
Hace ya algunos años que se viene consumando un cambio en la agricultura argentina, que al principio parecía ser una tendencia, pero que hoy se erige como una realidad: la soja comenzó una etapa de retracción y ese espacio libre que está dejando es ocupado por las gramíneas, en especial el maíz y el trigo, que toman para sí el área que los productores argentinos decidieron no sembrar con la oleaginosa.
Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), a nivel nacional la soja perdería unas 500.000 hectáreas de superficie en la campaña 2021/22 próxima a comenzar, lo que significa un retroceso del 3% respecto a lo registrado en el ciclo 2020/21. Esto significa que el área sembrada con soja descenderá hasta las 16,4 millones de hectáreas, perdiendo casi el 20% del área destinada a este grano en tan solo 7 años. Sin embargo, cabe mencionar que a pesar de esta baja, la oleaginosa ocupa el grueso del hectareaje destinado a la producción de granos, aunque su período de expansión muestre signos de haber terminado para comenzar uno de retracción.
De todas maneras, la BCR advirtió que este recorte en el área “puede ser aún mayor”. En este sentido, puntualizaron que “en Santa Fe se dejarían de sembrar más de 100.000 hectáreas. En Córdoba y en Buenos Aires la caída estaría en el orden de las 200.000 hectáreas. Incluso con el horizonte climático de una “Niña” o un neutro frío en el Pacífico, y un agosto que muestra por delante al menos 10 días más sin lluvias importantes, el productor la ha desplazado en su elección”.
Para los técnicos de la entidad bursátil rosarina, este descenso en la superficie a implantar es producto de las siguientes razones: márgenes actuales menores que el maíz, rindes que en los últimos dos ciclos consecutivos se han comportado peor que el cereal ante un escenario de falta de agua y el mayor peso impositivo con el que carga la oleaginosa. “Con una siembra estimada en 16,4 millones de hectáreas se proyecta una cosecha de 49 millones de toneladas”, concluyeron al respecto.
Por supuesto, el área que no será sembrada con soja no quedará improductiva, sino que pasará a estar ocupada por el maíz, que en la campaña venidera tendrá una expansión en la superficie destinada a este cultivo del 6% por lo menos. Según las estimaciones de la Bolsa rosarina, la implantación podría alcanzar las 7,83 millones de hectáreas en el ciclo 2021/22, con 6,83 millones destinadas al circuito comercial. A partir de esto, la producción esperada ronda las 55 millones de toneladas, volumen 7% superior a lo que se obtendría en la presente campaña.

“Los mejores márgenes son un motor que no han dejado de expandir al maíz. También empuja al cereal las gratas sorpresas en rindes del ciclo pasado obtenidas tanto en siembras tempranas, tardías o incluso de segunda: antes los maizales no superaban los 75 o los 80 quintales por hectárea (qq/ha) tras el trigo, pero en la última campaña los promedios han superado los 100 qq/ha en esa situación. Hay preocupación por la falta de agua y a los próximos 10 a 15 días sin agua. El temor de repetir una primavera como la del 2020 enciende la alerta en los productores”, indicó la BCR.
Trigo
La situación del trigo comienza a complicarse, otra vez por cuestiones climáticas. Según la BCR, la superficie ocupada por el trigo alcanzarás la 6,9 millones de hectáreas (100.000 hectáreas más que en las mediciones de julio), con un horizontes productivo que debería rondar los 21 millones de toneladas, teniendo en cuenta el área destinada y los rendimientos promedio, pero “el escenario de normalidad climática se aleja por los problemas de falta agua y la proyección baja a 20,1 millones de toneladas.
“Las lluvias de la primera mitad del invierno de este año están muy por debajo de los acumulados medios históricos de los últimos treinta años, tal como pasaba en el 2020. Las últimas lluvias del pasado fin de semana, se focalizaron en el centro este bonaerense: el epicentro fue en Saladillo que superó los 120 milímetros con granizo, anegamientos y destrozos por los fuertes vientos. Las tormentas sirvieron para recomponer las reservas del noreste bonaerense pero no alcanzaron la franja oeste, y al núcleo triguero del sureste dónde se aumenta la escasez de agua”, detalló la entidad.
Asimismo, “el otro problema está en el norte del país: norte de Córdoba, Chaco, Santiago del Estero y Tucumán muestran una fuerte desecación que pone en condiciones regulares a 300.000 hectáreas trigueras. El año pasado la falta de agua era la más grave de los últimos 10 años y había en condiciones regulares a malas 2 millones de hectáreas del cereal. Por delante hay 10 días más sin lluvias a la vista, y se encienden los temores de que se repita la historia del año pasado, la de tener una salida del invierno seca y una primavera que no cumpla con las lluvias promedios”.
SEGUIR LEYENDO:
Últimas Noticias
YPF estabiliza el precio de la nafta: no trasladará al surtidor la suba del petróleo por 45 días
La petrolera busca reducir la volatilidad de los valores en surtidores, producto del aumento del petróleo por el conflicto en Medio Oriente
Las ventas de autos 0 km tuvieron en marzo el primer mes con resultado positivo del año
Tras enero y febrero por debajo de la referencia interanual, el primer trimestre cerró con buenas noticias para el mercado con ventas un 1,2% por encima de marzo 2025

Jornada financiera: las acciones petroleras se desplomaron hasta 8% por una distensión del conflicto en Irán
El S&P Merval ganó un mínimo 0,1% y el riesgo país cedió a 615 puntos. La baja del petróleo afectó a las acciones del sector. Wall Street rebotó por la expectativa de una rápida salida de la guerra. El dólar subió a $1.415 en el Banco Nación
La recaudación tributaria moderó su caída en marzo, pero sigue por debajo de la inflación
El aumento en la producción agrícola impulsó el movimiento de camiones y las exportaciones, lo que suavizó la racha negativa en los ingresos del Estado tras siete meses en baja

La industria no repunta: volvió a caer en febrero y se ubica 10% por debajo de 2022, según la UIA
Según un informe de la entidad fabril, la producción registró una baja interanual cercana al 3% y sigue afectada por la debilidad del consumo interno, la caída de la demanda externa y el retroceso de sectores clave


