca sucedió.
Apenas 13 minutos después del despegue del Boeing 737 MAX de la aerolínea indonesia, un desperfecto técnico en la aeronave hizo que descienda a gran velocidad hasta estrellarse en el mar de Java, en las proximidades de la isla del mismo nombre, la mayor y más poblada de las centenares de islas que conforman Indonesia. En impacto en el mar fue tan violento que el avión se destruyó en miles de pedazos y hubo que hacer arduas tareas para lograr recuperar a los fallecidos y también para limpiar la zona.
El accidente se llevó la vida de las 189 personas que viajaban a bordo, entre las cuales se encontraba personal de la aerolínea, funcionarios del Ministerio de Finanzas -donde trabajaba Setiawan-, miembros del Consejo del Representante Popular Regional de Bangka Belitung así como tres jueces de tribunales superiores, más nacionales indonesios, un pasajero indio y un italiano.
“Cuando me lo dijeron me puse a llorar, supe que mis amigos iban ahí”, contó Setiawan al enterarse de que acababa de perder colegas en un accidente de avión donde él debía estar, “normalmente tomo el JT610. Mis amigos y yo tomamos siempre ese avión”, agregó.
Hasta en su familia pensaron que había muerto cuando se enteraron del accidente. “Estaban todos en estado de shock, mi mamá lloraba”, dijo Setiawan. Recién cuando pudo decirle a su madre que se encontraba bien pudo sentirse agradecido con el destino en la forma de un atascamiento de tráfico.
La investigación posterior al accidente determinó que la causa del desperfecto se debió a una falla del avión. En un vuelo anterior del mismo aparato, se habían registrado desperfectos técnicos que fueron desestimados por la aerolínea. Concretamente, el sistema automático de prevención de entrada en pérdida entró en funcionamiento erróneamente, según la Comisión Nacional de Seguridad en el Transporte el artefacto debería haberse declarado no apto para volar debido a estos problemas.
Sin embargo, sigue sin saberse si la causa del accidente fue dicho problema ya que los datos de la caja negra con las grabaciones de cabina fue recuperada recién en 2019 y aún no se han recuperado los datos de la misma. La causa del accidente del vuelo 610 de Lion Air sigue siendo un misterio y las familias y allegados de las víctimas aún esperan que el caso se resuelva.
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