
Aún con resultados mediocres, la economía está atravesando posiblemente el mejor momento –o el menos malo- desde que Alberto Fernández asumió la presidencia. La inflación del mes último haría perforado la barrera del 3%, los salarios recuperan terreno perdido y la reapertura de las distintas actividades impulsa la reactivación, especialmente en sectores como la industria y la construcción.
Todo indica que la tendencia será parecida en el próximo mes, hasta llegar a las PASO. La apuesta oficial es incluso prolongar la racha y llegar aún mejor parados a las elecciones legislativas. El escenario “base” que manejan en el Gobierno es que hay buenas chances de que esto suceda.
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No es casualidad que a Martín Guzmán lo hayan “descongelado” luego de varios episodios que lo hicieron perder autoridad, como el escándalo con el secretario de Energía y la desautorización de las negociaciones con el FMI por parte de la propia Cristina Kirchner.
La reaparición en escena del ministro de Economía habla de la decisión de salir a mostrar “logros”. El funcionario fue bien claro en la enumeración, tanto en su presentación tras la reunión del gabinete económico como en el viaje efectuado a San Juan. Aseguró que el dólar oficial seguirá planchado, calificó al repunte económico como “robusto” y dio a entender que se está avanzando favorablemente en las negociaciones con el Fondo, aunque sin aportar mayores detalles.
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La estrategia de postergar tanto las PASO como las elecciones le está saliendo bien al Gobierno, que consigue ganar tiempo. Ahora tiene cinco semanas más para vacunar con la segunda dosis contra el COVID-19 y también apuesta a que estos mejores números de actividad empiecen a sentirse en la calle. Pueden considerarse objetivos modestos, pero todo ayuda a la hora de aspirar a un mejor resultado electoral.

7-Up
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Si no ocurre nada extraño, la economía terminaría con una mejora de casi 7% este 2021. Aunque lo quieran disfrazar de otra cosa, no es crecimiento genuino, sino de un rebote luego de la fuerte caída de 10% del año pasado, a causa de la pandemia.
Al presentar el próximo calendario de reaperturas, Alberto Fernández aseguró que el 2022 será “un mejor año”, pero además dando a entender que ya no habrá importantes retrocesos en la ruta trazada para la apertura de actividades. El objetivo es empezar a dar vuelta el fuerte pesimismo que la sociedad tiene sobre el futuro. En las encuestas surge que prácticamente la mitad de la gente piensa que en un año su situación personal y la del país estará peor que la actual. Dar vuelta estas expectativas negativas es fundamental no sólo desde el punto de vista electoral, sino además para impulsar el consumo. Nadie tiene ganas de gastar o de endeudarse si piensa que más adelante tiene riesgo de perder el empleo o de tener un salario más bajo.
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Llegar a mediados de noviembre sin sobresaltos no será gratuito ni mucho menos. El Banco Central tendrá mucho trabajo para evitar que el dólar se mantenga a raya, que es el objetivo primordial del oficialismo. Las estimaciones de consultoras privadas indican que el BCRA tendrá que vender alrededor de USD 2.500 millones para que no aumente la brecha cambiaria, que se mantiene en niveles cercanos al 75%. Pero además se mantendrán las fuertes medidas que endurecieron el cepo cambiario.
La máquina
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Al mismo tiempo, la máquina de emitir seguirá a todo ritmo para hacer frente al gasto electoral. En julio fueron $ 180.000 millones y hasta fin de año serán otros $ 700.000 millones como mínimo. El riesgo de una gran inyección de pesos que nadie quiere sigue presente. Si bien es cierto que un aumento de la cantidad de dinero es necesaria para acompañar la reactivación, se trata en realidad de salir a cubrir el creciente déficit fiscal con mayor emisión.
Para colmo, la táctica del Gobierno de recurrir al financiamiento del déficit a través de la colocación de deuda el Tesoro ya está encontrando su límite. En la última licitación no fue posible refinanciar la totalidad de los vencimientos y para lograrlo en las próximas tendría que subir las tasas o acortar los plazos para colocar deuda. En la medida que no consiga fondos frescos, mayor será la necesidad de recurrir a la emisión del BCRA.
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La incertidumbre pasa por los costos que se asumen para llegar con la economía algo más animada a noviembre. El principal debate por estas horas es si habrá o no una devaluación brusca hacia fin de año. Guzmán dejó en claro que se mantendrá hasta entonces la política de planchar el tipo de cambio, que aumenta a un ritmo de apenas 1% mensual, contra una inflación cercana al 3%. La incógnita es cómo será la salida de este esquema en 2022: ¿se seguirá atrasando el tipo de cambio, habrá una devaluación brusca o se acelerará el ritmo de aumento del dólar oficial?
Todo indica que se intentará la opción más prolija o menos traumática, que sería la de acelerar la suba del dólar oficial a un ritmo parecido a la inflación, tal como venía ocurriendo hasta principios de este año. Parecería lo más lógico, porque el dólar oficial no está tan atrasado como en otras épocas. No es ni el “1 a 1” de la convertibilidad ni el “4a 1” de Cristina Kirchner antes del cepo en 2011 ni el “9 a 1” del 2015, cuando asumió Mauricio Macri. Aunque el dólar de $ 100 es más alto desde el punto de vista del tipo de cambio real, igual la brecha cambiaria sigue en valores elevados, con un tipo de cambio libre que se mantiene alrededor de $ 180. “Dólar de pánico”, lo denominó el candidato a diputado por Juntos por el Cambio, Martín Tetaz.
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Malas compañías
El dólar oficial no es el único precio que acumulará una importante distorsión. También las tarifas se siguen atrasando en relación a la inflación y los costos, obligando al Gobierno a incrementar peligrosamente el gasto destinado a subsidios económicos.
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Esta combinación de mayor emisión monetaria, y variables muy atrasadas es lo que llevó a varias consultoras económicas y sociedades de Bolsa a pronosticar un rebote de la inflación a partir de fin de año. Los niveles de 3% mensual o algo menores volverán a quedar atrás para dar paso a otro fuerte salto inflacionario, volviendo a niveles arriba de 4% como sucedió en la primera parte del 2021.
El pronóstico de cortísimo plazo es favorable para el Gobierno, aún en medio del enorme deterioro que sufrió la Argentina por la pandemia y por una serie de errores no forzados. La pobreza trepa al 43%, se cerraron 20.000 empresas, se perdieron más de 100.000 puestos formales y la cantidad de trabajos inactivos (que no trabajan ni quieren hacerlo) se incrementó en más de 2 millones. Cientos de miles de personas se cayeron de la clase media y media baja para pasar a engrosar la fila de pobres.
Sin embargo, se vienen algunos meses de alivio, con menos sobresaltos cambiarios y un repunte del consumo y en general de los niveles de actividad. El precio será alto, con caída de reservas, fuerte emisión monetaria y desequilibrios cada vez más marcados. El peligro de que la economía “pase factura” más adelante está más latente que nunca. Pero por ahora es imposible mirar más allá del 14 de noviembre, cuando se lleven adelante las elecciones legislativas.
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