
A raíz de las nuevas modalidades de trabajo que trajo la pandemia del coronavirus, la posibilidad de acortar la semana laboral se volvió un tema de debate en muchos países y la Argentina no fue la excepción. Actualmente, hay dos proyectos en curso que buscan reducir la jornada laboral: el de Claudia Ormaechea, diputada del Frente de Todos y dirigente de la Asociación Bancaria, y el de Hugo Yasky, legislador también del oficialismo y secretario general de la CTA.
Mientras que Ormaechea plantea una jornada máxima de seis horas y un tope de 36 horas semanales, Yasky propone una semana laboral con un máximo de ocho horas diarias y no más de 40 horas semanales. Además, busca que el país adopte una semana laboral de cuatro días hábiles. “Creemos que, en la hora actual, es fundamental que en la Argentina se consagre legislativamente la reducción de la jornada de trabajo con miras a la adopción del principio de la semana de cuarenta horas previsto en el Convenio Nro. 47 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)”, sostiene el proyecto del dirigente surgido del sector docente y de la CTA.
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El documento afirma que la reducción de la jornada laboral no afectaría la rentabilidad de las empresas: “Tal como plantea la teoría económica en su conjunto, desde las corrientes liberales neoclásicas hasta John Maynard Keynes, la relación entre la productividad del trabajo y la jornada laboral son inversas; más aún en los trabajos de tipo mecánicos. Esto implica que a mayor cantidad de horas trabajadas, menor es el producto que se obtiene por cada una de aquellas”.
Según establece la Ley 11.544 en su artículo 1, en Argentina la duración del trabajo no podrá exceder de ocho horas diarias o 48 horas semanales para toda persona ocupada por cuenta ajena en explotaciones públicas o privadas, aunque no persigan fines de lucro. Y en su artículo 2, dispone: “La jornada de trabajo nocturno no podrá exceder de siete horas, entendiéndose como tal la comprendida entre las 21 y las 6 horas. Cuando el trabajo deba realizarse en lugares insalubres en los cuales la viciación del aire o su compresión, emanaciones o polvos tóxicos permanentes pongan en peligro la salud de los obreros ocupados, la duración del trabajo no excederá de seis horas diarias o 36 semanales”.
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Para Matías Ghidini, especialista en mercado laboral, hablar de reducción de jornada laboral en Argentina es como que a un alumno que no sepa sumar ni restar, le pidan resolver una función derivada. “Argentina tiene deberes mucho más básicos en el mundo del trabajo para solucionar que estar pensando en jornadas laborales reducidas”, manifestó. Entre ellos, enumeró: “cómo generar empleo, cómo tener un marco laboral aggiornado al trabajo del futuro o cómo sacar a los trabajadores de la informalidad”.
“Antes de hablar de reducción de jornada laboral habría que solucionar muchos otros problemas más de fondo en el mercado de trabajo”, dijo a Infobae el general manager de la consultora Ghidini Rodil.
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Según Ghidini, la reducción de la jornada laboral se apoya en un concepto “ya arcaico” del mundo del trabajo, “que es que el trabajo está separado de la vida personal. Es decir, que uno trabaja en un momento y en otro momento es persona. Eso especialmente durante la pandemia quedó demostrado que es imposible”. La vida personal y el trabajo se fusionan e integran, sentenció, “y uno no puede separar que en un momento de su horario de trabajo, responda un mensaje personal, pida un turno médico o haga un trámite personal de manera virtual como tampoco uno puede pretender que cuando está en su tiempo libre no lea un mensaje de un tema laboral. Esa idea de que hay que separarlo formalmente, me parece que atrasa y es no entender el tema del futuro”.
A su turno, Luis María Cravino, director de la Certificación Avanzada en Desarrollo Organizacional del ITBA, recordó en primer lugar que la legislación argentina sobre la jornada de trabajo fue creada en la presidencia de Hipólito Yrigoyen. “Si analizamos la coyuntura presente, debemos reconocer que son varias las cuestiones en torno al mundo laboral que podrían modificarse, ya que los tiempos y las formas no son las mismas que décadas atrás”, acotó.
