
El subdirector del Fondo Monetario Internacional, Geoffrey Okamoto, dijo ayer que la próxima emisión de “Derechos Especiales de Giro” (DEG, la “moneda de cuenta” del Fondo, resultante de una canasta integrada por el dólar, el yen, el yuan, el euro y la libra esterlina) es para “adecuar las reservas” de los países socios del organismo, no para suplantar programas específicos de crédito en apoyo de reformas estructurales”. Tampoco son, agregó, “para evitar una necesaria restructuración de deuda” que tengan los países con acreedores privados.
Okamoto es ciudadano norteamericano y fue designado allí por Washington, siguiendo la norma tácita que desde 1944 asigna la máxima posición ejecutiva a Europa y la segunda a EEUU.
Héctor Torres, ex representante argentino en el directorio del Fondo, señaló en un tuit que las palabras de Okamoto son una “Respuesta del FMI a la propuesta de Argentina y México”.

En la reunión virtual de primavera (boreal) los gobiernos de Argentina y México emitieron un comunicado conjunto, sobre el que luego abundaron el ministro Martín Guzmán y su par mexicano, Arturo Herrera Gutiérrez, pidiendo que se redistribuya la emisión de unos USD 650.000 millones de dólares en DEGs, a aprobarse en junio, de modo que los países centrales asignen o “presten” la parte que no usan no sólo para asistir a los países de menores ingresos, sino también a los de ingresos medios.
Del lado argentino señalaron, sin embargo, que las palabras de Okamoto no tienen que ver con la propuesta argentino-mexicana y que el Fondo alienta que los países socios del organismo acuerden entre sí el “préstamo” de cuotas de un país que no las usa a otro que sí la necesita. Como ejemplo de estados excedentarios señalaron a China, India y los países del G-7.
Desde el entorno de Guzmán dijeron también que la Argentina no pagará el próximo vencimiento (en mayo, prorrogable hasta julio) de USD 2.400 millones con el Club de París haciendo uso de la nueva emisión.
A destiempo para París
De hecho, tampoco podría. La emisión de DEGs, que el martes recibió el visto bueno en la Asamblea FMI-Banco Mundial, se aprobaría en junio y la acreditación a la cuenta de los Bancos Centrales (en proporción a la “cuota” en el Fondo del respectivo país) sería a partir de agosto, coincidieron fuentes internacionales y del gobierno argentino.
En cambio, esos recursos sí estarían a tiempo para que el gobierno afronte, el 15 de septiembre, el primer vencimiento, por el equivalente a USD 1.910 millones, del crédito que la Argentina contrajo con el organismo en 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri. La segunda cuota, por el mismo monto, recae el 15 de diciembre y los vencimientos se empinan en 2022 y 2023, cuando, según el cronograma original, Argentina debe cancelar el grueso del crédito, del que llegó a recibir USD 45.000 millones.
Las palabras de Okamoto echan un manto de duda sobre esa posibilidad, que le daría al gobierno de Alberto Fernández más tiempo para acordar un programa de refinanciamiento recién luego de las elecciones legislativas.
La “cuota” de la Argentina en el Fondo es del 0,67%, por lo que una asignación de USD 650.000 millones equivalen a USD 4.355 millones para el país.
Propuesta italiana
Cabe recordar que la nueva emisión fue originalmente propuesta por Italia, con apoyo de sus socios de la Unión Europea, básicamente para asistir a los países del Norte de África, sus principales “clientes”, a los que suelen representar en el directorio del FMI, que tiene 195 estados “socios”, pero sólo 24 miembros en su directorio.
La propuesta de Argentina y México es crear con la nueva emisión un fondo común al que accedan no sólo los países más pobres, sino también los de ingreso medios, para mejorar su liquidez y enjugar intercambios bilaterales.

En cuanto a los comentarios del director del Departamento para el Hemisferio Occidental (esto es, las Américas) del Fondo, el mexicano nacido en la Argentina Alejandro Werner, en el sentido de que el gobierno está dividido en las negociaciones y los tiempos con el Fondo, las fuentes de Economía les restaron importancia. Werner, dijeron, “no está involucrado en las negociaciones”.
Las conversaciones son con la subdirectora del Departamento, la norteamericana Julie Kozack, y el “jefe de Misión” del caso argentino, el venezolano Luis Cubeddu. El jefe de ambos es, precisamente, Werner.
La próxima semana Guzmán iniciará una ronda por Europa en busca de voluntades para la propuesta argentino-mexicana, la disminución de los intereses que el Fondo carga a sus préstamos más largos y voluminosos y la ampliación de 10 a 20 años del plazo máximo de repago. El propio ministro reconoció que esos objetivos requieren un intenso lobby internacional y difícilmente puedan alcanzarse este año.
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