
Una de las cosas que queda clara de la nueva carta de la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner es que no quiere que le endosen ninguna responsabilidad particular en el acuerdo que el Gobierno pueda llegar a alcanzar con el Fondo Monetario Internacional para renegociar los USD 43.200 millones que la Argentina aún le debe al organismo internacional.
El mensaje va explícitamente dirigido tanto a la oposición como al presidente Alberto Fernández.
Cristina busca forzar a la oposición de Juntos por el Cambio a que defina explícitamente un apoyo, incluso antes de que lo haga ella.
“¿En serio que los mismos y las mismas que trajeron de vuelta el FMI a la Argentina, reiniciando el ciclo trágico de endeudamiento que Néstor Kirchner había clausurado en el año 2005, hoy no se hagan cargo de nada?”, pregunta rétoricamente, y cita la ley de “Fortalecimiento de la Sostenibilidad de la Deuda Pública” que el Ejecutivo envió al Congreso en noviembre del año pasado y que –recuerda- “tuvo como objetivo principal evitar que pudiera repetirse en la historia argentina una experiencia similar a la del gobierno de Mauricio Macri, que nos endeudó en apenas un instante de forma extraordinaria, exorbitante e insostenible sin pasar por el Congreso de la Nación”.
Esa ley, la número 27.612, prosigue la socia mayoritaria de la coalición de Gobierno, fue sancionada por ambas cámaras del Congreso. Por eso, argumenta, “no es Cristina… son los y las 257 diputados y diputadas y 72 senadores y senadoras quienes tienen la responsabilidad legal, política e histórica de aprobar o no cómo se va a pagar y bajo qué condiciones la deuda más grande con el FMI de todo el mundo y de toda la historia”.
Queda claro así que es la coalición de Gobierno, no el FMI, el interesado en que el acuerdo tenga aprobación legislativa. El organismo habla siempre de “consenso político”, no de un trámite legislativo particular.
Pero aún más importante es cómo la vicepresidente apunta a la responsabilidad y el poder decisorio de Alberto Fernández. “Surge a simple vista –afirma- que la totalidad de las fuerzas políticas de ambas coaliciones asumió la responsabilidad de decidir si se aprueba o no, lo que el Poder Ejecutivo negocie y acuerde con el FMI”.

Y ahí es que el sayo se lo pone claramente al presidente. “Es el titular del Poder Ejecutivo quien lleva adelante las negociaciones en ejercicio de su responsabilidad constitucional en esta materia”, señala. Y subraya “la lapicera no la tiene Cristina… siempre la tuvo, la tiene y la tendrá el Presidente de la Nación. Y no lo digo yo, lo dice la Constitución Nacional”, para rematar con otra frase de su estilo: “Que a nadie lo engañen sobre quién decide las políticas en la Argentina”.
Previsiblemente, además de generar la reacción de la oposición, la carta volverá a remover el avispero de la coalición de Gobierno, que desde las elecciones legislativas y la derrota del oficialismo el pasado 14 de noviembre, estaba en una suerte de recreo en torno del silencio de la vicepresidente.
“Es un momento histórico de extrema gravedad y la definición que se adopte y se apruebe, puede llegar a constituir el más auténtico y verdadero cepo del que se tenga memoria para el desarrollo y el crecimiento CON INCLUSIÓN SOCIAL de nuestro país”, recalca el texto que difundió Cristina Kirchner y que la autora cierra citando –ergo, comprometiéndolo son sus propias palabras- a Alberto Fernández, en particular con el siguiente pasaje del discurso presidencial del 9 de julio:
“Me reclaman que arregle rápido. Mi modelo no está en los que mandan balas de goma a Bolivia. Mi modelo sigue siendo San Martín, Güemes y Belgrano. Nunca esperen de mí que firme algo que arruine la vida del pueblo argentino, nunca, nunca. Y espero que me entiendan, porque si alguien espera que yo claudique ante los acreedores o que claudique ante un laboratorio, se equivoca. No lo voy a hacer. Antes me voy a mi casa, porque no tendría realmente cara para entrar en esa sala si hiciera algo semejante”.
El lunes los mercados, y en particular la cotización del dólar, darán un veredicto, como siempre provisorio y parcial, pero cuyos efectos van condicionando los pasos siguientes, sobre la carta de Cristina Kirchner.
A juzgar por el tono y los apuntados y aún antes de que se conozcan los números y la letra del “plan plurianual” que el presidente le encargó al ministro Guzmán y se comprometió a enviar al Congreso en los primeros días de diciembre, el acuerdo con el Fondo va a ser políticamente muy pero muy complicado.
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