
El Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó al alza su estimación de recuperación para la economía argentina, pero esta vez se habría quedado bastante corto. El 5,8% que estimó el organismo internacional está bien por debajo de lo que posiblemente termine ocurriendo. Martín Guzmán ya había señalado que este año la actividad podría rebotar un 7%, pero economistas del sector privado creen que incluso podría llegar a estirarse más, hasta niveles cercanos al 8%.
Los datos favorables para la economía que divulgó el INDEC la semana pasada provocaron que se revise al alza la estimación sobre el futuro de la economía para todo el 2021. Economistas como Adrián Yarde Buller están entre los que consideran que la actividad podría terminar sorprendiendo al alza y acercarse a ese 8%. “La actividad se recuperó un poco más rápido de lo pronosticado en los últimos trimestres. Buena parte de que se cumpla este pronóstico dependerá del nivel de restricciones que se impongan por los contagios”. Su diagnóstico es compartido por otros especialistas.
El dato de enero mostró un fuerte incremento de 1,9% respecto a diciembre, bien por encima de lo esperado. Si bien es cierto que puede haber algunas cuestiones estacionales que impactan, el dato dejó un piso mucho más alto de crecimiento para 2021 que el estimado previamente. Andrés Borenstein, director de Econviews, también viene estimando un 7% de recuperación. Sin embargo, advierte que no se trata de un gran número, porque faltaría aún un trecho importante para recuperar todo lo perdido durante la pandemia.
El gran bajón que sufrió la economía argentina entre abril y mayo de 2020 por el cierre total de actividades debido a la cuarentena provocó una caída de 9,9% del PBI. La mejora de los últimos meses del año pasado dejó un “arrastre estadístico” de 6% de recuperación para este año. Eso significa que aún si la economía permaneciera totalmente “planchada” este año, igual se verificaría este nivel de repunte, comparando contra un pésimo 2020. El dato de enero dejó ese piso mucho más alto todavía.
La estimación del FMI sugiere que el impulso para la actividad durará bastante poco. De hecho, sugiere que luego del 5,8%, en 2022 se registraría otro repunte de apenas 2,2%. O sea que en dos años de mejora no se habrá recuperado todo lo perdido en el año de la pandemia.
El Gobierno tiene ahora especial cuidado para que las restricciones que se adoptarán en medio de la segunda ola de contagios de COVID-19 tengan un impacto más acotado en la economía. El objetivo es evitar todo lo posible una recaída y no cortar la recuperación incipiente de los últimos meses.
Por eso, las medidas no afectarán al menos en esta etapa a los sectores que más aportan al PBI, como la industria, el comercio mayorista y minorista ni la construcción. Pero nadie puede dar por seguro que no habrá nuevas restricciones en caso de que la segunda ola crezca más que lo esperado. En ese caso, el escenario se volvería más complejo, porque no sólo habría un impacto más fuerte en la actividad, sino que además obligaría a incrementar la emisión monetaria por encima de las previsiones, lo que tendría consecuencias negativas para el tipo de cambio y la inflación.
Por supuesto que el alto precio del maíz y la soja también tendrán un fuerte impacto a partir de este trimestre. Habrá mayor movimiento en el sector agropecuario, que también tiene su peso importante en el Producto Bruto y los dólares que ingresarán ayudar a prolongar la estabilidad cambiaria.
El propio FMI reconoció que el mundo crecerá a distintas velocidades. Aquellos países que avancen más rápido con la vacunación tendrán una recuperación más sólida y dejarán atrás más rápido los efectos de la pandemia. Por eso, las naciones desarrolladas ya este año habrán dejado atrás la crisis, mientras que los emergentes demorarán mucho más.
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