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El debate central, dijo Cravino, debería contemplar si se reduce la jornada de ocho a seis horas o bien se disminuye la cantidad de días laborales a unas cuatro jornadas, generando un “nuevo fin de semana” de tres días. “Tal vez, evaluar ofrecer menos horas de trabajo sea una propuesta exitosa para empresas que deseen reclutar nuevos talentos que valoren más este tipo de flexibilidad. En definitiva, trabajar menos horas o menos días por el mismo salario podría ser uno de los mejores beneficios que un empleado podría obtener”, señaló.
Al referirse al “trabajo del futuro”, Ghidini aseguró que cada vez se trabaja más por objetivos y resultados. “El dónde y el cuándo empiezan a ser complementarios; algo muy potenciado por la pandemia, donde vimos que no importa el lugar de trabajo; lo importante es que uno haga lo que tiene que hacer”.
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El paradigma anterior se rompió a la fuerza. ”Hablar de horas de trabajo de manera estricta es una manera vieja”, dijo Ghidini. “La aplicación en la Argentina de una semana laboral reducida es una idea que cada vez va a quedar más obsoleta, desde lo conceptual y desde el futuro del trabajo. Argentina hoy tiene deberes mucho más profundos y más serios en el mercado laboral que hablar de eso. Me parece que no es el momento y no es por dónde yo empezaría”, expresó.
Impacto en la economía
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En cuanto al impacto económico que provocaría la reducción de la jornada laboral en la Argentina, Claudio Caprarulo, director de Analytica Consultora, resaltó que uno de los grandes problemas de la economía local es la “heterogeneidad, informalidad y el poco dinamismo de nuestro mercado laboral”.
De acuerdo con la visión del economista, la jornada laboral de cuatro días puede tener alguna razón de ser en sectores de alta formalidad y mucha productividad. Por caso, servicios; donde el trabajo asociado a objetivos sea más plausible. “En el resto no parece ser una opción viable aún”, dijo Caprarulo, mientras la economía continúe en una “situación de tanta incertidumbre y fragilidad como la actual”.
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No está comprobado si trabajar menos horas incrementa el costo laboral, indicó por su parte Carvino. Lo que sí crece considerablemente, afirmó, es el entusiasmo. Según él, “no quedan dudas” de que el mundo tendrá que considerar escenarios más abiertos, donde existan tantos contratos laborales como personas. A su modo de ver, la solución es experimentar y barajar distintas opciones. “El mejor indicador que existe -explicó- son los datos y la información que podemos obtener de las experiencias probadas”.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el exceso de trabajo genera pérdidas de hasta un 3% del PBI. La falta de descanso tiene un múltiple impacto: disminuye la productividad, incrementa el ausentismo y aumenta el riesgo de contraer enfermedades, entre otras consecuencias.
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Ministerio de Trabajo y sindicatos
Según Beto Pianelli, secretario de salud laboral de la CTA Nacional y secretario general de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP), es necesaria la reducción de la jornada a 32 o 35 horas, controlar las medidas de flexibilidad del tiempo unilaterales; eliminar el pluriempleo; fomentar la jubilación anticipada y la jubilación a los 60 años, planes de vacaciones y años sabáticos, entre otras cuestiones. “La reducción del tiempo de trabajo es una cuestión estratégica para los sindicatos: para extender la solidaridad y como alternativa a los despidos, también para preservar su papel interlocutor lejos de las soluciones individuales”, señaló en un documento de 2021.
En diálogo con Infobae, fuentes del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación dijeron que las actividades y los sectores “necesariamente se van adaptando a las necesidades. Ocurre en las autopartistas de Córdoba, por ejemplo, que trabajan con un sistema de cuatro días; otras optan por otro tipo de turnos y otras adaptan los convenios actuales a las necesidades puntuales o de temporada”, dijeron.
“Carecería de sentido una modificación o regulación general, porque al hacer una ley general perdés la riqueza de lo particular. De parte del Ministerio de Trabajo, no hay una respuesta oficial. Las veces que el ministro (Claudio Moroni) fue consultado dijo que ‘Argentina es el reino de lo heterogéneo’. No tiene sentido que sea algo general”, concluyeron.
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