
La cómoda liquidez que tienen los bancos tuvo como principal destino hasta ahora los bonos emitidos por el propio Tesoro. Pero en la ecuación sale perdiendo el sector privado, porque los préstamos a público y empresas están cayendo 10% en términos reales, es decir por debajo de la evolución de la inflación en lo que va de 2021. El Gobierno busca que esta tendencia comience a revertirse en el corto plazo para alentar una mejora del consumo, algo clave para sus chances electorales.
Un informe elaborado por la consultora que dirige el economista Gabriel Rubinstein reflejó que en los últimos meses la liquidez destinada a comprar títulos públicos llegó a $ 250.000 millones. En buena medida, sin embargo, se trata de pesos que ya estaban encajados en el Banco Central a través de pases pasivos y Leliq, pero que ahora se pueden aplicar a la compra de deuda emitida por el Gobierno.
Como resultado del cambio de legislación, la deuda oficial (sin incluir los instrumentos de regulación del BCRA) pasó de representar el 24% de los depósitos privados a fines del año pasado a casi 30% actualmente. La contracara es el crédito al sector privado, que se derrumbó: pasó del 58% a fines de noviembre a sólo 51% de los depósitos privados al 30 de junio.
Para que se produzca el repunte del consumo que precisa el Gobierno en los meses previos a las elecciones no alcanzará con una suba de salarios por encima de la inflación. En caso de darse, el incremento en términos reales será demasiado tenue como para generar un efecto demasiado significativo. La clave estará, por lo tanto, en que se produzca una recuperación del crédito, especialmente para alentar el consumo. Las pymes, al revés de lo que muchos suponen, son las que se han llevado la mejor parte en estos meses. A través del financiamiento vía cheques, pagarés o facturas de crédito electrónica están consiguiendo crédito vía Mercado Argentino de Valores a tasas del 30% al 35% anual en pesos.
Un informe realizado por la consultora Equilibra se concentra en el posible repunte del crédito en estos meses preelectorales. “Por lo general, el financiamiento vía tarjeta de crédito crece a partir de julio y esperamos que esto es lo que suceda. Posiblemente el Gobierno dé mayor impulso a los planes de compra en cuota vía Ahora 12 entre otras alternativas”.
De acuerdo a la estimación de Equilibra, el stock de crédito debería pasar de estar 10 puntos por debajo de la inflación a terminar 5 puntos por encima. “Para llegar a las elecciones empatado con la inflación, el stock de préstamos debería crecer unos $ 950.000 millones en los próximos cinco meses”, lo que representa un enorme volumen de dinero que se volcaría a la economía, mejorando la capacidad de compra del público y las ventas por parte de los comercios.
Uno de los problemas que se están percibiendo sobre todo en los locales de venta de electrodomésticos y otros bienes durables es que mucha gente se queda sin capacidad de comprar en cuotas, porque se supera el límite estipulado con la tarjeta. “Una de cada tres ventas se cae porque el interesado no es autorizado por el banco a usar la tarjeta”, explicó a Infobae el gerente financiero de una compañía retail.
Esto complicaría el impulso al consumo a través del plan Ahora 12. Tanto las compras financiadas con tasa cero como con interés (que es de apenas el 25% anual) pueden caerse si se llega al límite impuesto por la entidad emisora del plástico.
Por eso, la expectativa es que la mejora de salarios de los próximos meses también incentive a los bancos a incrementar los límites de crédito. En las entidades aseguran que, en realidad, bajó la demanda de préstamos ante la baja de la actividad y las expectativas negativas. Esto hace que tanto las familias como las empresas se retraigan y opten en lo posible por no endeudarse.
El desafío de estos meses será impulsar cierto círculo virtuoso que impulse la actividad a partir de una mejora de los salarios y del crédito. El peligro es que sea un movimiento de corto plazo, que se corte ni bien pasen las elecciones legislativas.
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