
Los bancos internacionales advirtieron que la Argentina solo podrá estabilizar su economía con un programa de ajuste fiscal y monetario apoyado con dólares “frescos”, más allá de los fuertes pagos que debe hacerle al Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2022.
“Septiembre marcó el tercer mes consecutivo de monetización del déficit en Argentina. La solución es un programa del FMI que combina el ajuste fiscal con algunos dólares frescos para ayudar a financiar el déficit fiscal restante. Es difícil, pero es la única manera de estabilizar la economía”, indicó el economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Sergi Lanau.
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En un gráfico, Lanau -segundo de Robin Brooks en el IIF- reflejó el alto financiamiento del Banco Central al Tesoro por el fuerte déficit fiscal, que se refleja en la inflación del 52% del último año y en la inestabilidad cambiaria, pese al fuerte cepo aplicado por el Gobierno.
El IIF, presidido por Axel Weber,, representa la visión del sector privado financiero global y ha marcado en numerosas oportunidades sus diferencias con las políticas de la Argentina, sobre todo en lo que se refiere a la cuestión del déficit fiscal, el dólar y la emisión monetaria.
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Por estas razones, considera que es clave no demorar más el acuerdo que el Gobierno busca con el FMI para postergar el pago de la deuda de USD 45.000 millones contraída durante el gobierno de Mauricio Macri en 2018.
En este sentido, consideró que el aporte extraordinario que recibió por USD 4300 millones el Gobierno por los derechos especiales de giro (DEGs), demoró el establecimiento de un acuerdo, con los consecuentes problemas para establecer un programa económico de mediano plazo, ya que el país pretende un plan a 10 años.
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“Para Argentina, la asignación tiene implicaciones para el calendario de un nuevo programa del FMI. Aunque un acuerdo antes de marzo de 2022 es probablemente inevitable, el calendario habría sido mucho más corto sin los 4.300 millones de dólares transferidos en DEG”.
Se observa “una dinámica algo similar en el caso de Ucrania, donde la voluntad de las autoridades de llegar a un acuerdo con el FMI sobre la primera revisión del actual Acuerdo de Derecho de Giro, que se ha retrasado mucho”
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“Al igual que en el ejemplo de Argentina, la asignación de DEG no altera fundamentalmente la necesidad de apoyo del FMI en forma de un marco plurianual, pero ha llevado a una menor sensación de urgencia. Es probable que se produzca una dinámica similar en Sri Lanka, donde los ajustes inevitables ahora pueden llegar tarde”, expresó.
Otro estudio del IIF advirtió que la Argentina está entre los países más afectados por el pase a precios de una devaluación, luego de Vietnam, República Dominicana, Ucrania y Honduras. En este sentido, por cada punto de aumento del dólar, la inflación salta 0,5 puntos porcentuales.
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Si bien el Gobierno mantiene el dólar oficial con una devaluación más lenta que el incremento del IPC, los analistas creen que luego de las elecciones de noviembre algunas variables –entre ellas el tipo de cambio- comenzarían a sincerarse. Al respecto, la consultora Quantum de Daniel Marx estimó que el salto del tipo de cambio podría ser del 20 por ciento luego de los comicios del mes próximo.

Si, por el contrario, se mantuviera el atraso cambiario, la brecha cambiaria no podría reducirse en forma sustancial, lo que distorsiona en forma notable el funcionamiento de la economía –con una inflación que no cede y una actividad que no termina de recuperarse-, por el temor del Gobierno a adoptar un desdoblamiento cambiario abierto. En cualquier caso, más allá del régimen cambiario que se mantenga, los analistas prevén que la inflación casi no cederá en 2022, ya que proyectan una suba del 46%, frente al 48% de este año, por encima de los cálculos oficiales (45 y 33 por ciento, respectivamente).
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Otros han indicado que el incremento será mayor, como el ex presidente del Banco Central, Guido Sandleris, quien estimó una inflación que, al menos, será del 60% el año próximo.
El dilema para el equipo económico es ordenar o no la macro a través del acuerdo con el FMI que reclaman los inversores –y que no se puede postergar por los vencimientos de USD 19.000 millones del 2022-, o seguir atado a la incertidumbre que domina la coalición de Gobierno. En cualquier caso, todos estiman que la inflación alta, con un algún riesgo si no se toman las medidas acertadas, se mantendrá al menos hasta el final del mandato de Alberto Fernández en 2023.
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