
El piloto venía pisteando como un campeón, pero se complicó en la última curva.
Así, el Banco Central, tras tres semanas consecutivas de comprar dólares gracias a los últimos retoques al cepo cambiario, debió vender USD 290 millones, el monto diario más alto desde la asunción del actual gobierno, para abastecer la demanda preelectoral y la de importadores ansiosos por la proximidad de unos comicios cuyo resultado intuyen desfavorable para la coalición oficialista.
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Como había precisado en su informe del jueves la consultora Equilibra, tras la última ronda de regulaciones, la intervención del Central en los mercados oficial y financiero había pasado de ventas por USD 1.323 millones en septiembre a compras netas por más de USD 300 millones hasta el jueves 28, pero debió cambiar abruptamente de orientación.
Algo de eso prefiguraban las dos válvulas de escape al endurecimiento del cepo anunciadas ayer: las cuentas bimonetarias para turistas extranjeros, sobre cuya futura eficacia hay muchas dudas, y la provisión de dólares a los importadores ya no a partir de los despacho a plaza, sino en puerto de origen, porque la demora estaba estrangulando cada vez más sectores productivos y contribuía a una demanda adicional que también engrosaba la brecha cambiaria.
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Entre los efectos colaterales de las nuevas medidas se destacan la ampliación de la(s) brecha(s) cambiaria(s) y el desplome de importaciones, había destacado Equilibra, con énfasis en las brechas de las cotizaciones “libres”, en y sobre el 100 por ciento.
Entre las posibles explicaciones que se barajaban sobre lo que sucedió ayer, una era que el BCRA habría evacuado pedidos de importadores acumulados durante varios días. Una suerte de embudo. Si fuera un cambio de tendencia, comentó Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra, sería muy sustancial: en un día el Central vendió más de la mitad de los dólares comprados a lo largo de tres semanas.
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Sucede que al Gobierno todas las mantas le van quedando cortas. “En las dos semanas que quedan hasta las elecciones va a seguir siendo así”, dijo Ricardo Delgado, de Analytica, quien destacó que hasta hoy el BCRA la había llevado “razonablemente bien”, dadas las circunstancias, pero estaba adormeciendo demasiado las autorizaciones de importación, aun reconociendo que el nivel de compras externas supera lo que justifica el nivel de actividad, pues hay sobrestockeo, en previsión de una futura devaluación.

Brechas maltrechas
Brechas del orden del 100 %, urnas a la vista y expectativas de devaluación son un combo inequívoco. “Era esperable que lo de hoy suceda antes de las elecciones, los inversores financieros se dolarizan por cautela o precuación y hay mucha incertidumbre sobre cuestiones centrales de la economía, como el acuerdo con el Fondo Monetario. Un contexto en el que cualquier peso excedente tiende a dolarizarse, “aún a precios muy altos”, observó Delgado.
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Además, observó Equilibra, si bien el gobierno había logrado comprar dólares (como destacaron desde el ministro Guzmán hasta la portavoz de la coalición, Gabriela Cerruti, para negar por enésima vez que vaya a haber devaluación),al pasar de vender USD 957 millones en el MULC en septiembre a comprar USD 551 millones hasta ayer, acumulando 14 ruedas consecutivas sin ventas netas en el mercado oficial y alcanzando el mayor nivel de compras para el mes de octubre de los últimos 10 años, el camino se estaba empinando demasiado. Entre los efectos colaterales de las nuevas medidas sobre un mercado cambiario ya muy distorsionado se destacaba las ampliación de las brechas y el desplome de importaciones, cuestión a la que Economía y el Central debían dar respuesta.
Presión alta
Las nuevas regulaciones no habían logrado disminuir la presión sobre las brechas cambiarias, incluyendo las “libres” y también el promedio de aquellas negociadas con ADRs de YPF, Cresud y Edenor, cuya brecha se duplicó entre septiembre y octubre, debilitando la incidencia indirecta de la intervención del BCRA sobre los mercados en que no interviene.
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Otra señal de dolarización fue la evolución de los depósitos en pesos a plazo del sector privado, que pasó de crecer 3,5% nominal en septiembre, en línea con la inflación, a 2% en octubre, por debajo de la inflación. Nadie quiere pesos. Parecido testimonio prestaron los 746.000 particulares que compraron “dólar ahorro” en septiembre, un 7% más que en agosto y probablemente menos de las cifras que depare octubre.
La pregunta es para dónde irá el Gobierno después del 14 de noviembre a la noche. “La moneda está en el aire, ojalá prevalezca la racionalidad”, dijo Delgado, para quien, más allá de los fuegos de artificio declarativos, “el Gobierno sabe que tiene que acordar con el Fondo”. No hay ninguna razón lógica que lo impida, señaló. Más allá de que luego lo cumpla o no, “es el menos malo de los caminos”.
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